OVIDIO LAGOS Y EL NOMBRE DEL DIARIO QUE FUNDARA EL 15 DE NOVIEMBRE DE 1867.

¿Sabía Ud. rosarino que Rosario pudo ser la Capital del país?

 Asiente la Profesora María Luisa Ramos en la Revista Presencia, Rosario, 1986:

“A lo largo de nuestra historia, el interior ha sufrido la hegemonía porteña.

A partir  de la sanción de nuestra Constitución  en 1853, muchas discusiones se entablaron acerca del problema  de fijar una ciudad como Capital del país y siempre las provincias  vieron, en el hecho de declarar a Buenos Aires, como Capital Federal, la continuación del predominio establecido desde la creación del Virreinato del Río de la Plata, el 1° de agosto de 1776.” 

El interior por entonces iba perdiendo sus características propias: el lenguaje, sus costumbres, su música, y hasta la desvalorización de sus producciones en beneficio de una capital europeizada y europeizante, que prefería  valorizar más “lo que venía de afuera.”


Alfonsina Storni a principios del siglo XIX, escribió un poema poco conocido en el cual reflejó  el grave problema del Buenos Aires de entonces, carente de la identidad del resto  del país:


Buenos Aires es un hombre
que tiene grandes las piernas,
grandes los pies y las manos
y  pequeña la cabeza.

Gigante que está señalando
un río a su  derecha
con los pies monstruosos móviles
y  la mirada en pereza.

En sus dos ojos mosaicos
de colores, se reflejan
las cúpulas y las luces
de ciudades europeas.

Bajo los pies, todavía
están calientes las huellas,
de los viejos querandíes
de boleadoras y flechas.

Por eso cuando los nervios
se le ponen en tormenta
siente que los muertos indios
se le suben por la venas.

Choca este soplo que sube
por los pies desde la tierra
con el mosaico europeo
que en los grandes ojos lleva.
………………………………….
Esa gran cabeza de la que habla Alfonsina, hubiera podido ser del interior del país. Hubiera podido ser Rosario, porque pertenecía a la provincia de Santa Fe,  que tuvo el primer gobernador criolllo, - desde 1592 a1596-  hijo de esta tierra, don Hernando Arias de Saavedra, ”Hernandarias”; provincia en la que   el 11 de marzo de 1857 se fundó la primera colonia agrícola del país, llamada “Esperanza.


Y no hablemos de Rosario, lugar donde el general Manuel Belgrano hubo creado el 27 de febrero de 1812 nuestro Emblema Nacional.
Espacio llamado Pago de los Arroyos,  que el Brigadier López elevaría  al rango de  Villa en 1826 en agradecimiento al valiente comportamiento en las luchas contra el invasor porteño.


Espacio, que el General Urquiza  el 3 de agosto de 1852 elevó  al rango de ciudad.


La revelación de que podía ser capital del país  surge con nitidez: “La ínfima aldea ribereña por cuenta propia  y sin pedir permiso a nadie, empezó a crecer a mediados del siglo XIX sin pausa junto al imponente Paraná. No tuvo fundador porque era fundada por  su misma gente.


En 1867, el diputado  de la Nación por Buenos Aires, Dr. Quintana presentó un Proyecto declarando a Rosario, capital de la República, argumentando que Rosario por su situación geográfica y su puerto sería el   lugar ideal para ser nombrada Capital.


Tan fuerte se iba haciendo ese sentimiento en el pueblo rosarino que apareció  por primera vez el 15 de noviembre de 1867, el que sería el periódico tradicional de la ciudad, cuyo fundador Don Ovidio Lagos le puso  como nombre “La Capital.”


Conocida la noticia, Rosario se llenó de júbilo, más la alegría duró poco porque el Presidente de la Nación, Don Bartolomé Mitre, el 25 de setiembre de 1868, ejerciendo el derecho de veto que le confería la Constitución, frustró las legítimas aspiraciones de los que pensaban  seriamente en el asunto de la capital del país y seguidamente fijó la sede de los poderes nacionales en Buenos Aires.

 


El presidente siguiente, Don Domingo Faustino Sarmiento reiteró en 1869, el veto a nuestra ciudad enviando al Congreso un mensaje que no creía conveniente el momento para resolver el problema, ya que de hacerlo acarraría muchos problemas a la república, “agregando sin la residencia del Gobierno Nacional en Buenos Aires, la más rica, la más inteligente y la más poblada de la República, sería imposible mantener el crédito exterior en las ventajosas condiciones en que hoy se encuentra.”


“Cuán equivocado estuvo Sarmiento y cuánto hubiera crecido el país, en esos siglos si ese monstruo voraz que era Buenos Aires, no hubiera devorado, lo poco que quedaba  de las economías provinciales”.

 Bibliografía:

La expuesta en el texto.