LIMAY

Los itinerarios que tienen por nudo central la pintoresca Bariloche, labran en distintas direcciones páginas de verdadera maravilla pictórica.


La civilización y en este caso el empuje del hombre, al permitir desbrozar el misterio, ha dejado a su vez extensos márgenes para la hondura admirativa. Desbordan los cauces de las carreteras. Cada una tiene su meta fantástica, en una región casi alada, como la que lleva al lago Traful.


El mismo nombre del lago atrapa con su ensoñación. El Limay en tanto, caracolea entre las piedras, mientras las lomas con su derroche vegetal van asociando paisajes pastoriles.


Llueve cuatro veces más por año que en Bariloche, y esa humedad es una fiesta para cohíues, retamas, notros, ñires, lengas, cipreses, radales y los álamos que protegen de los vientos.


Entrevero de lianas. Y un zigzag demoníaco que hiende seguro la antigua maraña para renovación del espíritu, pues varios escenarios orlan “el valle encantado del Limay”.


Cuestas, hondonadas, vericuetos, se exhiben  en conjunción fantasmal. Son verdaderos anfiteatros morfológicos de una perfección tan acabada que evocan al instante, plazas de gladiadores o colosos de cemento tendidos.


De pronto, brota la maravilla geológica que nos interesa y que da nombre al valle, donde la erosión sobre las montañas las han hecho adoptar las formas más curiosas.


Sin duda alguna nos  permitimos predecir que esas garras rocosas que ascienden hacia el cielo corresponden a una transición entre el esqueleto andino y la meseta patagónica que se desplaza hacia el Atlántico.


La erosión ha diseñado verdaderas obras de arte, mientras un silencio perfecto acompasa al valle. Ese extraño y bellísimo  mundo pétreo , caben hasta la mitología y la historia  con su danza de héroes. En efecto a nuestro Gran Capitán lo ha esculpido la roca hasta con su peculiar Falucho.


Nos expresa otra vez Josefina Muñoz Azpiri:”Con sus protervas o mansas formas de cielo o infierno, reina el valle con un hálito de pesadilla. El viento, un duende pícaro, ruge entere aquella estatuaria monstruosa y no nos detenemos a pensar en el momento en que las sombras de la noche, caigan sobre cada imagen, porque la visión es más fuerte que nosotros.


Retomamos la meta. El Traful  - río dorado del salmón – sucede al Limay. Mientras lo contemplamos fluído y bello, la mente lo imagina rojo. Un rojo vivaz que no sabemos qué origen reconoce; si el lomo hermoso de los peces del lugar o el polvo de los castillos derruidos por la erosión que acabábamos de dejar”.


Hay de todo en ese rincón de la patria, desde un bosque sumergido hasta lagos escondidos y secretos. También se pueden visitar cuevas antiquísimas.

 

Bibliografía:
Muñoz Azpiri Josefina. “El valle encantado del Río Limay”.

Limay. Cortada. Topografía:
Corre de E. a O. desde 3700 hasta 3799 a la altura de Nahuel Huapi 4600, Ovidio Lagos 4600.
Se le impuso ese nombre por d. 19.381 del año 1956.
Recuerda al río límite entre las provincias de Neuquén y Río Negro.