LUGONES LEOPOLDO (1878 – 1938)

  En el año 1938 paralelamente a la aparición de dos grandes obras literarias el “Diccionario biográfico” de Guillermo Udaondo y “El arte de los argentinos” de José León Pagano, el país asistía conmocionado ante el suicidio de dos grandes literatos como el de Alfonsina Storni, que aquejada de un mal incurable se internó en las aguas de Mar del Plata , y el de Leopoldo Lugones, quien dos días antes de asumir como presidente de la Nación, Roberto Ortiz, se quitó la vida en una isla del Tigre ingiriendo cianuro.

" Pido que me sepulten en la tierra, sin cajón y sin ningún signo ni nombre que me recuerde. Prohibo que se dé mi nombre a ningún sitio público. Nada reprocho a nadie. El único responsable soy yo de todos mis actos.” Estas fueron las últimas palabras del poeta, quien el 18 de febrero de 1938 al salir de la Biblioteca del Maestro  donde trabajaba se dirigió al desembarcadero del Tigre, abordó la lancha La Egea  que lo llevaría al recreo El Tropezón, ubicado en una de las islas. Tomó la habitación 19,  y después de quitarse el sombrero  púsose a leer "Los que pasaban" de Paul Groussac.

Con sangre muy fría dió  un  breve  paseo y al regresar solicitó un whisky al dueño del local, el que acompañó con una dosis de cianuro.

Había quedado encerrado en esa noche que describiera alguna vez “como un gran cadáver negro”. Desde esa oscuridad clamaba por su mujer amada”. Uno contigo hasta la muerte”, “te mando la sangre de mis entrañas y ya no me interesa nada... me dejo morir”.

¡Detrás de un suicidio se esconde una historia y un enigma! Más la historia de Lugones se supo después de su muerte, sería una crisis de ausencia de  un gran amor secreto  entre  un hombre maduro,  casado, hombre correcto a carta cabal, -   poeta de discursos enfáticos y palabras altisonantes,  pero  incapaz de   una traición matrimonial -    con  una joven alumna del Instituto del profesorado a quien conociera en junio de 1926.

Leopoldo Lugones que había nacido en 1874 en Villa María del Río Seco,  Córdoba, empezó su carrera como periodista en “El Pensamiento Libre”, publicación de corte anticlerical.

En 1896 se marcharía a Buenos Aires para colaborar en “El Tiempo” y otros periódicos capitalinos y a partir de 1913 sería corresponsal de “La Nación”. Su ejercicio del periodismo además de leerse en sus artículos, aparecía con claridad en la metodología que utilizó para la construcción de libros de investigación como “El imperio jesuítico”(1904), “La guerra gaucha” (1905), ”El payador” realizando un estudio profundo del Martín Fierro, e  “Historia de Sarmiento” (1911)

El ejercicio de la cátedra que ejercía  desde  1907, se hizo efectivo en 1915, bajo la insistencia de Joaquín V. González, creador de la universidad bonaerense. A pesar de no poseer título y preparación universitaria, buscaría en el contacto con alumnos y profesores ese vínculo integral que sería cauce de su vida. 

Tan lleno y ávido de todos los saberes, gustaba lucir, con jovialidad y orgullo expansivo y sano, los frutos de su educación de autodidacto, y no era mera vanidad justificatoria, el recordar que muchos de nuestros grandes hombres se habían formado solos.

También dividió  su mundo entre literatura y política, y produjo enfado en sus contemporáneos su actitud cambiante en este último aspecto. Anarquista de joven, luego se adheriría  al partido Socialista al que habría de abandonar posteriormente.

          Hacia 1913 perdió la confianza en la democracia y pensó en el militarismo como solución a los problemas que, a su criterio Irigoyen no resolvía.

“En 1930 escribió  la proclama del golpe militar del general Uriburu, pero sintiéndose defraudado intentaría  formar una nueva agrupación política La Guardia argentina, pero  finalmente desencantado por la acción política de los dueños del poder,  se refugiaría en su espíritu literario.

          Serían estos cambios ideológicos que lo llevaron  de la admiración al desprecio, los  que alejarían al lector de su literatura intachable.

          El talento de Lugones es incuestionable” asevera Patricia Suárez en su artículo “El Tropezón” del diario La Capital, junio de 1995.

 

Bibliografía:

 Carece de autor: ”La pasión de Leopoldo Lugones”. Revista Viva. Publicación del día domingo del diario Clarín. Año 1998.

Cozarinsky Edgardo: “Lugones, defensor de los judíos”. Para La Nación, París,1998.

 

Lugones. Avenida. Topografía:

Corre de E. a O. Desde el Bv. Oroño a la Av. de las Palmeras, al S. del lago, en  el Parque Independencia.

Se le impuso ese nombre por Ord. 577 del año 1949 a la Av. De las magnolias.

 Recuerda al brillante escritor Leopoldo Lugones ( 1878 – 1938).