HOPKINS EDUARDO


Mientras la apertura del puerto de Buenos Aires autorizada por el Reglamento del Comercio Libre de España, coronando el crecimiento mercantil porteño del siglo XVIII, las costas rosarinas a pesar de su extensión estaban desoladas y barrancosas.


Buenos Aires no sólo era la capital política, sino el puerto principal de una vasta región geográfica, que llegaba hasta el Alto Perú. Las exportaciones de cueros, provenientes de la campaña vecina, se multiplicaron por diez en diez años. Pero el rubro principal era la plata del Potosí, que salía en monedas, piñas o lingotes.


Hacia mediados del siglo XIX las cosas comenzarían a mostrar otro cariz.


Desde los últimos años de Rosas, la ganadería mostraba signos d recuperación, alentada por la demanda creciente de cueros y carne salada por parte de los países americanos y europeos, particularmente hacia 1850.


Entre los años 1823 a 1850 la entonces y fiel Villa del Rosario pasaba por una época de transición o retardo operándose recién al final de ese período cierta prosperidad en el comercio. La causa principal de ese retraso se debía a que el grandioso Paraná permanecía cerrado y las barrancas ignoradas.


Santa Fe en ese mismo siglo sería una de las provincias más privilegiadas por contar con un suelo y clima apto para la agricultura, por lo tanto necesitaba una gran vía fluvial dispuesta al tráfico.


En virtud de la resuelta y enérgica conducta de la población de Rosario para quebrantar el poder del dictador Rosas en el momento decisivo, como agradecimiento el general Urquiza, en su carácter de Ejecutivo provisorio de la República gestionó de inmediato ante el gobernador Domingo Crespo que para que éste presentara ante la Legislatura provincial, la moción de convertir la villa en ciudad y sus respectivos privilegios.


Después de Caseros (3 de febrero de 1852) por Decreto de 28 agosto de ese año ya declarada ciudad, le otorgó la concesión de puerto de ultramar (1854),es decir habilitado con el derecho de practicar el comercio con todas las naciones.


 Instada la Aduana en 1855, sería la de mayores ingresos después de Buenos Aires. En octubre de ese año entraron al puerto 69 buques con 2.234 toneladas y salieron 60 buques con 1600 toneladas.


La separación provisoria de la provincia de Buenos Aires del resto de la República trajo acto seguido como consecuencia la sanción de la famosa Ley de los derechos diferenciales a la exportación  del  19 de junio de 1856 por el Congreso de Paraná.


La facilidad de comercio y abundantes ganancias hicieron de Rosario la segunda ciudad del país.


Expresa Miguel Angel DE Marco (H): “Es bueno decir que hasta entonces el Rosario no tenía muelle alguno y que recién en mayo de 1855 el Gobierno de la Confederación dispuso la construcción de un muelle que estuvo a cargo de Eduardo A. Hopkins, ciudadano norteamericano y agente general de los Estados Unidos ante el gobierno del Paraguay.


Simultáneamente fundador de una compañía de vapores que unía ambos países, quien al estar anclado en 1855 su barco “Asunción” en nuestra costa, sorprendido por su extensión y desolación con visión de empresario de inmediato solicitó al Ministro del interior del Gobierno Nacional, doctor Santiago Derqui, la concesión de 200 yardas cuadradas de terreno sobre la zona costera entre Rosario - Paraná y Corrientes, (siendo las mismas propiedad del Estado), con el objetivo de construir muelles en las dos primeras ciudades, a partir del 1° de agosto con un plazo de seis años provistos de almacenes para mercaderías, talleres, depósitos de lana y todo artículo de comercio legal”.

 

A los veinte días, el Vicepresidente Salvador del Carril y el Dr. Derqui aceptaron la propuesta,firmándose el contrato ante el escribano Narciso Baños, previa demarcación topográfica de los agrimensores Blyth y Bustinza.


Ese mismo día Hopkins convocó a lo más representativo de los vecinos, ofreciéndoles acciones, después de presentar planos y presupuestos.


Fue tal la acogida que la firma “Asociación del Muelle del Rosario, S. A: suscribió mil acciones de 20 pesos fuertes, que hasta el Presidente de la República,hombre dueño de fortuna personal y jugosos negocios hubo adquirido 200 acciones.


Al cabo de tres meses la Confederación felicitaría a Hopkins “por el éxito de sus afanes y por la inteligencia y actividad que desplegara sobre esta tierra joven y anhelante de espíritus emprendedores y capaces”.


El 28 de febrero de 1857, nuestro puerto es de puertas abiertas a barcos de todas las banderas - especifica el diario La Confederación de Federico de la Barra.


Fiel al lema “Tarea cumplida”, Hopkins regresó a su tierra natal y su obra hecha de esfuerzos, sudor, lágrimas y éxito final se desmoronaría por la fuerza de la naturaleza: “cuando una fenomenal crecida del Paraná arrolló  la ciudad hasta inundar la misma Aduana.


 Los muelles fueron cubiertos por las aguas a tal punto que embarcaciones de tres pies de calado navegaban fácilmente sobre ellos.”


El muelle de Hopkins fue adquirido después por Aarón Castellanos, permaneciendo en manos de particulares  hasta su venta a la Nación en 1888.


Hasta 1902, las instalaciones portuarias de Nuestra ciudad, se dividían en dos grandes áreas: la de los muelles nacionales que ocupaban el espacio que iba desde  el viejo túnel  del Ferrocarril Central argentino (Hoy Sarmiento y Av. Illia) hasta la calle Maipú y  la de los particulares (cuyos dueños eran  Comas Y Castellanos) desde Maipú hasta la bajada de calle Rioja, cerca de la actual Estación Fluvial Rosario.


 Sus barrancas de 20 metros  de altura  más la profundidad del río  permitían la exportación  sin necesidad de construir muelles.

 

 

 

Bibliografía:
Chaparro Félix: Noticias prehistóricas sobre el puerto de Rosario. La Capital, 15 de julio de 1939.
Mikielievich Vladimir C: “Diccionario de Rosario”. Tomo X. Rosario, 1964.

Hopkins. Calle. Topografía:
Corre de E. A O. con trazado de arco desde Ovidio Lagos hasta Av. La Haya.
Se le impuso ese nombre por D. 24.341 del año 1960.
Recuerda a Eduardo Hopkins, constructor en 1856 del primer muelle del puerto de Rosario.