OVIDIO LAGOS (1825 -1891)

En los primeros años del siglo XIX llegó a Buenos Aires un inmigrante español cargado de sueños y ansioso de triunfar en la vida. Era Joaquín Lagos, oriundo de Vigo.


Asistió a los prolegómenos de la Revolución de 1810 y sufrió las persecuciones de que fueran objeto los peninsulares  aunque prontamente se identificaría  con la causa de esta patria naciente.

 

El 31 de agosto de 1825, en un día crudo de invierno como había  pocos en Buenos Aires,  el hogar de Joaquín Lagos y Norma Nin se vio alegrado con el nacimiento de su primer hijo Ovidio, a quien adjudicaron ese nombre pese a  que el santoral indicase el día de San Ramón.

 

El niño asistió a la Escuela de Antonio Fernández, en las inmediaciones del templo de San Francisco, y ya adolescente a colegios donde imperaba un clima puramente federal, entonándose cánticos  a Rosas y era obligación usar el cintillo punzó.

 

Don Joaquín de tendencia unitaria comprendió que su permanencia en esa ciudad podría ser fatal y trasladó a su familia a la Banda Oriental, perdiendo inversiones y el lugar de trabajo que había logrado a fuerza de pulmón.

 

Ovidio, el mayor se colocó como dependiente de almacén, donde jornadas agotadoras le impedirían continuar sus estudios en la escuela de la Capitanía del puerto, más sus esfuerzos se verían compensados  al lograr ser socio de su antiguo patrón, don Mariano Montaner.

En ese espacio permaneció hasta 1846, en que definitivamente comprendió que esa actividad no era compatible con sus proyectos de vida.

 

Consultando  con un pariente sus expectativas,  éste le ofrecería un domicilio para él y su familia en Buenos Aires, aconsejándole que se presentara en la imprenta de Pedro de Angelis, quien lo tomó  de inmediato como aprendiz.

 

Momento decisivo porque entraba por la puerta grande en la actividad que iba ser la más orgullosamente adoptada, la que tomaría como blasón por ser uno de los oficios más nobles como transmitir la información al pueblo de los acontecimientos más relevantes y formar el patrimonio cultural del hombre.

 

En esa duplicidad con Pedro de Angelis, el tipógrafo de Rosas. Tanto él como su ayudante  Lagos,
no pertenecieron  al círculo de aduladores, ni hubieron  tirado del carro de la obsecuencia, al no frecuentar las tertulias de Palermo, sino por el contrario ambos  soñaban  durante largos años, ver la patria libre de la opresión.

 

La revolución del 11 de setiembre de 1852 contra Urquiza, que iniciaría  la guerra entre Buenos Aires y la Confederación, Mitre convocó  a la lucha a ciudadanos de todas las clases y  tipógrafos para que  se incorporaran de inmediato a las filas  de Buenos Aires, y de inmediato  revistió  en calidad de capitán a Don  Eudoro Carrasco y de teniente a  Ovidio Lagos.

 

Finalizado el sitio de esa ciudad, volvió a sus actividades de tipógrafo, renovando sus esfuerzos por la llegada de su primer hijo el 18 de abril de 1853.
Así lo recordaría en la hora de su muerte, el diario "El Municipio" de Deolindo Muñoz: “Lagos fue por sobre toda su polifacética vida, un tipógrafo por vocación.


Siempre recordaba con orgullo los años de trabajo manual que pasó en los talleres tipográficos, y de tal modo conservaba culto ferviente por su antigua vida obrera que, siendo diputado nacional usaba el membrete  en sus cartas y tarjetas, como escudo heráldico nobiliario, un componedor cruzado con una pluma, símbolo de laboriosidad y la inteligencia".

Hacia 1857, se embarcó en una nueva faceta: la política  enrolándose en las filas del Partido Liberal Reformista, del que sería uno de sus fundadores y redactor del diario de Nicolás Calvo "La Reforma Pacífica", donde vertió las verdades con una contundencia tal que no podía ser refutado.

Continuó su carrera periodística en Paraná en el diario "El Nacional" de vibrante fibra combativa y auspiciando la campaña que terminó en Cepeda, más cuando 1860 de dejó de aparecer, se trasladó otra vez a la Capital Federal.

En la colección de "El Pueblo" que se encuentra en la Biblioteca Nacional, se hallan  artículos escritos por Lagos referentes a la Capital de la República, en los que apoyaba  el proyecto del doctor Manuel Quintana de trasladar la sede de las autoridades a Rosario.

Aunque  el proyecto  de Quintana no hubiese elegido como capital del país a  Rosario, el fundador de nuestro diario decano, lo acogió entusiastamente, consagrándose de inmediato a una supuesta realidad,  con un órgano de publicidad cuyo título le serviría de inconfundible estandarte:"La Capital", fundada junto a Eudoro Carrasco,  el 15 de noviembre de 1867 -  hoja que desde entonces sería  fiel intérprete de las necesidades y aspiraciones de los rosarinos. -

 

Ovidio Lagos, director de dicha hoja y muy luego, dueño exclusivo de ella, debió afrontar  más de una vez peligros de muerte, pues la pasión política nada respetaba.

La Capital y Rosario se convirtieron en términos sinónimos  a través de casi  ciento cincuenta años.


El diario surgió  en la época en que la ciudad experimentaba un desarrollo hasta entonces no conocido y desde el primer día se convirtió en abanderado de todas las iniciativas progresistas.


A través de sus páginas don Ovidio Lagos  dentro del  marco de la Constitución y las leyes de la República trabajó sin descanso por la educación, el desarrollo edilicio, la promoción de la cultura, el crecimiento comercial e industrial y la concreción de entidades benéficas como el refinamiento de las costumbres.


En suma, vivió cada momento de esa historia compartida que comenzó  cuando Rosario era un pueblo grande con ansias de convertirse en metrópoli.

 

Bibliografía:

"Biografía de Ovidio Lagos". Diario "La Capital" en sus ediciones del 13 y 14 de agosto de 1941; del 15 y16 de noviembre de 1942 y del 15 de noviembre de 1967 con motivo de cumplir cien años de existencia tal órgano de prensa.

 

Ovidio Lagos. Avenida. Topografía:

Corre de N. a S. entre las calles Callao y Ricchieri, desde la Av. Del Valle hasta el puente Gallegos, límite S. del municipio continuando como ruta nacional 178.

Se le impuso ese nombre por O. 24 de 1916.

Anteriormente se denominó calle La Plata.

El tramo comprendido entre la avenida del Valle y el cementerio del Salvador comenzó a abrirse por reclamos de los vecinos.

Recuerda al periodista Ovidio Lagos (1825 - 1891) que junto a Eudoro Carrasco fundara el diario "La Capital" de Rosario.

 

BUSTO DE OVIDIO LAGOS
El 15 de noviembre de 1937 en la planta baja del edificio del diario La Capital, sito en calle Sarmiento 653, fue descubierta una placa de bronce alegórica encargada por el personal del matutino al destacado escultor Erminio Blotta.
Asimismo fue inaugurado el busto  de Ovidio Lagos.

BUSTO DE OVIDIO LAGOS UBICADO EN LA PLAZA "OVIDIO LAGOS", EMPLAZADA ENTRE LAS CALLES MARTIN FIERRO, DAVID PEÑA, F. DE MIRANDA Y JUAN MAZA AL 3964

MONUMENTO a OVIDIO LAGOS
En ocasión de cumplirse el 15 de noviembre de 1852, el octogésimo quinto aniversario de la aparición del diario La Capital, fue inaugurado el monumento a Ovidio Lagos, situado en la intersección de las avenidas Ovidio Lagos  y Pellegrini.


El mismo fue construido por la iniciativa de una comisión constituida diez años antes.
Convocados artistas nacionales, para un concurso de anteproyectos, fue elegido el suscripto por Nicolás Antonio de San Luis como escultor y los arquitectos Carlos F. Lange y Luis A. Rébora, para la composición y ordenamiento del conjunto.


La obra fue así explicada por sus autores: Seis pilones radialmente dispuestos levantan sus macizos perfiles sobre la superficie del agua, que evoca la ciudad sobre las márgenes del río, en ellos se afirma la pujanza de una urbe que si bien no fue la capital en el aspecto político fue sí para el mundo periodístico argentino.


Avanzando sobre firme escollera, sobre las aguas mismas, está la figura de Ovidio Lagos en toda su magnífica dignidad, con la vista distante y el ademán resuelto de un hombre que, cumplido su destino, ha encontrado su puesto en la eternidad.”

Sobre calle Ovidio Lagos 1840 está ubicado “El solar de  los muertos”


Según expresa el arquitecto  José Mario Bonacci en su artículo “El solar de los muertos” en  diario La Capital.; edición 8 de mayo de 2005:”La muerte ha sido siempre caldo de inspiración para producir reflexiones, pensamientos, máximas sobre su manifestación ineludible.

En algún punto de la vida de un ser humano, ella estará presente para confirmar su tarea. El nombrarla siempre sacude  a pesar de la única evidencia cierta que tenemos es que vamos a morir inexorablemente. La muerte moviliza ritos, homenajes, plegarias.”


El acto de enterrar los cuerpos dejó a través de los tiempos un inacabable conjunto de pruebas y acciones variadas. Es suficiente pensar en el Panteón Romano como muestra de arquitectura mayúscula convertirse en un mausoleo pequeño pero dotado de   la complejidad artística  como sepultura.


En Buenos  Aires, La Recoleta concentra panteones de gran parte de personajes que construyeron nuestra Historia Nacional, mientras el cementerio de la Chacarita aglutina tumbas que representan  el sentimiento popular. Son actitudes y ejemplos que brindan caminos para indagar el universo de la muerte.


Guadalupe Palacio de Gómez  expresa: El primer camposanto de Rosario se ubicó en terrenos  de la entonces Capilla del Rosario, después  fue trasladado a la manzana comprendida entre las actuales calles Corrientes, Paraguay, Jujuy y Brown, inaugurándose  el 15 de abril de 1810.


Funcionó hasta 1855, cuando se inauguró el Cementerio El Salvador,  rico en testimonios patrimoniales.
Se erigió  sobre  terrenos de Mariano Basualdo, con un cercado de muros de mampostería  y construido un modesto portal de entrada. Fue  bendecido el 7 de julio de 1856 – cuando Rosario hacía 4 años que había alcanzado el rango de  ciudad. –


Aunque obtuvo su nombre  recién en 1891, por decisión del intendente Gabriel Carrasco.


Años más tarde, el arquitecto alemán Oswall Menzel  construyó una fachada de gran significación arquitectónica  a nivel nacional y circunscripta a los criterios del neoclasicismo griego con los cánones del orden dórico.


Hoy al recorrer las calles del cementerio  descubrimos que el hombre tanto en la vida como en la muerte muestra sus pasiones: ostentación, opulencia, lujo y  orgullo. Lo demuestra el paulatino crecimiento en tamaño, decoración y características de los panteones que se fueron construyendo.


Sobre la calle principal los solares fueron adquiridos por las prominentes familias de Rosario desde finales del siglo XIX y principios del XX. Obras escultóricas de los reconocidos artistas plásticos Luis Fontana y Juan Scarabelli.

 En la actualidad ocupa unas cinco hectáreas comprendidas por las calles Ovidio Lagos, Av. Pellegrini, Av. Godoy y Av. Francia, donde se emplazan más de 50.000 tumbas, estimativamente.

Reitero hoy emergente de la red urbana, aguarda en silencio el reconocimiento del valor que encierra su iconografía, la fastuosidad y la representatividad de sus monumentos, o simplemente la mirada atenta de los rosarinos y visitantes, que  reconozcan en él, la historia de muchas vidas vividas.

Más tarde, el arquitecto alemán Oswall Menzel construyó una fachada de gran significación arquitectónica  a nivel nacional y circunscripto a los criterios del neoclasicismo griego con los cánones del orden dórico.

Hoy al recorrer las calles del cementerio  descubrimos que el hombre tanto en la vida como en el universo de la muerte muestra sus pasiones: ostentación, opulencia, lujo y  orgullo. Lo demuestra el paulatino crecimiento en tamaño, decoración y características de los panteones que se fueron construyendo.

Quien camina  con oídos y ojos atentos entre las bóvedas del cementerio El Salvador escucha el rumor de vidas singulares cuyos  solares fueron adquiridos por las prominentes familias de Rosario desde finales de los siglos XIX y principios del XX.

Predominan obras escultóricas de los reconocidos artistas plásticos Luis Fontana y Scarabelli. Sólo hay que caminar y admirarlas. Son presencias  sorprendentes e imperecederas pese al paso del tiempo.

 De esta forma, la necrópolis cuenta con un patrimonio artístico, histórico y cultural que lo convierten en un espacio propicio para el desarrollo de actividades que ofrezcan al público local y foráneo un recuerdo de personajes y vivencias pasadas valoradas por la comunidad.

Aparte de este cementerio El Salvador” inaugurado en 1856, la ciudad creó otro también católico, 30 años después, 1886,   el Cementerio Nuevo, el que hasta 1907 se conoció como Enterratorio Municipal y desde entonces como Cementerio de la Piedad.

Ivana Romero en el artículo “Cementerios expresa  “Las formas de la vida después de la muerte” del diario La Capital, en su edición del día 25 de enero de 2004 manifiesta:”Los cementerios en Rosario conviven con el resto del tejido urbano  de una manera apenas perceptible, pero contundente.

Semicultos detrás de los muros, proclaman con desfachatez que la muerte es un lugar común. En tono más sutil, indican que el entramado de memorias  y signos que los constituyen son reflejo de las ciudades que los amparan.

Desde mediados del siglo XIX se prefería  ubicar  a los cementerios lejos del poblado invocando argumentaciones higienistas. Sin embargo, la expansión urbana debió incorporarlos como parte del paisaje.


Hoy las 11 hectáreas y media de El Salvador se encuentran rodeadas por Avenida Francia y calle Ovidio Lagos.