LUGAND ENRIQUE (¿ - 1956)

¿Cómo repercutió en Rosario el levantamiento del general Juan José Valle, de junio de 1956, contra el gobierno de facto de Pedro Eugenio Aramburu?


 Los líderes militares del levantamiento aquí eran el general Enrique Lugand y el teniente coronel Frascogna, jefe de la Fábrica de Armas.


El general Valle vino a Rosario, a la calle Zelaya 1136, donde hay una casilla atrás todavía. Esa casa pertenecía a un tal Duclós, que era propietario de casi toda la manzana, un hombre muy peronista. Allí solía reunirse gente ligada a la Resistencia, como Carlos Terrazzino, Constantino Razzetti, Carlos de la Rúa.

 

Allí tomamos contacto con el general Valle y con el general Cogorno. En la calle Zelaya se hizo, entonces, esa reunión en donde vinimos a ser virtualmente la primera representación de la juventud Marcial Martínez, con 17 años, y yo, con 19. Allí el general Valle nos dijo que, llegado el momento, la consigna iba a ser «A la madrugada se cortan las frutas». Para los comprometidos de guardia en el Regimiento 11 de Infantería, el santo y seña sería “San Juan”.


A partir de allí hubo una gran incertidumbre. Nos quedábamos hasta las 3 de la mañana esperando la consigna. Trabajábamos con Marcial en una carpintería grande que se llamaba Collins y a veces estábamos en el trabajo “cabeceando” de lo tarde que nos acostábamos.

Finalmente, el momento llegó, en junio de 1956...


Sí. Con Marcial estábamos en el cine Ocean y cuando nos enteramos fuimos a buscar a una gente que se había comprometido, que eran de la burocracia de las unidades básicas del movimiento, pero cuando les golpeamos la puerta se "borraron". Otros compañeros, que hasta ese momento no se habían comprometido, comenzaron a sumarse, como José Godofredo Menéndez, José Antonio Lapetina, Raúl Santiago Morales y Fernando Lopícolo, entre otros. No teníamos armas, recuerdo que Marcial se fue a buscar un machete enorme a su casa. Nos subimos a un camión y fuimos a tomar la empresa telefónica.


 Luego se marchó hacia el Regimiento 11 de Infantería y el único que pudo ingresar fue un tal Altieri, que conocía bien la entrada. Altieri se hace de una ametralladora y empieza a tirar para avisar que habían cambiado las guardias.


Allí descubrimos que los militares del regimiento, que eran partidarios de Eduardo Lonardi, lo habían traicionado al general Valle.
¿Qué otros puntos neurálgicos se tomaron?


Logramos tomar la planta de transmisión de LT2, en avenida Godoy. Un compañero nuestro, Roque Angel Jurjo, se puso a transmitir hasta que llegó la Gendarmería. Un comisario, Ricardo Julio Díaz, al mando de la comisaría 16ª, encerró a todos los agentes en una celda, distribuyó entre nosotros 14 carabinas y se plegó al movimiento junto con su sumariante, Carlos Eduardo Vigili.
¿Qué pasó entonces con el grupo ya armado?


Con esas carabinas, más algunas bombas molotov, logramos mantener a raya a la Gendarmería durante dos horas, desde los maizales que rodeaban a la estación de transmisión de LT2.

Hasta que finalmente caímos todos prisioneros, incluyendo a mi hermano que se había venido con Marcial cuando éste fue a buscar un revólver que había en mi casa. En Rosario no hubo muertos; sí ocurrió esto en La Plata y en Buenos Aires, en los basurales de José León Suárez.


Fue realmente un movimiento de masas, gestado bien desde abajo...


Sí. Fue una cosa tan hermosa todo ese fenómeno que se producía... Muchos compañeros se fueron haciendo conocidos después dentro del movimiento. Pero eso sí, nosotros no éramos adulones de ningún dirigente.


 ¿Qué pasó cuando fueron detenidos?
Nos llevan a la terraza de la Jefatura de Policía, en calle Santa Fe, donde está la estatua con los “caballitos”.


A los 21 que íbamos a ser fusilados, imponiéndonos la ley marcial que le habían aplicado a Valle, nos sacaban en ropa interior y hacía 5 ó 6 grados bajo cero.


El día 12 de junio de 1956 nos llevan a los 21 a fusilarnos. Viene con nosotros un capitán que se llamaba Gentile. Hace detener el ómnibus en que nos trasladaban para revisar el motor, en 27 de Febrero y San Martín.


En ese momento pasaba un tren de carga largo, que se puso a hacer maniobras. El tiempo corría. Me acuerdo de que el comisario Díaz, uno de los detenidos, nos rebeló entonces que íbamos a ser fusilados.


Me puse a rezar. Cuando llegamos al cuartel del Regimiento 11, estaba lleno de mujeres que pedían por nosotros. Entonces les anuncian que no iba a haber ningún fusilamiento. Hasta hubo una mujer que gritó “¡Viva Aramburu!”.


¿Qué pasó en el regimiento? Enseguida se nos hizo un juicio sumarísimo.


El coronel Magni comandaba todo ese proceso. Se determinó que nos «liquidarían» como escarmiento y para sembrar el terror.


En ese momento, cuando estábamos todos paralizados por el pánico, se escucha un grito: “¡Bueno, carajo. Está bien que nos vayan a matar, pero ¿nos van a dar de comer o no? Yo tengo hambre y quiero morir con la panza bien llena!”, dijo Marcial Martínez. Y agregó: “Lo único que siento es que no voy a poder ver el domingo el partido de Boca y Central”.
Yo me sentí orgulloso de que alguien que reaccionaba así en ese momento fuera mi mejor amigo y compañero de trabajo en el aserradero. Eso nos hizo levantar la cabeza.


¿Cómo se desencadenó el drama?


Iban a fusilar primero a Jurjo, un motorman de tranvía que había transmitido la proclama en LT2, entre las balas, hasta el momento de la rendición.
Entonces aparece corriendo en escena el capitán Gentile: “¡Mi coronel, pare todo porque han fusilado al general Valle!”.


Había llegado un télex informando que la muerte de Valle había creado gran conmoción y se ordenaba el cese de la represión.
 Sin embargo, el coronel Magni insistió: “¡Acá no se para nada y se va a cumplir con las ejecuciones, como corresponde!”.

 

Entonces, Gentile se opuso y lo mismo hicieron los otros oficiales. Después me enteré de que eran todos “lonardistas”, es decir nacionalistas católicos. Es decir que por un lado lo traicionaron a Valle, pero por otro nos salvaron la vida.

 

Bibliografía:
Transcripción de un fragmento del artículo de Eduardo Valverde “No éramos adulones de ningún dirigente” del día 4 de mayo de 2014, donde explicita con firmeza el movimiento revolucionario comandado por el general Valle y el general Enrique Lugand.

Lugand Enrique.  Pasaje. Topografía:
Corre de E. a O. paralelo a Tucumán y Catamarca, entre las calles Balcarce 300 y Moreno300.
Se ele impuso ese nombre por O. 2041 del año1974.
Recuerda  al General Lugand que junto  al General Juan José Valle se sublevaron contra la Revolución Libertadora, en junio de 1956.