MONTEAGUDO BERNARDO DE (1785- 1825)

Nacido en Tucumán en 1785 y al producirse  la Revolución del 25 de Mayo de 1810, en Chuquisaca sería un estudiante de 25 años vehemente   embanderado en los sucesos de enero de 1809.

González Arrili dice: “No estaba en Buenos Aires  aquellos días de Mayo. Apareció poco después, misterioso, criticando el ardor de alguno de “los corifeos”, que equivocara según él, los designios de la Revolución, pues en lugar de un plan de conquistas debiera adoptar un sistema político de conciliación con las provincias”.

 En verdad recién apareció en el escenario de nuestra historia,  como auditor de guerra, acompañando a Castelli en el Ejército del Alto Perú en calidad de secretario y sería su defensor después del desastre de Huaqui.

Poseía extraordinarias dotes de orador y cuando a mediados de 1812, el desprestigio del Primer Triunvirato era público instó el 8 de octubre al estallido de una revolución en Buenos Aires, junto a la Logia Lautaro (integrada por San Martín y Alvear) siendo en consecuencia desterrado por cuestiones políticas.


Después de seis años de exilio y calmadas las pasiones, regresó en 1818, trasladándose de inmediato a Chile, al ser convocado como auditor de guerra en el glorioso Ejército de los Andes.


Durante su estadía en Chile trabó amistad con O´Higgins y redactó el Acta de la Independencia de ese país.


Aunque eran dos figuras antónimas, (Monteagudo carecía de la virtud estoica de San Martín) lazos de respeto y afectividad los unía, tanto que durante el Protectorado del Libertador en Perú, sería designado Ministro de Guerra, Marina y Relaciones Exteriores.


De todos sus compañeros en la era gloriosa de la revolución americana, es decir, de los que figuraron en segunda línea, es él, sino el primero, el más brillante de todos ellos.


Nos dice Máximo Soto Hall: "Su vigorosa silueta se destaca más de relieve a través del tiempo y el espacio como hombre de grandes proyecciones, y  de amplísimo criterio americanista, al decir: "Debemos reconocer que tenemos dos patrias, a las que les debemos íntegramente. Constituye la primera, el sueño en que vimos la luz, y  la otra, la gran patria,  el vasto territorio que se extiende desde las regiones boreales alumbradas por la orientadora Estrella Polar, hasta las australes,  bañadas por las cuatro  lámparas de la Cruz del Sur".


Este sueño de unidad americana lo cristalizó en su estudio titulado: "Ensayo sobre la necesidad de una Federación General entre los Estados", descubriendo en sus conceptos la visión clara de la realidad, traducida en la urgencia de una vinculación estrecha entre los países, para legitimar la idea de paz y libertad.


Pensar que se adelantó dos siglos atrás a los tiempos modernos, al decir que ardía encontrar la manera de vivir juntos respetando el derecho de los otros.


En Buenos Aires como en Lima o Europa, la distinción y el boato, la dignidad señoril y los hábitos aristocráticos fueron siempre atributos  naturales de Monteagudo, a despecho del misterio de su cuna, generador de críticas y comentarios. A tal punto, era distinguido que durante las grandes ceremonias de iglesia en los días patrios, para producir un efecto de seducción caminaba con paso teatral, lento, mesurado como para concentrar exclusivamente todas las miradas de las mujeres sobre las que creía tener un influjo formidable.


Llamaba la atención su opulenta mansión limeña, la que debió abandonar cuando San Martín partió al encuentro con Bolívar en Guayaquil.


Y otra vez pasó al destierro dirigiéndose al Ecuador, de donde regresaría a Lima el 28 de enero de 1825,  no imaginando que allí lo esperaba agazapada la muerte, aprovechando las sombras de la noche.

Fue un crimen nunca aclarado, mezclándose las versiones sobre la causa, desde las que se le atribuyen a sus muchos enemigos políticos, hasta la que se la adjudican a un marido despechado , dado su conocida fama de conquistador “expresa  Susana Ratto de Sambuccetti en “La revolución de Mayo. Interpretaciones conflictivas” .Buenos Aires. Siglo  Veinte,1983.

Tenía cuarenta años, una edad en la que había desarrollado un trabajo intenso, de enorme repercusión y sello histórico. Una edad en la que muchos hombres recién realizan algún trabajo estimable. ¿Eran otros tiempos o era Monteagudo el reflejo de su época inflada de pasiones libertarias?
 Felipe Pigna

Monteagudo, un hombre de acción


Revista VIVA


Bernardo de Monteagudo nació en Tucumán el 20 de agosto de 1789. Estudió en Córdoba y luego, como Mariano Moreno y Juan José Castelli, en la Universidad de Chuquisaca (actual Bolivia), donde en junio de 1808 se graduó como abogado. Mientras Napoleón invadía España y tomaba prisionero al rey, Monteagudo escribía el “Diálogo entre Fernando VII y Atahualpa”, una sátira política en la que ambos monarcas se lamentaban de sus reinos perdidos.

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El 25 de mayo de 1809 fue uno de los promotores de la rebelión de Chuquisaca contra los abusos de la administración virreinal y a favor de un gobierno propio, que sería la chispa de la Revolución de 1810. La represión fue terrible y Monteagudo fue a las mazmorras coloniales, de las que pudo fugarse en noviembre de 1810 para ponerse a disposición del ejército expedicionario, que al mando de Castelli había tomado la estratégica ciudad de Potosí. El delegado de la junta conocía los antecedentes revolucionarios del tucumano y lo nombró su secretario.

La dupla empezó a poner nerviosos por igual a realistas y saavedristas, que veían en ellos a los “esbirros del sistema robespierriano de la Revolución francesa”.

El Alto Perú tenía una doble connotación para Monteagudo y Castelli. Era una amenaza a la subsistencia de la revolución y era la tierra que los había visto hacerse intelectuales. Fue ahí donde Moreno, Monteagudo y Castelli habían conocido la obra de Rousseau y fue en las calles y en las minas del Potosí donde habían tomado contacto con los grados más altos de la explotación humana.

El 13 de enero de 1812 participó de la fundación de la Sociedad Patriótica y comenzó a dirigir El Grito del Sud. La Sociedad Patriótica junto a la recién fundada Logia de Caballeros Racionales, con San Martín a la cabeza, participó, el 8 de octubre de 1812, del derrocamiento del Primer Triunvirato y la instalación del Segundo que convocó al Congreso Constituyente que conocemos como la Asamblea del año 13. Escribía en La Gaceta: “Si es posible reducir a un solo principio todas nuestras obligaciones, yo diré que la principal es emplear el tiempo en obras y no en discursos. El corazón del pueblo se encallece al oír repetir máximas, voces y preceptos que jamás pasan de meras teorías y que no tienen apoyo en la conducta misma de los funcionarios públicos.”

Al producirse la caída de Alvear, Monteagudo es desterrado. Residió en Londres, París y Burdeos. Pudo regresar al país en 1817 cuando San Martín lo nombró Auditor de Guerra del ejército de los Andes con el grado de Teniente Coronel. Tuvo el honor de redactar el Acta de la Independencia de Chile que firmó O’Higgins el 1° de enero de 1818. A comienzos de 1820, participó de los preparativos de la expedición libertadora al Perú colaborando con San Martín, quien lo nombró Ministro de Guerra y Marina y luego Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores. Muchas de las medidas más radicales tomadas por San Martín fueron impulsadas por Monteagudo.

Tras el retiro de San Martín, Bolívar lo incorporó a su círculo íntimo. Pero entre la gente más cercana a Bolívar había enemigos de Monteagudo, como el republicano José Sánchez Carrió, que desconfiaba del tucumano. La noche del 28 de enero de 1825, en Lima, iba con sus mejores ropas a visitar a su amante, Juanita Salguero, cuando fue sorprendido frente al convento de San Juan de Dios de Lima por Ramón Moreira y Candelario Espinosa, quien le hundió un puñal en el pecho. Según distintas versiones nunca confirmadas, el instigador del crimen fue Sánchez Carrió.

Terminaba así una vida intensa, la de uno de los más notables pensadores de la revolución.

 

Bibliografía:

La expuesta en el texto.

Gónzalez Arrili, Bernardo: "Retratos a pluma". Buenos Aires, 1937.

Calderaro José D. "Cien próceres argentinos". Buenos Aires, abril de 1940.

 

Monteagudo Bernardo de. Calle. Topografía:

Corre de N. a S. desde  hasta 399 Bis a la altura de Vélez Sárfield 300. Barrio Las Malvinas (Refinería).

Se le impuso ese nombre por O. 3 del año 1905.

Recuerda a Bernardo de Monteagudo (1765 - 1825), redactor del Acta de la Independencia de Chile y ministro de San Martín en Perú.