MONROE JACOBO (1758-1831)

Jacobo Monroe gustaba decir:”Para ir a la escuela debía, todos los días, atravesar un buen trayecto de selva. Y así recorría el camino, teniendo bajo el brazo, de una parte el bolso de los libros, de la otra el fusil. El cebador y el bolsillo con las balas formaban parte de mis útiles escolares. Y muy a menudo regresaba con alguna pieza de caza que había derribado en el camino..."

Monroe, en verdad, viviría las horas iniciales de la historia  de los Estados Unidos que por entonces era  un territorio en gran parte selvático, reducido a las costas del Atlántico, habitado por pioneros y colonos procedentes de diversos países europeos, principalmente de Inglaterra muy lejos del país que conocemos  hoy extendido entre los dos océanos.

Nacido  en el condado de Westmoreland, Virginia, el 28 de abril de 1758, al estallar  el conflicto independentista, ingresaría  como gentleman cadet en el ejército de Washington, siendo herido en combate.

Al finalizar la contienda, inició la carrera política que habría de llevarle a la Casa Blanca.


Se le elegiría  representante de Virginia en el Congreso en 1783, encontrándose al  año siguiente entre los miembros del Congreso continental donde el liberalismo de sus ideas, humanitario y democrático siempre serían un bálsamo refrescante en los ambientes caldeados de pasiones desorbitadas.


Senador electo de los Estados Unidos en 1790, por encargo de Jefferson, tercer presidente de su país, inició las negociaciones con el gobierno de Madrid para la cesación de la Florida ya que España no estaba en condiciones de controlar esta lejana colonia y se preveía que la hubiera cedido a cualquier otro estado, entonces consideró casi un hecho obligatorio ser propiedad de los Estados Unidos.


Después de semejante actividad diplomática, en 1817 se convertiría  en el quinto presidente electo por 183 votos a su favor y sólo 34 en contra.


En los primeros años de su función pública, la Florida pasó a formar parte de la Unión, e incorporándosele otros estados más, su nación sería cada vez más vasta y poderosa y las potencias europeas no poseyeran en América más que pequeñas colonias.


.Para aclarar definitivamente cuál era la firme posición de los pueblos americanos, Monroe pronunció en el Congreso de su país el 8 de marzo de 1822   durante su séptimo discurso al Congreso un mensaje que se recuerda como la "Doctrina Monroe".


 La esencia de la misma se expresaba así: "Habiendo conquistado el continente americano su libertad, los estados europeos, no deberán considerarlo territorio colonizable."


La Doctrina Monroe, sintetizada en la frase “América para los americanos”, fue elaborada por John Quincy Adams y atribuida a James Monroe en el año 1823.


Fue un momento definitorio en la política exterior de los Estados Unidos. La doctrina fue concebida por sus autores, especialmente John Quincy Adams, como una proclamación de los Estados Unidos de su oposición al colonialismo.


Establecía que cualquier intervención de los estados europeos en América sería considerado como un acto de agresión que requeriría la intervención de Estados Unidos.

 

Muchos países habían logrado su independencia  de España,  en consecuencia el presidente Monroe resolvió reconocer oficialmente la libre determinación de esos pueblos enviándoles sus embajadores, convirtiendo  por entonces a la Unión en el paladín  de la América libre.

 

Un anticipo de la valiosa noticia llegaría a Buenos Aires el 22 de mayo (1822)  a través del cónsul de su país,  John Murray Forbes quien buscó de inmediato a Rivadavia para informarle tal resolución.


Esta actitud fue, naturalmente, interpretada como una afrenta  por las potencias europeas, que consideraban a los países hispanoamericanos nada más que colonias rebeldes.


Precisamente en aquellos años los soberanos europeos instituyeron la Santa Alianza, para reprimir todo acto de rebeldía popular de Europa o de otra parte.
 

 

Bibliografía:
Alonso Piñeiro Armando: “Propuesta de Monroe. Relaciones de los Estados Unidos  con América del Sur”  Pág.119 en Cronología Histórica Argentina. Buenos Aires.1981.

 

Monroe. Pasaje. Topografía:

Corre de E. a O. desde 2700 al 2999 a la altura de Ovidio Lagos1400.

Se le impuso ese nombre por D. 21.748 del año 1958.

Recuerda al presidente de los E.E.U.U. Jacobo o James Monroe (1758-1831)  autor de la doctrina que rechaza toda intervención extranjera en  América.

EL PASAJE MONROE DE NUESTRA CIUDAD
El arquitecto Bonacci en su artículo: Rosario Desconocida: “Dos cortadas, dos realidades” expresa extraordinariamente: En los climas  variados contenidos  en la trama urbana, la cuadrícula interminable, la sucesión de situaciones  y el aporte de la gente hacen que cada calle  se convierta en un mundo, cada mundo en un universo y cada universo en un calidoscopio variado, caprichoso y sugerente”.


Cada calle  es una expresión distinta y pintoresca, como ocurre  con el Pasaje Monroe.


La manzana formada  por 9 de julio, Callao, Estanislao  Zeballos y Ovidio Lagos es una de las tantas cortadas que existen en la ciudad. Sin embargo se convierte en otra cosa, si el caminante ingresa en ella por el pasaje Monroe que la corta en dos.


Hilarión Hernández Larguía y Juan Manuel Newton proyectaron entre 1924 y 1929 la totalidad de las viviendas  que dan carácter al pasaje.


Una cuadra contundente  y totalizadora del paisaje  urbano, poblada de casas que en sí respetan las mismas reglas compositivas pero que exhiben variedad en los detalles de sus fachadas teñidas entre otros elementos por acentos propios del art decó y producen una contundencia precisa en la conformación de la línea municipal.


A esto se suma la resolución de patios posteriores e independientes entre sí, pero macizados en el centro de manzana para construir juntos un corazón verde ajardinado y liberado de construcciones. Estos rasgos continúan por las veredas de las otras calles que demarcan la manzana, pero es el pasaje Monroe con sus dos flancos así solucionados el que se presenta con la mayor contundencia.


Las viviendas fueron construidas por el Banco Edificador Rosarino y por su carácter de conjunto y el ambiente particular que conforman constituyen un caso único en la ciudad, a tal punto que la prolongación de Monroe por doscientos metros más hacia el oeste por Ovidio lagos, no se incluye en el mensaje que esta arquitectura se empeñó en dar en los tiempos de su concepción”.