NAMUNCURÁ CEFERINO MANUEL ( 1886 - 1905)

Nos dice León Benarós en su artículo: “El santo de la toldería”: “Ceferino no tenía rasgos notoriamente indígenas, bien pasaba como un muchacho de Santiago del Estero. Era hijo de una cautiva blanca y de un aborigen.”


Agrega el mismo escritor: “Ceferino era de cabeza de proporcionado tamaño, cabellos muy negros abundantes y duros, y el rostro en un óvalo de líneas delicadas; frente estrecha y baja, piel muy bronceada. Pómulos algo salientes y ojos grandes y un poco almendrados,  con una mirada de insistente dulzura. Todas sus facciones eran de líneas  blandas y armoniosas. De carácter expresivo y alegre, en sus familiares entretenimientos ejecutaba canciones al son de la flauta, teniendo preferencia por las arias dedicadas a la Virgen María.”


Manuel Namuncurá, hijo del temible Calfucurá, valiente y temerario en las peleas, combatió hasta que se vio obligado a someterse al poder de las fuerzas militares. Influyó en ello la actuación de algunos misioneros salesianos, como el presbítero Domingo Milanesio que ejercería benéfica influencia espiritual  sobre el último gran jefe de la dinastía de los Curá (Piedra).


Se rindió  a las fuerzas nacionales el 21 de marzo de 1884. Novedad que le fue informada al Jefe del Estado Mayor del Ejército y por su intermedio al presidente de la Nación, General Julio A. Roca, quien  al recibirlo en Buenos Aires le otorgó los despachos de coronel y la propiedad de 8 leguas de campo para él y las familias de su tribu en Chimpay, Río Negro.

 

En ese lugar nació el 26 de agosto de 1886, su hijo Morales Namuncurá que el padre Milanesio le impondría el nombre de “Ceferino” en Carmen de Patagones.


El cacique avenido a la civilización, hombre avezado en el manejo de relaciones humanas seguramente pensó: “La educación puede realizar los milagros propuestos y la inteligencia  de un niño se modifica, se purifica y se fortalece en la escuela”, por eso al percibir que su hijo tenía aptitudes innatas que lo hacían distinto de  sus congéneres,  con el objetivo que hablase el lenguaje de los blancos decidió llevarlo en 1897 a la Capital Federal.


Dice el escritor Julio Requena: “En plaza Constitución, un comité de recepción indígena los aclamó y  Ceferino con apenas once años expresaría:”Vengo a estudiar, para bien de mi raza.”


Recomendado por Luis María Campos ingresó en el taller de la Armada en Tigre, Buenos Aires, más poco duró porque su  intención era aprender lengua y habla castellana, y  comunicándose su padre con Luis Sáenz Peña, fue trasladado al Colegio salesiano Pío IX de la obra de  Don Bosco.


Vicente Cutolo agrega:


Ceferino allí realizó sus estudios y advirtió  que tenía  que redoblar  esfuerzos en el estudio y agudizar el ingenio si quería dominar el lenguaje de los blancos, más  como era un iluminado al año hablaba   naturalmente el castellano,  interpretando  perfectamente   su primer libro de lectura el breviario “La juventud instruida”.


En la escuela primaria fue compañero de Carlos Gardel. Cantaban juntos en el coro. Mucho le costó la convivencia con otros alumnos que no dejaban de preguntarle por el modo de vivir de los aborígenes. Más, las tertulias que al iniciarse movían a la chacota, tomaron calor de juventud sana y se saturaron de la melancolía del lirio de la Patagonia.


Recibió la Primera Comunión y con su prodigiosa memoria lograría imponerse en los certámenes de catequesis, llamándolo los estudiantes el “Príncipe de la doctrina cristiana”.


En febrero de 1900, fue informado por el Gral. Roca que su padre había abrazado la religión católica, casándose con su compañera araucana, Rosario Burgos, como manda la Iglesia, incitando a su tribu a bautizarse, comulgar y confirmarse.


Como su salud se resintió por el clima porteño, que  los primeros síntomas de una fulminante tuberculosis. y ya atraído por la vocación sacerdotal.


 Adas sus c ondic iones naturales se le confió  el oficio de sacristán en la Parroquia Nuestra Señora de la Merced.


El cacique ansiaba que Ceferino viviese en la reservación, pero el Obispo persuadió al joven que podía estudiar en Turín, en la casa matriz de la orden salesiana, el vicario apostólico de la Patagonia Monseñor Juan Cagliero  lo llevó a Viedma, Río Negro en 1903, para iniciar sus estudios de latín, en aquella región.


Siendo además un diligente amanuense, se aprovechó su elegante  caligrafía, prolijidad y espíritu dócil  y maleable.


Al año siguiente, hacia el mes de julio, Monseñor Cagliero lo llevó consigo a Italia.


Llegaron a Turín el 13 de agosto de 1904, en momentos en que debía  celebrarse el X Capítulo General Salesiano.


Allí  fue recibido por el sucesor de don Bosco, don Rúa mientras que el alumnado curiosamente quería saludar a  ”Zifferino, figlio  del cacico Namuncurá”, expresión genuina de la maravillosa obra misionera en la Patagonia.


A los 18 años las convulsiones febriles e inapetencia  habían minado su cuerpo, entretanto crecía en su interior el amor a Cristo. Muchas veces vivió atípicos éxtasis como sería “la visión del cuerpo incorrupto  de Don Bosco durante la exhumación en Valsalice.”


En 1905 fue trasladado al hospital de la isla San Bartolomé del río Tíber y sus pertenencias fueron quemadas por temor al contagio. Esa enfermedad infecto – contagiosa en aquellos tiempos era de carácter mortal ya que no se la  podía combatir porque no existían los antibióticos.-


El 11 de mayo, lejos de Chimpay  su tierra natal,  entregó su alma a Dios.


Sus restos fueron repatriados en 1924 y desde entonces descansan en una pequeña capilla de Fortín Mercedes, sobre la margen norte del río Colorado.


Miles de peregrinos visitan el santuario ubicado en lo que fue un bastión de la Campaña al Desierto y oran ante su imagen tallada en madera de lenga.

 

 

Bibliografía:
La expuesta en el texto.
Noticiario Ceferiniano. Publicación de los padres de la Orden de los Salesianos.

Namuncurá Ceferino Manuel . Calle . Topografía:
Corre de E. a O. entre Av. de Circunvalación y Autopista Rosario _ Santa Fe.
Carece de designación oficial.
Recuerda al “Lirio de la Patagonia”. La Iglesia lo declaró Venerable, es decir, reconoció que practicó las virtudes cristianas en grado heroico. Lo recibió el Papa Pío X y el Papa Benedicto XVI reconoce  en el año 2007 que  a través de un milagro realizado, puede convertirse en beato.