Expresa Miguel Ángel De Marco en su obra “Rosario, desde sus orígenes hasta nuestros días”: Desde principios del siglo XX, Rosario puso énfasis en la promoción de las iniciativas culturales, período especialmente pródigo en realizaciones.
Francisco Solano Ortega arribó a esta ciudad en la madurez de su vida, en 1875, quizás sin saberlo para reencontrarse con su talento, luego de haber estado en Buenos Aires,
Pintó primero cuadros con motivos de paisajes, en medio de esta tierra punzada de barrancas, pero después orientó su creatividad hacia los retratos de los personajes más representativos de la ciudad.
Eso sí, podemos descubrir que su arte sólo estuvo dirigido a la élite de la ciudad - formada por vecinos antiguos e integrados - algunos del grupo empresario dedicados al negocio exportación – importación que con el tiempo se consolidaron en el mundo social, mientras otros figuraban vinculados al área de la cultura y el poder municipal.
A su vez, profesor en el Colegio franco - argentino local, vocal después en 1881 del “Club Industrial” y profesor de dibujo en el antiguo Colegio Nacional en 1884, fue un eximio dibujante y tallista en fotografía.
Nacido en Sucre, Bolivia en 1810, desde muy niño fluían sus manos representando la figura de sus maestros con rústica carbonilla.
Al descubrirlo éstos, le harían dibujar escenas de la conquista en los muros de tierra o en rústicos e improvisados pizarrones.
En 1867, había enviado a la Exposición General de Entre Ríos, un cuadro, sobre el cual nuestro corresponsal en tierra entrerriana diría: “Muchos cuadros al óleo se han presentado en la Exposición pero ninguno tan acabado ni tan estudiado en sus detalles como los de la obra “Los niños” de Ortega.
Si bien por entonces había influencia renacentista y europea en el arte argentino, Ortega fue un espléndido creador, porque logró combinar la materia y la expresión.
Sus trabajos destacaban “la naturalidad de las expresiones y el exacto parecido fisonómico” de las personas que retrataba.
Eso sí, podemos descubrir que su arte estuvo dirigido a la élite de la ciudad - formada por vecinos antiguos e integrados –algunos del grupo empresario dedicados al negocio exportación – importación que con el tiempo se consolidaron en el mundo social, mientras otros figuraban vinculados al área de la cultura y el poder municipal.
El diario La Capital notició de la exhibición realizada en la casa del dorador Maffei, de dos retratos suyos: el del Dr. Fenelón Zuviría y de una señora de alta sociedad, doña Justiniana de Adalid, vecina de la localidad de Roldán, le valdrían el reconocimiento social de un verdadero retratista.
La crónica señalaba que sus producciones podían considerarse verdaderas obras de arte: “Tan concluidas como pudiera hacerlo el más afamado de los artistas, que a estas playas haya llegado”.
Al realizarse la Primera Exposición Provincial de Rosario en un establecimiento llamado “El arroyito” en las inmediaciones del arroyo Ludueña, dividida en cinco secciones, en su mayoría dedicadas a producciones industriales. También estuvieron presentes las Bellas Artes con cuadros al óleo de Blanqué, Ortega, Salvador Zaino entre otros.
Se mostraron bellísimos cuadros pintados al óleo sobre tela, madera, fotografías, y esculturas en miniatura hechas en mármol.
Área muy criticada por el público considerando que la economía no debía vincularse con el arte. Más el diario La Capital al toque, opinaría al respecto: pero ¿Qué objeto y qué mérito tienen entonces las obras presentadas?
La clara respuesta de los críticos especializados sirvió para demostrar que no todos trabajamos aquí “pro pane lucrando” – es decir no sólo por dinero, sino por recreación del espíritu, puesto que el arte nace floreciente como nacen con pequeñas alas, las aves destinadas a enseñorearse del espacio y ya sentimos el aleteo de ensayo de las bellas artes santafesinas. ¡Gritemos Eureka!
Sirvió también de estímulo para producir y mejorar las creaciones artísticas de Rosario, que hoy adornan galerías de arte y museos de todo el mundo.
En cuanto a nuestro maestro, esa Exposición significó la apertura al éxito, y muchos retratos le fueron encargados como los que están dispuestos en la sala de recibo del Colegio del Huerto, representando las figuras de don Carlos Grognet y su esposa, Eugenia López de Grognet, ambos vinculados al desarrollo de ese instituto educativo.
Como también el de Laureana Correa de Benegas, primera presidenta de la Damas de Beneficencia de Rosario, ejecutado en 1889; el de Eudoro Carrasco, y la del coronel Néstor Fernández.
Retrató la familia toda de Julio Marc, su esposa María Caffenares y la de sus hermanos, don Augusto Marc y Eugenia Duffanat de Marc.
Falleció el maestro Ortega, el 10 de enero de 1897.
Bibliografía:
“Fecundo quehacer en la plástica”. Diario La Capital. Revista editada en el centenario de su creación.
Mikielievich Wladimir C: “Diccionario de Rosario” (Obra inédita).
Ortega. Pasaje. Topografía:
Corre de E. a O. entre Concolorcorvo y Juan de Dios Mena. Parquefield.
Se le impuso ese nombre por D. 4672 del año 1977.
Recuerda al pintor retratista Francisco Solano Ortega (1810 – 1897).