MITRE BARTOLOMÉ (1821 - 1906)

El gobierno del general Bartolomé Mitre iniciaría la etapa de la Historia Argentina comprendida entre los años 1862 y 1880, que señala las tres grandes presidencias, donde tres eminentes estadistas completaría  obra de Organización Nacional que desarrollara antes Urquiza, a partir de 1852.


Le tocaría a Mitre evitar la disolución de la Nación, mantener la vigencia de la Constitución federal y asegurar frente al peligro extranjero y al localismo faccioso la integridad del país.


Su vida comenzó en la ciudad de Buenos Aires situada en la esquina de las actuales calles Suipacha y Lavalle, el 26 de junio de 1821 y lo hubo llevado hasta la pila bautismal para apadrinarlo el benemérito General Rondeau.


Transcurrieron sus primeros años a orillas del río Negro y Carmen de Patagones donde recibió sus primeras lecciones por parte de su madre y  el sentido del coraje por parte de su padre, don Ambrosio, hombre revolucionario, de una sola pieza quien sería el "Vencedor de Patagones" al derrotar a las poderosas fuerzas imperiales brasileñas por la posesión de la Banda Oriental y quien pretendió que su primogénito fuera  recio y fuerte de cuerpo como en roble y para lograrlo lo derivaría a la estancia de don Gervasio Ortiz de Rosas - hermano de Juan Manuel de  Rosas, pero que renegó de la tiranía. -


Después de su corta experiencia rural Bartolomé acompañó a su familia al Uruguay donde vistió camisa de escritor en "El Iniciador" de Andrés Lamas y Miguel Cané, en  "El Nacional" de Rivera Indarte y en "El talismán" de Juan María Gutiérrez.


Más su lucha no sería sólo con la pluma sino también con su espada iniciando sus primeras armas en Montevideo en la defensa de la ciudad contra las tropas de Oribe que la sitiaron durante nueve años, sumiendo al pueblo en el hambre y la desventura.


Perseguido por las autoridades partiría a Chile donde volvió a su antigua profesión de columnista en "El Comercio" de Valparaíso y "El Progreso" de Santiago. Estadía interrumpida al producirse el levantamiento de Urquiza en su patria.


Sus raíces lo llamaron y su respuesta inmediata, enrolándose en las filas del  ejército de Caseros que venciera a Rosas el 3 de febrero de 1852,  ignorando que de ahí en más se cumpliría un destino de gloria tanto militar, estadista e historiador, porque años después aparecerían su "Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina".


Al día siguiente, el 4 de febrero, sin demora  se enfrentó con odio, pasión y violencia con el vencedor de Caseros, Justo José de Urquiza, liderando los orgullosos miembros de la sociedad porteña: los dueños de la rica y altiva ciudad puerto que miraba con desconfianza  al caudillo entrerriano, quien al mismo tiempo no se resignaba a perder su predominio político, económico y cultural.


La pugna de estos hombres produciría conjuras, debates parlamentarios, la insurrección de Buenos Aires, al punto de  peligrar sus vidas y su hacienda  del mismo modo que aconteció con muchos habitantes porteños.


Más ese período de violencia terminaría  con la consagración de Mitre en  la batalla de Pavón, librada el 17 de setiembre de 1861, que provocó  la caída de las autoridades nacionales residentes en Paraná, la desaparición de las fuerzas militares que las apoyaban  marcando un nuevo camino de organización nacional al asumir el 12 de octubre de 1862  la Primera Magistratura de la Nación.

 


El general Mitre al declararse la guerra con el Paraguay, desempeñando la función de Presidente de la República, habló directamente al pueblo: "En veinticuatro horas a los cuarteles, en quince días en campaña y en tres meses  en la Asunción", frase que hizo derramar ríos de tinta entre sus seguidores y detractores.


Al bajar de la Presidencia, estaba más pobre aún que al asumirla y para poder vivir recurriría a su profesión más vieja, periodismo fundando el diario La Nación,  sin un céntimo, a tal punto que el Estado le regaló una casa  donde vivir hasta el final de sus días. Ya cansado de luchar con las armas se entregó a la lectura cobijado  en la biblioteca  que había reunido con largo amor a través de los años.


Coincide José Campobassi  en "Mitre y su época": "El 29 de noviembre de 1905, Mitre enfermó gravemente. Luego vinieron el cansancio o astenia manifestada por el enfermo, la deshidratación, la hipoclorhidria plasmada en una progresiva anorexia y otros síntomas posteriores hasta que el general fallecería el 19 de enero de 1906, después de cuatro días de respirar entrecortado, pero también de mantener intactas su lucidez, la mirada profunda y el cabello rizado que se dejaba peinar, pero que finalmente él mismo se acomodaba.


Para el mismo biógrafo unos días antes de morir, no cesaba de repetir a su médico de cabecera Antonio Piñero una idea que sintetizaría su más hondo sentimiento: "Creo que ya he concluido mi misión en la Tierra".

 

Bibliografía:
Campobassi José  S: "Sarmiento y Mitre". Hombres de Mayo" Losada S. A. Buenos Aires.1962.
González Arrili Bernardo: "Mitre". Edit. Kapeluz y Cía. Buenos Aires, 1947.
Cárcano Ramón J: "Guerra del Paraguay. Orígenes y causas". Editorial Domingo Viau. Bs. As. 1939.

Mitre. Calle. Topografía:
Corre de N. a S. desde Av. del Huerto hasta Centenario.
Se le impuso ese nombre por O. 6 del Julio de 1898 y por Ord. 3 del año 1905.
Recuerda al polifacético Bartolomé Mitre (1821 - 1906) militar, escritor, estadista, hasta  benemérito Presidente de la Nación.

 

Las exequias de los grandes hombres convierten  a la muerte en imponentes  espectáculos donde la piedad colectiva se mezcla con la glorificación y  el dolor con el reconocimiento póstumo. Hombres ilustres, seres excepcionales e ídolos populares no escapan al destino de la muerte.


La grandeza terrenal n los dota de inmortalidad. La perduración en el tiempo se refugia en la memoria y en el culto que comienza en las ceremonias del adiós final – expresa Pablo Ramírez en su artículo “Grandes exequias del siglo XX” En Revista “Todo es historia” N° 259.Enero 1989.


Entierro del General Bartolomé Mitre


Fue uno de los hombres de más perseverante actuación en la constitución política del pa´s y cuya influencia ha sido más extensa y poderosa en el desarrollo de la civilización argentina.


 El eminente historiador que escribiera la “Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina” y la “Historia de San Martín y de la Emancipación Sudamericana” falleció el 19 de enero de 1906. La capilla ardiente se instaló primeramente en la planta alta de la casa donde murió el general. Pero posteriormente se dispuso que  el velatorio se realizara en la Casa Rosada, porque su casa era extremadamente pequeña para contener la enorme y distinguida concurrencia que se hacinaba allí para presenciar el velatorio.


El cortejo avanzó por San Martín y luego por Rivadavia hasta la puerta central de la Casa Rosada, donde esperaban el Vicepresidente de la República, los ocho  ministros y altos dignatariod del Estado.


Al llegar el ataúd, fueron puestas sobre aquél, la Bandera Nacional y las prendas militares que usaba en traje de campaña.


Durante el tiempo que se prolongó el velatorio, el desfile popular fue incesante.


La Intendencia Municipal se dirigió a la Dirección del Alumbrado para que se hiciera enlutar los faroles y focos de alumbrado en todo el trayecto que debía recorrer el cortejo fúnebre.


En la Plaza de Mayo la muchedumbre ocupaba todos los espacios libres de las calles, aceras y jardines.


Lentamente rumbo al cementerio, la gente desde los balcones la gente observaba  féretro escoltado por el desfile  de las tropas. El andar reposado,, el aspecto severo de las banderas enlutadas y el respetuoso  recogimiento general de la gente, daban a la escena un relieve excepcional.

 

 

Mitre, en nuestra ciudad, en la segunda mitad del siglo XIX, podría denominarse "calle teatral".


Expresa el historiador Ielpi en su artículo: “Dos géneros, dos pasiones”: El advenimiento jubiloso nuevo siglo XX no iba a modificar una de las características peculiares de la ciudad finisecular: una especie de pasión colectiva, unánime, contagiosa, una verdadera borrachera  teatral.


Tal vez sea difícil imaginar hoy, cuando Rosario llega al millón y medio de habitantes,  una descripción objetiva de aquellos años transcurridos entre 1900 y 1930 la Meca para una real constelación de actores, actrices y divas de la lírica y cuanta figura de renombre internacional se decidiera por una gira americana.


Fueron en esos años que predominaran  “La zarzuela y la ópera”, tanto en Buenos Aires y en nuestra ciudad.”

Agrega Ielpi: “En Rosario, la vasta colonia itálica que incluía a una gran cantidad de genoveses, era lo que hoy se llama un “público cautivo” de la ópera, a lo que se sumaba la entrañable y legítima  nostalgia  que todo inmigrante de cualquier origen  siente  por la tierra lejana”.


La  historiadora Guadalupe Palacio de Gómez  nos dice:

La ciudad de Rosario contó a finales del siglo XIX con amplios, elegantes y confortables teatros que permitieron la frecuente presentación de grandes compañías líricas y teatrales afamadas mundialmente.

En el Rosario anterior al 900, ya varios teatros habían abastecido, con mayor o menor comodidad para los espectadores, las necesidades de recreación, de vida social y -por qué no de elevación espiritual de buena parte de sus habitantes-: el teatro Nacional, levantado en Córdoba entre Comercio (Laprida) y Aduana (Maipú).


En 1856 se inauguró un teatro muy rudimentario, "La Esperanza" sobre calle San Martín casi Santa Fe, pero por ser un caserón de madera  fue devorado por un incendio.


El primer teatro construido sólidamente y adaptado para  relevantes puestas en escena, sería el teatro Olimpo con el nombre de "Progreso" por estar ubicado sobre la calle homónima entre San Lorenzo y Urquiza - así se denominaba por entonces calle Mitre - el que abrió sus puertas el 19 de febrero de 1871.


 En el predio donde se construyó el Teatro Odeón, Mitre 750 en 1899 se levantaba un gran galpón con una amplia platea y una fila de palcos alrededor de la platea y una gradería intermedia  entre la tertulia y el paraíso.


Se llamó Nuevo Politeama. Fue demolido en 1917, luego se llamaría Odeón,  hoy llamado "Fundación Astengo" desde 1967, habilitado en 1899 por su impulsor que no era otro que Pablo Raffeto, uno de los nombres imprescindibles de la historia del circo criollo.

Fuerte competencia con el Olimpo, sostendría ya a fines del siglo XIX, año 1894, el teatro "La Comedia" ubicado en la intersección de las calles Mitre y Cortada Ricardone comenzó en un galpón circense. Primitivamente se dedicaría al género chico: "zarzuelas". Reinaugurado en 1902, fue adquirido en 1909 por José y Francisco Erausquin.

 


La Comedia fue uno de los caminos eficaces donde Rosario pudo realizarse culturalmente. En la actualidad, felizmente la sala pertenece a la Municipalidad de la ciudad.


El 2 de octubre de  1902 estrenó Florencio Sánchez, por entonces redactor del diario "La República", extrenó su obra: "Canillita”. El suceso no hubiera  alcanzado otra trascendencia que la de un normal acontecimiento teatral, sino que en la obra, el autor rompió con los esquemas vigentes, reemplazando al héroe por el hombre común  con sus propias vivencias.

En 1904, se habilitaron dos de las grandes salas de historia; el teatro Colón, en la esquina de Corrientes y Urquiza y se demolió en 1958 y el teatro la Opera, actualmente denominado Teatro El Círcilo, ubicado en la esquina de las calles Mendoza y Laprida.

Teatro Colón

Teatro El Círculo