HOLMBERG EDUARDO KAILITZ, Barón de (1778-1853)

Nos dice Miguel Ángel De Marco: “El espíritu socarrón, a veces ácido del criollo, se trasunta en la interminable suerte de motes aplicados a personajes más o menos importantes de nuestra historia. “El Zorro” y “El Peludo”, “El Chino” y “El Gringo” definieron la astucia de Roca, la menguada sensibilidad de Yrigoyen, los rasgos físicos de Victorino de la Plaza, el origen paterno, el vozarrón de bajo y la gigantesca talla de Carlos Pellegrini. (...)


Siempre me impresionaron los apodos de dos militares, reflejo de sus particulares figuras  y proceder: “Rompesquinas y Cincuenta palos”. El primero fue para el irlandés Tomás Craig; el segundo para el barón de Holmberg.


La historia del austríaco barón de Holmberg comenzaría a fines del verano de 1812, con exactitud, el día 9 de marzo, cuando arribó al puerto de Buenos Aires, procedente de Londres la fragata inglesa Canning, trayendo a bordo al coronel José de San Martín con otros compatriotas, entre ellos  Carlos María de Alvear y Matías Zapiola.


Holmberg nacido en 1778, pertenecía  a una noble familia tirolesa.


Cursó estudios militares en Alemania, logrando el empleo de teniente de las guardias Walonas.


Simpatizando con la causa americana, se embarcó en Inglaterra, enrolándose ni bien llegado en las filas del Ejército del Norte, a las órdenes de Belgrano.


Arribado al Río de la Plata el extranjero puso su eficiencia al equipar y estructurar el parque y la maestranza de la expedición participando activamente en la memorable batalla de Tucumán.


El prócer en su comunicación al Gobierno porteño de turno, el Triunvirato, diría “le correspondió a Holmberlg conducir la Bandera creada en Rosario, hasta la catedral de Jujuy para su bendición por el canónigo Gorriti”.


Su presencia en las fuerzas producía descontento general, porque si bien era un militar calculador y científico, a tal punto que la suerte de las batallas eran para él tan fácil como resolver una ecuación matemática, su rigor prusiano no condecía con el comportamiento de los milicianos y el general Belgrano se vio obligado a darle la baja en esa fuerza patriota.


Bajó después a Entre Ríos a construir las baterías de Punta Gorda, y otra vez su rigidez produciría malestar entre los pobladores: “Hay que combatir la mala costumbre de la siesta” expresaba en su informe al gobierno, y al no lograr que los soldados trabajaran a la luz de la luna, agregaría enfáticamente: “Cuando el servicio del Estado lo exige no se pregunta al individuo: ¿Quieres?, sino se le dice claramente, debes”.


Después se le encomendó el mando de las fuerzas que guarnecían Santa Fe, donde propuso un plan estratégico de defensa. El gobierno aprobó sus previsiones y se dio a la tarea de ponerlas en ejecución.


Lugar donde que se le asignó el singular mote de "cincuenta palos" por su trato a los soldados.


El coronel austríaco poseía un carácter frío y distante, con una formación militar espartana a tal punto, que según dice Urbano de Iriondo en sus apuntes de la Guerra de la Independencia: “El Barón Holmberg era cruel con sus subordinados a los que aplicaba por la menor falta, cincuenta palos, quienes quedaban exánimes e impedidos de seguir trabajando”.


Facundo Arce, al referirse a las medidas exigentes adoptadas por Holmberlg, en 1814, para batir a los partidarios de Artigas, no dio resultado alguno. Después de ser abatido por José Eusebio Hereñú, terminó preso.


Tras obtener su libertad, fue designado comandante de las baterías del sitio de Montevideo en carácter de ingeniero, patente que había solicitado.


Después de los sucesos de 1820 en Buenos Aires, pasó varios años desterrado en Martín García hasta servir ocasionalmente en la marina durante la época de Rosas.


Después de  la derrota de Caseros (3 de febrero de 1852) se lo incorporó a la plana mayor pasiva.
Murió el 24 de octubre de 1823.


Estaba casado con una prima hermana de Carlos María de Alvear, doña María Antonia Balbastro, de gran nivel social en el tiempo que les tocó vivir.


Acota el historiador De Marco: “Quizá en sus últimos momentos, al evocar su Tirol natal y recordar a su valiente padre, soldado de Napoleón y acérrimo partidario del Emperador, pensó en el amargo destino que, en vez de hacerlo brillar como a todos sus compañeros de la George Canning, en las batallas de la Emancipación, lo había reducido a oscuros puestos y a quedar en la historia como el hombre duro que, para imponer disciplina, ordenaba sin vacilar aplicar “cincuenta palos”.

eduardo.html

 

 

Bibliografía:
Yaben, Jacinto R: Biografías argentinas y sudamericanas. Buenos Aires. Metrópolis, 1938/40. Tomos III. Pág. 106.
De Marco Miguel Ángel: "De los hombres, la patria y el coraje". Fundación Mater Dei Rosario.1993.

Holmberg. Calle. Topografía:
Corre de E. a O. entre las calles Du Graty y Luca, desde 700 hasta 999.
Se le impuso ese nombre por D. 21.748 del año 1958.
Recuerda al coronel Eduardo Kailitz, barón de Holmberg, (1778- 1853) guerrero de la independencia.
Con anterioridad se llamó Pasaje B.