OUVRARD LUIS (1899 - 1988)

Nos dice Rubén Echagüe en Diario la capital en sus 140 aniversario, en su artículo “Alma de niño”: Autodidacta, fue el dueño de un talento inusual que le permitió resolver sin esfuerzo los desafíos técnicos que le impuso una búsqueda estética sin nada por la vitalidad y la pureza. Su obra merece un reconocimiento mucho mayor del que goza en el presente.

Rosarino aunque nacido, en el seno de una antigua familia francesa proveniente del Periogord, Don Luis, esa distinción le sienta de maravilla.

En plena adolescencia comenzó sus estudios en el “Ateneo Popular” que funcionaba en los altos del viejo mercado central (actualmente se encuentra la Plaza Montenegro).

Completó, luego, con solo dos años de dibujo al carbón, su preparación en el taller de Eugenio Fornells.

De ahí en más, la producción retratística que encaró, tomando como modelos a sus allegados más cercanos, y resolviendo cada problema técnico con la destreza y la seguridad que otros artistas de formación plástica carecían.
Gozó de un talento innato apabullante.

Fue becado en el Jockey Club de Rosario para realizar un viaje a Europa que no pudo concretar por razones económicas.

En el año 1918 recibió su primer premio en el salón Witcomb de Rosario.


La solidez de aquellas composiciones transfiguraba de un realismo lírico de las que el pintor hizo gala, igualmente del magnífico empleo del color.


En 1942 integró la comisión de Plásticos Independientes junto a los consagrados plásticos Gambartes, Vanzo, Grela y Garrone.


No es que sus pares no hayan reconocido sus excelentes dotes, pues en ese año recibió una distinción de La capital y tras de veinte años de concurrencia al Salón Nacional, le otorgaron el premio Cecilia Grierson.

A Don Luis no lo seducía la canonización porteña y ni siquiera la designación como ciudadano ilustre de nuestra ciudad.

Le sirvió para que llegara a ser lo que fue las palabras del dramaturgo rosarino José León Pagano: “Un artista situado según muy lejos de sus merecimientos”.

Sus obras habrán de perdurar como testimonio incontestable de su valía. Y su preferida sería “Retrato de la niña Sara Lucero” ubicado en el Museo Castagnino.

 

¿Quién podría llamarse hoy Sara Lucero? nos dice Ruben Echagüe, seguramente siempre el secreto de su mirada distante y adulta estaría en el espíritu del pintor.

Falleció en Rosario en 1988.

 

 


Bibliografía:
La expuesta en el texto.


Ouvrard. Calle. Topografía.