MENA JUAN de DIOS (1897- 1954)

Nació en Puerto Gaboto, provincia de Santa Fe, en 1897, seguramente en un hogar de condiciones económicas muy bajas.

Fue soldado de la Escuadrón de Seguridad en Rosario, más su espíritu  de alma viajera lo llevó a tentar suerte en Buenos Aires, ciudad donde muy pocos sin recursos ni enlaces socio – políticos, tenían la suerte de progresar.

Circunstancia   que lo obligó  a recalar en el Chaco.

 Mena hombre aventurero y capaz de realizar múltiples oficios modestos,  fue encargado de un bar en Resistencia, peón de estancia, mayordomo de un campo, hasta realizar sus sueños poco remunerativos: “poeta y tallador.”

Según Alfredo Veiravé:”Al principio fue el testimonio de esa facilidad propia del artista, para transformar en imágenes su mundo interior.”

Más tarde, contemplando sus “tapes” como llamaba cariñosamente a sus pequeñas tallas, y a medida que esas figuras se independizaban de él, comenzó a comprender lo que tal vez fuera inexplicable.

Una vez, sostuvo con un periodista este diálogo revelador sobre sus creaciones: “A veces , les doy una intención que no se  me ocurría al principio. Se me escapa el cortaplumas ¿Sabe? Y hace de las suyas...”

Entre 1932 y 1954, año de su muerte, Mena fue transformando los recursos del modelador que hace posible su estilo pintoresco y distintivo.

En su trayectoria plástica pueden distinguirse tres etapas bien definidas: la primera rudimentaria casi grotesca, la segunda adquiriendo mayor proporcionalidad en las figuras, rostros llenos de significado a veces oculto cuya lectura es la del alma  y la última conformadas dentro del estilo  y abstracto.

En ese  campo ya sería dueño de un cambio fundamental, acercándose más al arte universal  que a imágenes (que caracterizaron a la génesis de sus creaciones).

Sentir cosas, transmitirlas era su modo de vivir, por ello en 1931 Mena publicó poesías llamadas “Virolas y otras chafalonías “, las que diez años después tomarían el nombre de “Virolas”,en las que volcó las cosas y personajes simples y cotidianos, revelando el don de la observación y su poder de síntesis. Por ejemplo pintó con palabras justas el perfil de un paisano que llamó “El zonzo”.

En 1945, el eterno ambulante ancló en Resistencia y no teniendo donde hospedarse un tal Boglietti lo acogió en su casa  guareciéndolo  del mal tiempo reinante.

Nacería así una amistad entrañable que daría como fruto la creación del “Fogón de los arrieros”.

Era el viejo fogón de una casa en la calle Brown de la capital chaqueña, que con el devenir del tiempo se convirtió  en una galería de exposición de distintas áreas del arte.

La parte superior de dicha estructura fue destinada para albergue de ambos artistas, aunque Mena nunca llegó  a habitarla por sorprenderlo la muerte en 1954.
 
El Fogón de los arrieros entre tanto proyectó su nombre y la fecundidad de su rica como extensa obra, dentro de  la temática que la caracterizó.

Así como al tallista le faltaban pocos trazos para mostrar la figura humana  con toda la carga de su destino, al poeta le alcanzaban pocas palabras para contarnos una historia.

 

Bibliografía:
Veiravé Alfredo: “El fogón de los arrieros” en  Paraná: Pariente del mar. Pág. 389 y sig. Editorial Biblioteca.

Mena. Calle, Topografía:
Corre de E. a O. entre Av. Circunvalación y Gómez Cornet. Barrio Parquefield.
Se le impuso ese nombre por D. 4672 del año 1977.
Recuerda al  aventurero tallista y poeta criollo, Juan de Dios Mena (1897 – 1954) creador del centro de exposiciones artísticas “El Fogón de los Arrieros”.