JURAMENTO (Pasaje)

El 27 de febrero de 1999,  en la gestión del intendente Hermes Binner fue inaugurado la última etapa de construcción  del Monumento Nacional a la Bandera, con la apertura del Pasaje Juramento.

Todo el espacio está al alcance de un corto trayecto de a pie, con un espejo de agua donde se emplazaron definitivamente el grupo escultórico de  Lola Mora.

El proyecto de emplazamiento   respondió a una iniciativa impulsada por el ingeniero Gualberto Venesia, y como resultado de un concurso nacional estuvo a cargo  de los arquitectos Alejandro Beltramone, Marcelo Ponzellini y Mariano Costey.

La idea fue conservar el valor patrimonial de las obras adecuando el entorno en relación al alto valor arquitectónico, histórico e institucional del Monumento a la Bandera. 

Por ello predominan el hormigón martelinado para los muros y  el puente y el pórfido y el mármol para los pisos. Para abrir este espacio, que mide 60 por 80 metros fue necesario demoler la parte posterior del Palacio municipal y una casona en Córdoba y Juan Manuel de Rosas.

La casa parroquial quedó debajo de un camino que atraviesa el pasaje de N. a S., detrás de la Municipalidad y la Catedral.

La restauración de las estatuas fue obra del artista Marcelo Castaño, quien trabajó junto a Isaac y Osvaldo Kransmansky, Miguel del Valle y Jorge Velázquez. Trabajo que estuvo dividido en varias etapas: la primera de documentación, la segunda de limpieza y una tercera de restauración y fijación de las partes flojas de las esculturas.

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Bibliografía:
El Monumento se acerca al Paraná. Art.  Diario La Capital del 4 de febrero de 1996.
Inauguran la primera etapa del pasaje Juramento. Diario La
Capital. 7 de octubre de 1997.

Juramento. Pasaje. Topografía:
Arranca el pasaje, entere los edificios del Palacio Municipal y  lo que queda de la antigua Casa Parroquial de la basílica Nuestra Señora del Rosario, en la calle Buenos Aires, entre Córdoba y Santa Fe, frente a la plaza 25 de Mayo y culmina en el Propileo Triunfal de La Patria, templo donde se realiza un respetuoso homenaje a aquellos  que por su propia voluntad hicieron el máximo sacrificio de entregar su vida para defender a la Patria.
Se los honra con el fuego eterno alimentado con el óleo sagrado encerrado en una urna de bronce. “la llama votiva”, donde se hallan las cenizas de los Granaderos muertos en el histórico combate de San Lorenzo.

Recuerda al nombre del río que cruzó el General Manuel Belgrano con su ejército cuando salió de Tucumán, antes de la Batalla de Salta y a sus orillas, (13 febrero de 1813) hizo jurar fidelidad a la bandera.