JUNÍN (BATALLA LIBRADA EL 6 DE AGOSTO DE 1824)

Día de la Patria es el de Junín, pues la gloria de la jornada tiene claros reflejos de aceros argentinos. Necochea, audaz y temerario sería acuchillado en la pelea, y Suárez, con su arrojo ganó la victoria. Dos grandes hombres del Escuadrón de granaderos a caballo, formado en Buenos Aires.


En ese día, los soldados rioplatenses, muy lejos de su Patria tenían en su mente y en su corazón, un firme designio de libertad y dignidad de los pueblos, que les había infundido San Martín.
Disuelto el Ejército de los Andes, quedaba allí un puñado de hombres para dar muestra de su heroísmo en las etapas finales de la liberación.


Orillando por caminos distintos, el Lago de los Reyes, las fuerzas realistas comandadas por Canterac y las tropas de Bolívar se hallaron a primera hora de la tarde en el llano de Junín. Ambos jefes se sorprendieron ante la presencia de sus enemigos.


Los americanos, que ocupaban las faldas de la cordillera, de inmediato recibieron orden de atacar. Orden dada a 900 jinetes, en tanto la infantería estaba a una milla en la retaguardia.
Avanzaron seis escuadrones de colombianos, dos del Perú y uno de los argentinos al mando de Necochea. Marcharon a enfrentarse con la caballería hispana muy superior numéricamente.


Desde las alturas vio Bolívar como los americanos se comprometían imprudentemente, dirigiéndose ciegamente a la derrota. Metidos entre un desfiladero y un pantano, nada les favorecía ni el relieve ni los recursos militares.
Sólo pensaban en morir con dignidad y arrojo. Y así aconteció ante el embate del adversario los escuadrones fueron doblegados y algunos se dieron a la fuga.


Mariano Necochea, herido de siete golpes de lanza, cayó de su caballo. Cundió la sensación de la muerte del jefe cuyo cuerpo quedaba en manos del enemigo. Más, hombre de agallas y corazón para dar aliento a sus soldados se sobrepuso al dolor y la muerte, a pesar de las catorce heridas de su cuerpo, cuatro sablazos en la cabeza, dos que le quebraron el brazo izquierdo, el que perdió en forma definitiva, y otras heridas menores.


Seguro entonces Canterac de la superioridad de sus fuerzas, al advertir signo alguno que representase un peligro, lanzó todos sus efectivos al combate. Ya no era cuestión de perseguir sino de aniquilar a los americanos hasta que se sintiesen vencidos.


Bolívar entendió lo mismo, y replegó todo el Estado mayor junto a la infantería ubicándose atrás de los españoles y a la orden de ataque arreció contra el enemigo. Éste ante tal embestida emprendió la retirada dejando 250 muertos en el campo de batalla.


Para la causa de América un desastre acababa de transformarse en una victoria, que sería el preámbulo de Ayacucho, y en consecuencia, de la independencia de América.

 

Bibliografía:
Revista Continente. Nº 17, Buenos Aires, 15 de agosto 1948.

Junín. Calle. Topografía:
Corre de E. a O. desde Avenida Francia hasta la Avenida 25 de Mayo.
Se le impuso ese nombre por O. 3 del año 1905.
Recuerda a la batalla de nombre homónimo, ocurrida el 6 de agosto de 1824 durante la liberación del Perú.