IBERIA

Llamada así por los griegos en alusión al río Iberus, actual Ebro, Roma prefirió denominarla Hispania, refiriéndose a una característica zoológica de esas tierras en la antigüedad "ser tierra de conejos" que es lo que etimológicamente significa.

Esa denominación derivada de la lengua cartaginesa "Hispania" fue transformándose primero en Spania y por último en la voz castellana, España.

Es bien conocido que desde tiempos remotos la Península Ibérica fue tierra de atracción para pueblos que contribuyeron con su sangre y su cultura a que España se proyectase como nación en la Edad Moderna.

Siete siglos de presencia de Roma respaldada por un poder político indiscutible y por una clara vocación imperial dejó su huella sobre la población peninsular.

Roma se propuso a partir de los años 208 - 204 a.C. ingresar ese territorio ocupado en su propio entorno cultural. Ciertamente su programa no era meramente político - económico sino claramente cultural, donde los aspectos particulares como la administración, el derecho, la lengua y la religión serían facetas del proceso de romanización.

Esto significó la definitiva integración de los peninsulares al ámbito de la civilización mediterránea, inserción que no fue fácil ni sencilla.

Una de las razones fue que España en vísperas de la presencia romana y de sus primeras campañas, no contaba con una población homogénea pues existían diferentes etnias de origen distinto que se traducía en cambios profundos tales como la lengua, creencias, rasgos raciales, culturales y de nivel social.

Por otra parte Roma como entidad compleja a través de los siglos fue imponiendo su cultura en las tierras conquistadas.

En cuanto a la lengua y a la religión que son los factores que definen la identidad de un pueblo llevaron un largo proceso de adquisición, así la diversidad religiosa que imperaba en las poblaciones de la Iberia más el culto romano hicieron que después de tantos siglos de permanencia de Roma, subsistiera una fe que incluso ha llegado hasta nuestros días.

Tampoco fue fácil la latinización pues no se había terminado en los años finales del Imperio Romano de Occidente. En efecto al lenguaje de magistrados, funcionarios y maestros colonizadores se sumaron las lenguas habladas por esclavos y mercaderes procedentes de la Galia, Siria, Africa, Tracia, etc...

Inicialmente el territorio ibérico, fue dividido en dos provincias: Hispania Citerior (la más cercana geográficamente a Roma, que comprendía el Este y Noreste peninsulares) e Hispania Ulterior, más alejada de la metrópoli. Augusto, en el siglo 27 a. C. dividió esta última en dos nuevas provincias Lusitania y Bética. El emperador Diocleciano en el siglo IV creó la Cartaginense que abarcaba el centro más Las Baleares.

Por otro lado el Norte de Africa fue integrado a la Hispania con el nombre de Mauritania Tingitana (actual Tánger.)

Por lo tanto Iberia o Hispania en el siglo V se componía de siete provincias romanas.

 

Bibliografía:
Gran Enciclopedia de España y América. Tomo I. "Los habitantes." Ediciones Espasa - Calpe - Argantonio. Edic. Andaluza, 1983.

Iberia. Pasaje. Topografía:
Corre de E. a O. desde 3200 al 3299, a la altura de Crespo 2900; Castellanos 2900.
Se le impuso ese nombre por O. 1578 del año 1961.
Recuerda la designación que le dieron los griegos antiguos a España.
Con anterioridad se denominó Pasaje Sílvester y Pasaje Triunfo.