HERTZ ADOLFO

Nos dice el historiador Vladimir C. Mikielievich  en su obra inédita Diccionario de Rosario: “Adolfo Hertz no pudo escapar  a su destino trágico  que parecía escrito de antemano. Pasión y guapeza en sus escritos y suicidio en el escenario de la vida”.
Yo llamaría “Crónica de una muerte anunciada”.


Adolfo Hertz fue un personaje atípico, un admirador del paisaje urbano que sabía disfrutar cuando caminaba la ciudad.


Aparte de de ser un observador del espacio geográfico supo captar  la disparidad socio – económica de la gente. Diferencias que siempre existieron  y existirán.


Por eso fue un eufórico  batallador en las columnas del diario “El Municipio”, en el que era escritor, administrador y gerente.


 Hertz que nunca obtuvo un status social ni el reconocimiento cultural que él sabía que le correspondía, la rebeldía le bullía en su interior, defendiendo primero  una  educación  de  inclusión  para los  más necesitados porque después de Pavón  la instrucción pública en Rosario  pasó a manos de la Municipalidad.


Defendía todo lo concerniente  a la ilustración  y moral de las personas de ambos sexos,  atendiendo tanto al cuidado de las escuelas de primeras letras, como a las escuelas de arte, oficios y agricultura.


Según Mikieklievich la carencia de fondos desalentó la idea de abrir nuevas escuelas y sugirió la conveniencia de subvencionar establecimientos particulares  dispuestos a educar niños provenientes de hogares faltos de recursos, abonando mensualmente dos pesos por cada varón y un peso por cada niña.

Ello dio origen  a la creación  de varias escuelas  con improvisados maestros, pero esos  establecimientos de origen extranjeros  dedicaron sus esfuerzos a la niñez, pero a la niñez privilegiada.


Pensaba profundamente  que la escuela era generadora de un semillero que podría en el tiempo lograr  una sociedad más justa, democrática y solidaria. 


Hertz como segunda temática, desde las columnas de “El Municipio” criticó  sin miedo a ese sector minoritario, a esa oligarquía que sólo le importaban los intereses económicos despreciando  los sectores populares y anteponiendo siempre sus vínculos con Europa.


También se ocupó de la política combatiendo con su pluma  a  Roca que si bien  se preocupaba  por colocar al país en un mejor nivel internacional,  llevando na cabo numerosas obras públicas atendiendo el pueblo pagaba un gran costo social.


Hertz, era  la  voz cantante de los problemas derivados de los nuevos sistemas de trabajo, defendiendo  a  los trabajadores y su creciente pobreza, factores que derivaban  en conflictos.
Según él,  los hombres que constituían el poder público nacional  carecían del sentimiento de humanidad cuando no los afligía  el estado desesperante de las clases obreras.


.Desde ese periódico vociferaba diciendo: “Se observa de un tiempo a esta parte cierta agitación entre los elementos trabajadores, y aún aquéllos que ganan el miserable pedazo de pan en compensación  de su sangre, sufren los efectos del malestar general y se resuelven luchando por mejorar su situación.


Cuán terrible ha de ser la situación de los infelices que no pueden subvenir a las necesidades de su hogar, si hasta los que conservan un jornal apenas pueden procurarse algún mendrugo, un poco de luz y un ruinoso techo. Situación que  aumentará su trascendencia, extendiéndose por todo el país”.


Desde sus escritos vivenciaba dolores propios y ajenos,  conflictos unos  de carácter político y otros de la privacidad de su existencia.

Fue así que el enigma de su suicidio producido el 24 de setiembre de 1890, sembró toda clase de interpretaciones contradictorias en la ciudad. Sobre su mesa de trabajo dejó un artículo inconcluso

 

Bibliografía:

La expuesta en el texto.

 

Hertz Adolfo. Pasaje. Topografía:

Corre de N. a S. entre las calles Juan Manuel de Rosas y Buenos Aires, desde la calle Centeno  a la avenida Uriburu.

Se le impuso ese nombre por D. 157 del año 1925.

Recuerda  al administrador gerente del diario El Municipio, que se suicidó en Rosario el 24 de setiembre de 1890.