ORTIZ EMILIO DIONISIO (1851 – 1917)

Nacido en Buenos Aires en 1851, cuando por entonces gobernaba don Juan Manuel de Rosas, temido y odiado por algunos y respetado la gente que lo seguía logrando hasta cierto grado de convivencia con los indios, que no habían organizado ningún malón.

Mientras en el litoral había un Rosas con otra significación, que sería el que provocó ese estado de cosas que culminaron con el levantamiento de Urquiza.

Rosario todavía no podía responder a pesar de sus excepcionales condiciones de progreso, a las exigencias de la capital.

Recién después de Caseros gracias a Justo José de Urquiza. a partir de la apertura de los ríos, la navegación renovaría el ambiente, despertando iniciativas y estimulando el trabajo.

También poco después los derechos diferenciales votados por el Congreso de la Nación, serían un eficaz complemento para el crecimiento económico de este pueblo.

Arribó don Emilio Ortiz, a estos lares aún adolescente, cuando una variedad y cantidad cada vez mayor de establecimientos llenaban la flamante urbe, convirtiendo a Rosario en plaza de importación. quien en 1874

En ese ambiente semejante a una colmena, el porteño maduró estableciendo con su hermano Jorge Gerónimo, una casa importadora que giró con la firma Emilio Ortiz y Cía., dedicada simultáneamente a operaciones inmobiliarias.

Si bien no representó al héroe de la antigüedad: disponer de un físico privilegiado, ser buen guerrero y portar armas como la espada del rey Arturo fue un verdadero héroe y caballero de capa y espada para la ciudad en expansión.

Don Emilio - como lo llamaban en los círculos sociales – amaba no sólo el trabajo sino el desafío de hacer cosas nuevas, como fueron la fundación de colonias agrícolas como San Jorge, Sastre, Concepción, Ortiz y Las Bandurrias dentro de la geografía santafesina.

Aunque no conforme con su quehacer, extendió su acción a la provincia de Córdoba, erigiendo la población de Marcos Sastre y varias estancias, pero conservando siempre a Rosario como centro de operaciones.

Cada despertar era para don Emilio, un despliegue de proyectos y realidades convertidos en obras, como las semillas que de siembra se convierten en cosecha, jamás se quedaría quieto porque después de amasar una sólida fortuna personal, se convirtió en formador de bienes, tanto para su entorno como para aquellos vecinos de los barrios más chatos como Talleres, Refinería, Arroyito y Saladillo que llegaban a exponerle sus necesidades o deseos de afianzarse.

Junto al abogado Gualberto Escalera y Zuviría don Emilio dejaría el mundo de los negocios para inferir en otros rumbos, como sería durante cinco años, redactor y propietario del famoso semanario caricaturesco “La Cabrionera” (excelente cultor de la sátira mordaz y caústica que colocaba a los políticos en la picota sin temor a represalias) transformándolos en cerdo, burro, zorro, lechuza y otras variedades zoológicas.

Tampoco las funciones políticas y públicas le serían ajenas a su polifacético quehacer: senador provincial, elector de gobernadores y de vice y hasta de presidente de la Nación.

En el área local privado se desempeñó como presidente de la Bolsa de Comercio y de la Compañía de Seguros ”La Rosarina”, como también en el político como miembro del Honorable Consejo Deliberante y militante de la Liga del Sur, que fundara Lisandro de la Torre llamándose después Partido Demócrata Progresista, al cual adhirió hasta el momento de su muerte.

Don Emilio Ortiz después de tanto trajinar, convencido que detrás de un importante empresario y político nacional había un simple provinciano eligió morir en esta tierra que había adoptado como propia.

Su vida de se extinguió el 11 de octubre de 1917.

Bibliografía:
Grela Plácido: Los Paraísos. Historia de la colonia Ortiz y del pueblo Ricardone. Rosario 1975. Pág. 10 y sig.

Ortiz. Pasaje. Topografía:
Corre de E. a O. desde 700 hasta 899 a la altura de Buenos Aires 3500
Carece de designación oficial.
Recuerda al hombre que se destacó por sus grandes virtudes ciudadanas.Se preocupó por el progreso de Rosario y zonas aledañas.