El encantamiento de algunos rincones de la ciudad.
La ciudad no está constituida por un solo estilo, más bien se compone de distintos rincones expresivos y presencias construidas en distintas épocas de su historia.
Cada uno de estos rincones contiene elementos que le dan una característica muy particular, que se identifica con el término francés “collage”, adoptado como herencia de las realizaciones artísticas del Viejo Mundo.
Por ende, estamos en condiciones de afirmar que la ciudad está compuesta por verdaderos collages urbanos, cada uno con caracteres propios, que el ciudadano podrá interpretar en relación con el “libro de piedra de la humanidad” que es la arquitectura, la presencia de la historia, los aconteceres en el tiempo, la idiosincrasia de los lugares y de la gente que fue construyendo su ciudad.
Lástima que las urgencias actuales, el avance de la inevitable y acelerada tecnología han cercado estos icónicos lugares y el hombre actual pierde su vida pausada, en busca de un futuro un tanto incierto, resignando la imponencia de esas construcciones únicas e irrepetibles dentro de nuestra urbandad.
Frente a la plaza 25 de Mayo en la intersección de la calle Laprida y Córdoba, punto Sur-oeste con una cúpula de medio punto se erige uno de los rincones más emblemáticos de Rosario, La Bola de Nieve, que con su mensaje francés se dice que tuvo el primer ascensor de la ciudad allá por 1910.

Edouard Stanislas Louis Le Monnier nació en París, Francia, el 30 de septiembre de 1873, y murió el 14 de febrero de 1931, en Buenos Aires.
Fue reconocido por sus trabajos en Brasil, Uruguay y Argentina. Estudió en la Escuela Nacional de Artes Decorativas de París y se trasladó a Brasil hacia 1894.
Allí trabajo en distintos proyectos, como la estación General Carneiro de Belo Horizonte (Minas Gerais) y fue profesor en la Escuela de Bellas Artes de Curitiba.
Llegó a Buenos Aires el 1 de noviembre de 1896. En esta ciudad, desarrolló la mayor parte de sus proyectos y obras concretadas.
Muchas veces es necesario alejarse marcadamente del lugar que habitamos para poder comprender mejor algo que nos concierta o nos interesa. Esa circunstancia se produjo en el seno de una familia francesa, cuyo hijo emigró de su tierra natal rumbo a América, arribando el 1 de noviembre de 1896 a Buenos Aires, donde desarrolló la mayor parte de sus proyectos y obras concretadas, para luego instalarse en Rosario a sus treinta años de edad.
Fue así cuando Le Monnier, habiendo construido un edificio similar para la compañía de seguros Bola de Nieve, en Buenos Aires, diseñó la sucursal de Rosario, que finalizó en el año 1906, constituyéndose así como la primera construcción de seis pisos en la ciudad.
Es importe aclarar que el valor que posee no es sólo por construcción estética, sino más bien porque forma parte del entorno de la Plaza principal de nuestra querida Rosario.

Le Monnier fue un maestro abarcador con perspectiva universal al servicio del hombre en la plenitud de la vida, dejando su marca indeleble, enriqueciendo a su vez la cultura de nuestra ciudad.
Bibliografía:
Bonacci José Mario en Diario La Capital. Sección Turismo, 6 de marzo 2005.
Topografía:
El Honorable Concejo de Liberantes aún no ha asignado una arteria de la ciudad de Rosario, honrando al gran arquictecto francés.
Recuerda al consagrado arquitecto francés, Edouard Le Monier, creador de tan magnífica y única estructura arquitectónica de nuestra ciudad.