JORGITO

Aunque no existe Decreto u ordenanza que especifique el nombre completo o biografía que justifique este nombre, narraré que viajando en un taxi, el conductor, señor mayor y antiguo vecino del pasaje que lleva ese nombre, al enterarse de que escribo sobre la historia de las calles, me dio una versión muy emotiva del porqué del nombre “Jorgito”.

Vivía en ese pasaje un calderero, hijo de inmigrantes italianos de, quien había heredado de sus padres la profesión del manejo de los metales, y arreglaba cacerolas, pavas, cucharones y otros objetos.

Comenzaba José su jornada muy tempranamente acompañado de su esposa más gringa que él, porque había venido desde el Piamonte, Italia a Rosario, para casarse – no muy joven y en consecuencia hablaba un castellano demasiado italianizado.

El artesano solía contar a historia de su vida a los vecinos y por ende el origen de su oficio de calderero: “En la Italia - como él llamaba a su tierra - al fallecer mi padre y mi madre debí procurar el sustento de la familia compuesta por mi hermana y yo. Mi padre en vida muy tenaz y emprendedor supo despertar en mí el interés por este tipo de trabajo”.

Las máquinas de las fábricas ayudan a loa artesanos con la fuerza del calor a apretar el material, a modelarlo o limarlo, pero en los talleres muy modestos de los caldereros, el martillado consigue un fino tallado, haciendo verdaderas obras artesanales.

Vivía con ellos una sobrina adolescente que había tenido un niño obviamente de algún amor fallido, más el pequeño con sus gracias se convirtió en la luz de la casa.

En cuanto a la vida familiar un día se alteró, cuando su sobrina sintiéndose mal al recorrer hospitales descubrió que era víctima de una cruel enfermedad terminal (aquella que no respeta edades) y que era poco el tiempo que le restaba de vida.

Cuando murió tanto José como su esposa, decidieron hacerse cargo de la crianza y educación del pequeño. Ambos eran buenísimas personas que en su humildad honraban la vida.

Llenaron sus días como los del niño con verdaderos actos de amor y Jorgito creció en un clima cálido y placentero donde José sabía unir la sencillez con la dignidad, la paciencia con la funcionalidad de sus acciones, más la severidad con los sentimientos más puros.

Este caso enseña que las vidas pequeñas pueden hacer grandes cosas, aquellas que no necesitan de grandes luces y tecnología para ser felices y hacer feliz al mundo que los rodea.

Bibliografía:
Una narración tomada de la calle.

Jorgito. Pasaje. Topografía:
Corre de E. a O. desde 1800 hasta 1999, a la altura de Dorrego 2700.
Carece de designación oficial.