JOSÉ C. PAZ (1842 - 1912)

José Camilo Paz, a veces citado como José Clemente Paz y conocido como José C. Paz nació en  Buenos Aires, el  2 de octubre de 1842, en un hogar distinguido y rico, formado por José Ezequiel Paz Pereyra Mariño y de Jacoba Cueto Cernadas; nieto paterno de Juan Bautista de Paz y Figueroa y de María Placida Pereyra Mariño.


Descendía por línea paterna de la prestigiosa y distinguida familia de Paz y Figueroa de Santiago del Estero y Tucumán, cuyos orígenes se remontan a los hombres de la conquista española; "una antigua familia en la que se apreciaba el saber y la educación", al decir de Nicolás Avellaneda. Personajes ilustres como Jerónimo Luis de Cabrera, fundador de Córdoba; Diego de Villarroel, de San Miguel de Tucumán; Juan Ramírez de Velasco, de La Rioja (Argentina), y Francisco de Aguirre, de Santiago del Estero, son sus antepasados directos, estando además emparentado con los generales Lucas de Figueroa y Mendoza, gobernador de Tucumán en 1663, Alonso de Herrera y Guzmán, caballero de las órdenes de San Juan y de Santiago, con el Capitán Don Gonzalo Sánchez Garzón, que acompañó a Don Diego de Rojas en la "entrada" al hoy territorio argentino en 1542, y con infinidad de gentiles hombres de la época de la conquista.


Comenzó sus estudios en Buenos Aires, pero debido a la guerra civil que azotaba al país debió emigrar junto a su familia a Rosario. Allí pasó parte de su niñez y de su adolescencia.

Cuando en julio de 1859 la escuadra de Buenos Aires porteña – que  estaba en guerra con la Confederación- comandada por el almirante Murature trató de forzar el paso frente a nuestra ciudad,  José C. Paz se dirigió a las baterías ubicadas en la barraca de Guizetti (calle San Martín y el río Paraná), y gritó: "¡Viva Buenos Aires!".


Gesto que sorprendió a los soldados rosarinos que  servían en las baterías respondieron su bravura con algunas descargas, pero Paz salvó su vida al tirarse al río y nadando hacia los barcos porteños.


De esta forma regresó a Buenos Aires, con sólo 16 años y decidió alistarse en las tropas porteñas, comandadas por Bartolomé Mitre, y al año siguiente intervino en la batalla de Pavón siendo distinguido a pesar de su juventud.

 

Al finalizar la guerra civil se inició en la política. Comenzó militando en el Partido Autonomista de Adolfo Alsina, mientras comenzó a estudiar derecho.

En 1865, durante la Guerra de la Triple Alianza, creó la Sociedad Protectora de los Inválidos, que organizaba cuerpos de enfermeros que sanaban y trasladaban a los heridos de guerra que llegaban al puerto de Buenos Aires.


Desde allí eran conducidos al Hospicio de los Inválidos, también fundado por Paz. Para solventar los gastos de la Sociedad protectora de Inválidos creó el diario "El inválido argentino" que sería precursor del diario La Prensa.

 

El 18 de octubre de 1869 fundó el matutino La Prensa, que fue uno de los diarios de mayor importancia y tirada de Argentina y uno de los más populares de América.


En su primer editorial decía: "La independencia, el respeto al hombre privado, el ataque razonado al hombre público y no a la personalidad individual formarán nuestro credo... Verdad-libertad: he ahí nuestro punto de partida. Libertad, progreso, civilización: he ahí el fin único que perseguimos. No nos guía ningún móvil mercantil. Abrigamos la confianza de conservar la independencia suficiente, a más de la que nos es característica, para poder ser interpretes genuinos de la opinión pública".


El diario La Prensa comenzó siendo periódico de la tarde, bajo la dirección de Cosme Mariño (tío de José C. Paz por línea paterna), sin embargo habría de convertirse muy prontamente en uno de los grande matutinos, no sólo de Bs. As sino de América del Sur.

 

Desde su aparición, el 18 de octubre de 1869, mantuvo la línea de convicciones de su fundador, fervoroso demócrata.


Fue un diario serio en la información, que huyó siempre del sensacionalismo, tesitura que mantiene hasta nuestros días.

Su propósito era alcanzar todos los niveles sociales, convencido su autor de que existe una misión que cumplir en el periodismo: "Hacerse oír y hacerse entender".

Pretendía, además lograr una publicación moderna que llenase las necesidades de información de un país en avance, como lo era la Confederación hace un siglo y un diario en el que brillase la verdad y la honradez.

La Prensa tuvo como lema desde su punto de partida: "Libertad, progreso y civilización" y bajo el influjo de tales palabras desarrolló su plan de acción.


Desatada la terrible epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires, en 1871 organizó una comisión caritativa para ayudar a los enfermos que eran víctimas de la enfermedad que cobró miles de víctimas en la ciudad.


A tal punto llegó su solidaridad  que en ese año, el jefe de noticieros del diario enfermó y Paz dispuso, a costa de contraer él mismo la fiebre amarilla, que lo llevaran a su domicilio donde lo cuidó hasta que recuperó la salud.


La revolución de 1874 lo encontró del lado de Bartolomé Mitre. Al fracasar, debió exiliarse en Montevideo, donde terminó sus estudios de derecho.


José C. Paz se destacó como representante de la Generación del Ochenta que gobernó Argentina en las dos últimas décadas del siglo XIX. A su regreso al país y fue electo Diputado Nacional en 1879. Al tiempo decidió renunciar a su banca para aceptar la representación diplomática en Madrid. Cumplió esa función desde 1883 a 1885, cuando fue trasladado a la embajada argentina en París, donde permanecería por ocho años más.

En esos años en Europa trabajó resolviendo los problemas de nacionalidad de hijos de españoles nacidos en la Argentina y realizando las tratativas para la compra de armamento. Cuando volvió al país decidió dirigir personalmente su diario.

La especialización, tan de moda en todas las profesiones, invadió también las secciones que ampliaron su espectro: político, económico, social, meteorológico, gremial, deportivo, artístico, e información internacional.


Con el correr del tiempo La Prensa debió añadir a sus rasgos particulares modificaciones necesarias creando fracciones que respondieran a las distintas apetencias políticas.

 

El Dr. Paz comprendió siempre que es el diario, un instrumento de cultura, y un iniciador en el manejo correcto de las expresiones y las ideas.

Ese espíritu ha sido sostenido por sus descendientes, hijos y nietos que conservan la misma altura y probidad en la información.

En 1900 retornó nuevamente a Europa donde encargó al prestigioso arquitecto francés Louis-Marie Henri Sortais el diseño de una mansión de dimensiones inusitadas para la geografía porteña, el Palacio Paz, ubicado frente a la Plaza San Martín, que fue por entonces, la más grande de la ciudad y que su propietario no llegó a ver terminada.
Su familia fue la que finalmente habitó el magnífico palacete: su viuda Zelmira Díaz Gallardo y sus dos hijos, Ezequiel Pedro Paz Díaz y Zelmira Paz Díaz.

Nos dice el historiador rosarino  Miguel Angel De Marco (h) en su artículo "José C. Paz, renegado de Rosario": "En el Principado de Mónaco falleció el 10 de marzo de 1912 José C. Paz, fundador del diario "La Prensa". Se había radicado con su familia en Rosario en busca de un horizonte de paz y trabajo.

 

 

 

 

Bibliografía:

Lusarreta, Pilar de: "Reseña del periodismo argentino." En Historia de Levillier, Tomo V. Buenos Aires, 1968.

Galbán Moreno C: "Historia del periodismo argentino." Editorial Claridad,. Buenos Aires, 1943.

 

Paz, José C. Calle. Topografía:

Corre de N. a S. desde 800 al 3299, a la altura de Washington 500 y Ricardo Nuñez 500.

Se le impuso ese nombre por O. N°25 del año 1920, ratificada por D. 24209 del año 1959.

Con anterioridad se denominó presbítero Manuel Alberti

Recuerda a José Camilo Paz (1842 - 1912), fundador del diario "La Prensa" de Buenos Aires.