MORSE SAMUEL (1791 – 1872)

No fue un científico  ni un técnico sino un artista que perfeccionó el telégrafo y lo lanzó triunfalmente  por todo el mundo.


Samuel Morse hijo  de un clérigo de Connectitud, comenzó su carrera  pintando por pocas monedas los retratos de sus compañeros de estudio.


 A los treinta años se había convertido en un pintor de renombre. Muchas de esa obras históricas, como el retrato del presidente Monroe y el del general Lafayette  pueden verse hoy en New York y Washington.


 Pero cuando Morse perdió  a su joven esposa su depresión le hizo abandonar la pintura y lanzarse hacia Europa.


En el otoño de 1832, pasados los 40 años, su suerte estaba echada, cuando en la travesía de regreso  a los Estados Unidos, uno de los pasajeros como entretenimiento  hacía pruebas de magia, basadas en ensayos que había visto en París con alambres y una pila de Volta mostrando al pasaje, como un trozo de hierro dulce  podía transformarse temporalmente en un imán, hacía pasar una corriente eléctrica por el alambre que lo envolvía.


Samuel Morse de inteligencia rápida se interesó profundamente por la demostración que hiciera el médico, se le ocurrió una idea, que formuló con sus propias palabras: “Si se puede se pudiese hacer visible la presencia e la corriente  en cualquier lugar de un circuito cerrado por un electroimán, no habría ningún motivo que impidiese la transmisión rápida como un rayo de noticias mediante la electricidad”.


Desconocía los numerosos ensayos realizados en este terreno por otros inventores, pero estaba convencido de que el mundo necesitaba urgentemente un medio de transmisión y comunicación a distancia  de gran eficiencia, particularmente Inglaterra donde habían  se producido cambios estructurales como consecuencia de la revolución industrial y Estados Unidos que estaba en los umbrales de un cambio análogo.


Morse  de ideas claras sabiendo muy bien que la fuerza del vapor había empezado a reemplazar al caballo en el tránsito y a la vela en la navegación, que  la mecanización creciente a la lentitud de  la mano de obra y que  a su vez  progresivamente la inversión contundente de capitales en la industria hacía  movilizar al trabajo, estaba empeñado en desarrollar la idea del telégrafo.


Empezó utilizando como soporte un caballete viejo, al cual agregó un primitivo electroimán, fabricado por él, las ruedas de un viejo reloj en desuso, una pila galvánica y otros accesorios baratos.


 Al cabo de varias semanas el aparato quedó construido, cuando Morse cerraba el circuito entre  el electroimán y la pila, el imán atraía  un pequeño trozo de hierro: la armadura, que estaba unida  a una cinta de papel movida por una pesa y un engranaje de reloj, y el lápiz trazaba rayitas sobre el papel. Mas el aparato no trabajaba como él aspiraba, sólo trabajaba sobre pequeñas distancias.


Durante dos años trató de mejorarlo, casi infructuosamente. Estaba convencido que ele principio de funcionamiento era correcto pero no conseguía, aún con una batería más potente  trasmitir  los impulsos  a distancias mayores de 30 ó 40 metros.


Ocurría que si se alargaba el alambre, la corriente llegaba al extremo de éste sin la intensidad suficiente para activar el imán.


Luego de muchos intentos halló la solución en una idea que iba a desempeñar un papel brillante en el futuro desarrollo de la electrotécnica.


El 4 de setiembre de 1837 Morse ayudado por un alumno Alfred Vail invitó a toda la universidad de New York a presenciar la primera demostración  del nuevo modelo que habían construido, provisto de un nuevo implemento: se  trataba un interruptor práctico que permitía emitir los signos en forma sencilla. Lo denominaron manipulador Morse.
Exitoso ensayo que fue utilizado por la marina norteamericana. Pero ambos científicos estaban de acuerdo en que, sí se deseaba una difusión general del telégrafo eléctrico, debía crearse un código más sencillo y adecuado al movimiento de la armadura.


A Morse se le ocurrió una combinación de puntos y rayas  el que sería dado a conocer en enero de 1838 como alfabeto Morse.


Los progresos de la electricidad en la primera mitad del siglo XIX centuplicaron la capacidad de logros prácticos del hombre. Ninguno d ellos fue más espectacular que el invento del telégrafo.

 

Bibliografía:
Artículo de la revista Postas argentinas de la empresa nacional de Correos y Telégrafos. Rep. Argentina. Año 1961.

Morse. Pasaje. Topografía:
Corre de N. a S. desde 1900 hasta 2199 en las manzanas rodeadas por las calles Pasco, Larrea,   Riobamba y Liniers.
Se le impuso ese nombre por D. 21705 del año 1961.
Recuerda a Samuel Morse (1791 – 1872) norteamericano inventor del telégrafo eléctrico.