JACQUES AMADEO (1813 – 1865)

El  Presidente de la Nación, don Bartolomé Mitre a través del mensaje del 1° de Mayo de 1863, comenzaría su gestión gubernativa enunciando la necesidad de profundizar la educación pública, considerando que de la misma dependía en gran parte la felicidad y el porvenir de la república.

Su objetivo iba dirigido hacia la enseñanza secundaria y primaria, tal como lo había hecho Sarmiento con la creación de múltiples escuelas de nivel primario  más la formación normalista de maestros.

En ese mismo año, 1863, Mitre y su ministro Eduardo Costa crearon el Colegio Nacional de Buenos Aires, erigido sobre la base del antiguo Colegio Seminario y de Ciencias  Morales y  “llamado a tener una verdadera trascendencia nacional y destinado a despertar el sentimiento de fraternidad y de estrecha unión de los pueblos” – al decir de Ricardo Levene.

Abrió sus puertas a todos los jóvenes del país, fueran porteños o provincianos, sin distinción de clases sociales, donde se estableció una educación completa donde cursarían tanto  Letras y Humanidades y  Ciencias Morales, como Ciencias Físicas y Exactas.

Fueron nombrados como  rector el Dr. Eusebio Agüero  y director de estudios el Dr. Amadeo Jacques.

Jacques, digno ejemplar de hombre seguro de sí mismo, arquetipo de moral y rectitud sería una verdadera garantía para  la institución, haciendo  de la misma una verdadera casa de formación de jóvenes.

Nacido en París el 4 de julio de 1813, se doctoró en Letras en la Sorbona a los 24 años y después se diplomó de licenciado en ciencias naturales en la Universidad de París.

Durante su juventud pertenecería  a la pléyade de jóvenes que vieron  a Francia en plena reacción filosófica, científica y literaria, con el eclecticismo ilustrado de Cousin, con Villemain y Guizot.

Jacques pleno de entusiamo publicó con Simon y Saisset un clásico “Manual de Filosofía” para uso en colegios secundarios europeos,” más la revista “La liberté de penser” que mereció la admonición del clero.
       
Con el advenimiento de Bonaparte se suspendió dicha publicación y la marginación de sus cátedras le obligaron a expatriarse.
Desde Francia en el emblemático 1852, al leer las obras de nuestro consagrado educador   sanjuanino: “Educación popular” y “Argirópolis” pensó en fijar su residencia en  el Plata, y así  lo hizo,  desembarcando en Montevideo en abril de ese año.

Traía como bagaje un espíritu equilibrado y preparado para extraer los secretos profundos de la vida y una capacidad de trabajo fervorosa para ensanchar los dominios del saber.

No conforme  comenzaría  un largo peregrinaje en busca de trabajo acorde a sus capacidades,  y recomendado por el naturalista Humbolt  se trasladó primero a Entre Ríos, viajando después   a Rosario, Santiago del Estero y Tucumán donde realizó actividades ajenas a su preparación cultural, como la daguerrotipia y la agrimensura.

De allí nuevamente regresó  a Entre Ríos amparado por el general  Urquiza, por entonces presidente de la Confederación Argentina.
       
De espíritu inquieto realizó también expediciones al desierto, cuyas vivencias describiría en artículos periodísticos publicados en su tierra natal. Más en 1860 se dedicó como redactor de “El eco del Norte” y “El Liberal”.

Invitado por Marcos Paz, vicepresidente en el gobierno constitucional de  Mitre, recalaría en Buenos Aires para ocupar el rectorado del flamante Colegio Nacional de Buenos Aires, instituto donde se adoptarían  sus textos, programas y métodos  de estudio.

Con Jacques entró a esos claustros ganándose el respeto de sus discípulos, más aplicó  una reforma educativa tan contundente que rompió con el verdín escolástico del antiguo Seminario de Ciencias Morales.

Falleció en pleno ejercicio de sus funciones en el año 1865 y su figura fue inmortalizada por Miguel Cané en su obra “Juvenilia”, al  considerarlo  el hombre más preparado que por entonces había pisado tierra argentina.

 

Bibliografía:
La expuesta en el texto: Miguel Cané, autor de  “Juvenilia”. 

Jacques. Pasaje. Topografía:
Corre de N. a S.  desde 900 hasta 999 a la altura de José Ingenieros 2600.
Se le impuso ese nombre por O. 4668, setiembre de 1977.
Recuerda al educacionista Amadeo Jacques (1813-1865) quien contribuyó  fehacientemente al progreso de la enseñanza en nuestro país.