MANSILLA  LUCIO V. (1831 – 1913)

En los días románticos de la Gran Aldea, cuando los señores paseaban en los círculos elegantes mostrando su empaque un tanto nostálgico mientras las damas gustaban de lo caballeresco, se escuchaba la voz vibrante y a la vez persuasiva de un ameno charlista, un tanto sofisticado vistiendo de capa y espada y cuya reputación de hombre mundano, aventurero, locuaz y cosmopolita, bien pronto ganaría auditorios, tanto en las ruedas del club como en los salones concurridos por las mejores familias. Era nada menos que Lucio V. Mansilla.

Nacido en 1831, provenía de una familia muy acomodada,  sobrino carnal de Juan Manuel de Rosas (su madre, la bella Agustina Rosas, era la hermana favorita del Restaurador), Mansilla pertenecía al linaje de estancieros dueños del país y, sobre todo, de la  provincia más rica, Buenos Aires, señores feudales de horca y cuchillo, apenas atemperados sus esfuerzos por la lenta infiltración de usos y costumbres de dos países rectores de Europa o sea, del mundo en el siglo XIX. Inglaterra y Francia. 

Como primogénito del general Lucio Mansilla y de la menos rica Agustina, Lucio Victorio fue criado y educado con cierta  severidad, pero con un concepto hondamente arraigado de su posición social.

De vida aventurera, ya que antes de los 20 años había viajado a la India.Ya en el transcurso de aquel primer viaje de juventud llevaría Lucio Victorio, un diario de sus andanzas, donde registró personas y lugares que había conocido, anécdotas, reflexiones y ocurrencias. 

Y de ahí en más sería un vehemente viajero , después de recorrer Egipto y pasar por Estambul visitó París y Londres, donde   se enteró  de los acontecimientos que se precipitaban en Buenos Aires : Urquiza está a punto de pronunciarse contra Rosas –  y sin dudar decidió emprender el regreso. 

All arribar a fines de 1851 – informa su excelente biógrafo Enrique Popolizzio – luciría vestimenta extraña y fastuosa, propia de los caballeros de los salones parisinos.

La vida militar en las fronteras de la campaña inmensa y despoblada, inmensidades que se perdían  en el horizonte implicaba riesgos sobre todo con las imprervistas  irrupciones  de los indios; peligros que a él no le importaban, al punto que  decidió internarse en las desconocidas  llanuras entre los ríos Quinto y Colorado, con el sólo objetivo  a fin de apreciar de cerca los usos y costumbres ancestrales de aquel mundo exótico,  sus necesidades, sus ideas, sus ritos  y su lengua. 

Convirtióse por entonces en un infatigable trabajador que asombraba por la capacidad de despachar intrincados asuntos burocráticos, alternando  las espectativas de la gran urbe con los notables del lugar. los   caciques, trazando simultáneamente completísimos relevamientos topográficos.

Y algo más, sus  las impresiones y vivencias las volcó en  uno de los pocos libros argentinos de vida perdurable. "Una excursión a los indios ranqueles", escrito con el estilo natural y sencillo de los grandes charlistas, deslumbrando sin necesidad de exagerar. No fue en vano un destacado prosista de la generación del 80.

Se dieron en Mansilla, las virtudes del escritor innato y las cualidades sobresalientes de soldado. Con el grado de capitán participaría en la batalla de Pavón y en la guerra del Paraguay, llegando a obtener los galones de coronel.

La dura lucha en los frentes de batalla, la vida cuartelera tan rica en experiencias, el trato con los veteranos y las especialísimas condiciones de vida modelaron su carácter, y dieron a su obra especial encanto.

Aprovechó anécdotas que  barajó con destreza de sagaz observador y las narró sin petulancia,  en su obra "Entre nos".

Pasaría sus últimos años viviendo en París asistido por su criado gallego, más no lograba ser feliz  evocando los vaivenes interiores que le habían provocado el recorrido y la estancia en aquellos rincones casi caídos de los mapas.

La única hija que le quedaba murió en plena juventud, al igual que sus hermanos. Circunstancia que acentuó la sensación de vacío que transmitirían sus textos postreros con el presentimiento de la destrucción del mundo que tanto le había gustado vivir.

Mansilla viudo, ya en su vejez en un intento de lograr compañía y nuevos afectos volvió a casarse en la Abadía de Westminster, el 9 de febrero de 1899 con una dama inglesa de ancestros argentinos, relativamente joven para un hombre en el ocaso de su vida, pero no olvidemos que su vida además de pintoresca siempre sería  inquieta y múltiple, codeándose al final de sus días con el gran mundo imperial europeo, vistiendo siempre con extraordinaria elegancia y singularizando su apuesta figura con extravagancias de "dandy".

Aquellos ojos de Mansilla que tantas imágenes habían captado a lo largo de su existencia tan singular y atípica, imágenes tanto de las cortes europeas como de las tolderías de los caciques, se apagaron antes que su cuerpo. Murió ciego en París el 6 de octubre de 1913. 

"Su obra comenzaría a ocupar su lugar de texto fundacional a mediados del siglo XX, como libro de viajes como un espejo para mirarse antes de recorrer inmensidades que se pierden en el horizonte"

Bibliografía:

"Una excursión a los indios ranqueles". Art. de Enciclopedia Estudiantil. Editada por Editorial Codex S. A. Buenos Aires 1960.

"Lucio Victorio Mansilla. El príncipe de las pampas". Art. del diario La Nación en su edición del 17 de diciembre de 2000.

 

Mansilla Lucio V. Cortada. Topografía:

Corre de E. a O. desde 4700 hasta 4799 a la altura de Gútemberg 1700.

Se le impuso ese nombre por D. 21748 del año 1958.

Recuerda al general Lucio V. Mansilla (1831 – 1913), prosista de la Generación del 80, viajero incansable, aunque más conocido por ser autor de la obra ""Una excursión a los indios ranqueles".