MADRE CABRINI

En vida fue conocida como Mother Frances Xavier Cabrini (en inglés), Francisca Javier Cabrini o Madre Cabrini (en español).

Nació en Sant'Angelo Lodigiano, en Lombardía (Italia),el 15 de julio de 1850 y fue la menor de los trece hijos de Agostino Cabrini y Stella Oldini.


Nacida prematuramente, su salud fue delicada durante sus 67 años de vida. Tomó los votos religiosos en 1877, convirtiéndose en la Madre superiora del orfanato Casa de la Providencia en Codogno, donde ejercía la enseñanza.

La Madre Cabrini fué la menor de una familia de trece hijos. Una de sus hermanas mayores era maestra de escuela y la formó en la estricta disciplina, lo cual le fue muy útil después para toda su vida.

Desde muy pequeña al oír leer en su familia la Revista de Misiones, adquirió un gran deseo de ser misionera. A sus muñecas las vestía de religiosas, y fabricaba barquitos de papel y los echaba a las corrientes de agua y les decía: "Por favor, vayan a países de misiones a llevar ayudas".
Para apagarle un poquito su gran deseo de irse de misionera le dijeron que en tierras de misiones no había dulces ni caramelos, entonces empezó a privarse de los caramelos que le regalaban, para irse acostumbrando a no comer dulces.

A los 18 años obtuvo el grado de profesora. Quiso entrar de religiosa en una comunidad pero no la aceptaron porque era de constitución muy débil y de poca salud. Entonces se fue de maestra a una escuela que dirigía un santo sacerdote, el Padre Serrati, quien se dio cuenta muy pronto de que la nueva maestra de su escuela tenía unas cualidades muy especiales para hacerse querer del alumnado y lograr que sus discípulas se volvieran mejores. Y la recomendó para que fuera a dirigir un orfanato llamado de la Divina Providencia, el cual estaba a punto de fracasar por no tener personas bien capaces que lo dirigieran.

El Sr. Obispo le dijo un día: "Me dice que su gran deseo ha sido siempre ser misionera. Pues le aconsejo que funde una comunidad de misioneras. Yo no conozco ninguna comunidad para esa labor tan santa y admirable".

Y Francisca reunió siete compañeras de trabajo y con ellas fundó en 1877 la Comunidad de Misioneras del Sagrado Corazón. A los 10 años de fundada la comunidad fue a Roma a tratar de obtener la aprobación para su congregación, y el permiso para fundar una casa en Roma.
En la primera entrevista con el Cardenal Parochi, Secretario de Estado, éste le dijo que la comunidad estaba muy recién fundada y que todavía no se le podían conseguir semejantes permisos. Pero el Cardenal quedó tan admirado de la bondad y santidad de la fundadora que en la segunda visita ya le dio la aprobación y le pidió que en Roma fundara no sólo una casa para niñas huérfanas, sino dos: una escuela y un orfanato.

En aquel tiempo eran muchísimos los italianos que se iban a vivir a Norteamérica, pero allí, por falta de asistencia espiritual corrían el peligro de perder la fe y abandonar la religión. El Arzobispo de Nueva York le pidió personalmente que enviara sus religiosas a ese país a enseñar religión.
Aunque su sueño era ser misionera en China, el papa León XIII la envió a Nueva York el 31 de marzo de 1889. Allí obtuvo el permiso del arzobispo Michael Corrigan para fundar un orfanato, el primero de las 67 instituciones que fundó en Nueva York, Chicago, Seattle, Nueva Orleáns, Denver, Los Ángeles, y en algunos países de Sudamérica y Europa

 El 31 de marzo de 1889 Santa Francisca llegó con seis de sus religiosas a Nueva York, donde  se encontraron con que las señoras que habían prometido ayudar a conseguir la casa para ellas no habían conseguido nada, y tuvieron que pasar su primera noche en un hotelucho de mala muerte, sucio y destartalado.


Y al presentarse al arzobispo éste les dijo desanimado: "No se les pudo conseguir casa. Así que lo mejor que pueden hacer es devolverse otra vez a Italia". Pero la Madre Francisca, que era valiente y tenía una gran fe, le respondió: "No, señor arzobispo, el Sumo Pontífice nos envió para acá, y acá nos vamos a quedar". El arzobispo se quedó admirado del valor de la monjita que se había nacionalizado (1909) y del apoyo que le ofrecían a ella desde Roma y les consiguió entonces alojamiento en una casa de religiosas.  


A  los pocos meses ya la Madre Cabrini había logrado conseguir una buena casa, buscando ayudas entre los bienhechores, y poco antes de un año ya pudo ir a Italia, llevando las dos primeras novicias norteamericanas para su comunidad. De vuelta se trajo varias religiosas más y fundó su primer gran orfanato junto al Río Hudson.

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La comunidad empezó a extenderse admirablemente en Italia y en América. La Madre Cabrini en penosos y largos viajes fundó una casa en Nicaragua y otra en Nueva Orleáns. En esta ciudad norteamericana los italianos vivían en condiciones infrahumanas, y la presencia de las misioneras fue de enorme provecho para esas pobres gentes.

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Las grandes obras que emprendió demuestran que Francisca Cabrini fue una mujer extraordinaria. Su inglés lo hablaba con acento italiano lo que le concedía una gracia especial, y que en cualquier parte donde llegaba la señalaba como una extranjera. Pero ello no le impidió ser amada y estimada por toda clase de personas en los Estados Unidos.

 


Los que trataban con ella de asuntos económicos (en grande escala muchas veces) se quedaban admirados de las capacidades tan impresionantes que esta mujer tenía para salir adelante aún con las obras más difíciles.

Era sumamente disciplinada, como desde muy pequeñita le había enseñado a ser su hermana. Algo que nunca pudo aceptar fue que la gente abandonara  la religión católica, que es la verdadera, para irse a formar parte de sectas protestantes que enseñan  a no amar a la Virgen y los santos.


Esto la hizo sufrir mucho, porque en Norteamérica, los católicos eran una escasa minoría y los protestantes, halagándolos con ofertas económicas, los hacían pasarse a sus sectas y al par de años, como esas religiones quitan todas las devociones, se volvían unos verdaderos paganos, sin más dios que el dólar. Contra ésto luchó ella fuertemente durante toda su vida.

Otro pecado contra el cual luchaba duramente era el concubinato, la unión libre. Y hasta llegó a prohibir que en sus colegios recibieran a las hijas de los que públicamente vivían dando escándalo por su concubinato o su unión libre. Muchos la criticaban por esto, pero su conciencia no le permitía dejar en paz a los que hacían pública profesión de pecado.


La Madre Cabrini había nacido para gobernar. Procuraba vivir al día con las buenas ideas modernas y no se cerraba a lo nuevo por puro capricho por lo pasado. Pero lo nuevo que era escandaloso lo rechazaba valientemente sin más ni más.


Era inflexible para hacer cumplir los reglamentos y para exigir buen comportamiento, pero al mismo tiempo se hacía amar por su gran bondad.


 A sus religiosas les repetía: "No olvidemos que seguimos al Buen Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, que es manso y humilde de corazón. Jamás echemos una cucharada de amargura en la vida de los demás. No seamos duras ni bruscas con nadie. Que los que nos traten se vayan siempre contentos de haber sido tratados muy amablemente por nosotras".

En 1892, al cumplirse el cuarto centenario del descubrimiento de América, fundó en Nueva York una gran obra: "El hospital Colón". Luego fundó nuevas casas de su comunidad en Costa Rica, Brasil, Buenos Aires, Panamá, Chile e Italia. Cuando le decían que no emprendiera la fundación de una obra porque iba a encontrar enormes dificultades, respondía: "Pero, quién es el que va a llevar esta obra al éxito: ¿nosotras o Dios?", y emprendía la fundación.

Durante doce años estuvo viajando por diversos países fundando casas de su congregación. Ella podría ser nombrada patrona de los viajeros internacionales. Y en su tiempo el viajar era mucho más complicado y difícil que ahora.
Su amor por los pobres y su deseo de salvar almas y de hacer conocer y amar más a Dios la llevó de un sitio a otro del mundo, aunque fueran muy distantes. De Río de Janeiro a Roma, de Francia a Inglaterra y de Italia a Norteamérica. Todo por extender el reino de Dios.

La comunidad, que había empezado con ella y siete hermanas, ya contaba con mil religiosas, enseñando en escuelas gratuitas y orfanatos, y atendiendo en hospitales y otras obras de caridad. Hasta los presos de la peor cárcel de Estados Unidos, la cárcel de Sing-Sing, la proclamaban su bienhechora.

Durante los últimos siete años se sentía muy agotada y con una salud muy deficiente pero no por eso dejaba de trabajar incansablemente promoviendo sus obras de caridad y de evangelización.
El 22 de diciembre de 1917 murió  La Madre Cabrini falleció en el hospital Columbus de Chicago.


Sus restos se encuentran enterrados en la Escuela secundaria Madre Cabrini (Mother Cabrini High School), en avenida Fort Washington 701, Manhattan.

Ella fue la primera ciudadana norteamericana declarada santa por el Sumo Pontífice, Pio XII en 1946.  Nadie que no hubiese tenido una gran santidad y un inmenso amor a Dios y al prójimo habría podido llevar a cabo obras tan grandes como ella logró realizar.


El milagro que justificaba su beatificación se refiere a la restauración de la vista de un niño que había sido cegado por un exceso de nitrato de plata en los ojos.
El milagro de su canonización fue la cura de una enfermedad terminal en la persona de una monja.


  Santa Frances Xavier Cabrini es la santa patrona de los inmigrantes.

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Bibliografía:

Braghin, Andrea (2000). Francisca Cabrini: Memoria y camino: 1850-2000. 32 páginas. Éd. du Signe.

Maynard, Theodore (2000). Un mundo demasiado pequeño: Vida de Santa Francisca Javier Cabrini. 444 páginas. Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús. 

Madre Cabrini. Calle. Topografía:

Corre de E. a O.  a  la altura de Bv. Oroño 5800”A”.

Carece de designación oficial.

Recuerda a la Santa Francisca Javiera Cabrini, fundadora de la Congregación Misioneras del Sagrado Corazón.

 

Sobre Avenida Pellegrini 669 de nuestra ciudad, se erige el Instituto Madre Cabrini.  Escuela Particular N°1029.
Nos ilustra Carla Rizzotto: El colegio Madre Cabrini cumple cien años de vida (refiriéndose al año 2009).


El establecimiento cuenta hoy con 1.200 alumnos, mientras que en 1909 sólo asistían a clase cincuenta niñas.


 Ejercicios físicos sí, pero con pollera; materias como geografía e historia, pero también labores, dictado y lectura, y patios sin techar, pero con naranjos y nogales.


Así era una jornada escolar a mediados del siglo pasado en el Colegio Internacional del Rosario, hoy Madre Cabrini, institución que cumple pasado mañana cien años de vida. Tanto el nombre como muchos aspectos edilicios y educativos cambiaron desde aquel entonces, sin embargo aún permanece inviolable el objetivo de la escuela que es "educar el corazón, educar valores". El establecimiento cuenta hoy con 1.200 alumnos, mientras que en 1909 el número no superaba los 44.


La Congregación de las Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús, que dirige el colegio Madre Cabrini, fue fundada en 1880 por Santa Francisca Cabrini. Pero el establecimiento educativo empezó a dictar clases el 14 de mayo de 1901. "Más allá de la misión católica, la hermana era una mujer avasalladora", describió ante La Capital la directora general de la escuela, Gloria Otaduy. Durante los primeros años de existencia, el colegio funcionó en Laprida y Córdoba, y en 1937 se trasladó a Pellegrini 669, donde está actualmente.


"Antes de techar los patios por falta de espacio teníamos muchos más verde. Había nogales y nos desesperábamos por trepar y agarrar las nueces", recordó la directora de la escuela general básica (EGB) y ex alumna, Silvia M. de Monge.


Revolviendo los archivos, las autoridades de la escuela religiosa encontraron fotos y registros de 1908 en adelante. Estos papeles demostraron que algunos varones habían integrado el listado de alumnos en 1922. También se comprobó que en 1923 y 1924 asistieron hombres. "Después no aparecieron más nenes, y no sabemos por qué motivo", dijo Monge.


Después de varios años de ser un alumnado compuesto exclusivamente por mujeres, en 1994 se incorporaron de nuevo los hombres. Y según detalló la directora general, en los cursos de EGB hay un "60 por ciento de alumnas y un 40 por ciento de niños".
El sistema no aceptaba a pupilas, pero sí a medias pupilas, que era similar a la doble escolaridad, pero con más carga horaria. El uniforme cambió sólo dos veces: al principio era un júmper, de manga larga, con un cuello almidonado y un sombrerito azul. Y en la década del 60, se implementó el uniforme que llevan hasta hoy los alumnos.


Entre las materias que se dictaban en 1908 se pueden mencionar: labores, gramática, composición, escritura y dictado; además de urbanidad, puntualidad y orden, que también se calificaban. Ya en 1920 las asignaturas de la currícula cambiaron, pero no por ello dejaron de ser insólitas: mineralogía, geología, zoología y botánica formaban parte de las exigencias educativas.


Lo que se llamaba "ejercicios físicos" es lo que hoy se entiende como educación física. Pero la diferencia de nombre no es nada comparada con lo que significaba participar de esta actividad. "No hacíamos nada, lo máximo era estirar los brazos para un costado y para el otro", se sinceró Monge. En cuanto al atuendo que debían llevar, la directora recordó: "Teníamos que venir con el júmper de gimnasia y para que no se vea nada llevábamos abajo un bombachudo hasta las rodillas".

 

En el colegio funciona también la escuela especial Santa María, que este año celebra su 25º aniversario. El establecimiento cuenta con 95 alumnos que poseen discapacidades mentales y motrices. "Lo que siempre se buscó es la integración entre todos los alumnos de la escuela", expresó la directora de la EGB.


Pasaron cien años desde que se fundó el Colegio Madre Cabrini, por lo tanto cambiaron muchas cosas. Pero, para Monge, "lo que nunca se modificó es la mentalidad de educar los valores y el corazón".