HERNÁNDEZ LARGUÍA HILARIÓN (1892 – 1978)

Felices los arquitectos/ pues ven su idea levantada, escribió cierta vez Eduardo Mallea. ¿Ojalá fuera  siempre así! Pero es cierto que la felicidad de ver la obra concretada  no tiene límites...

La arquitectura  nace de una vocación, y esa vocación  es la de construir: una vocación de hornero. O quizás mucho más como decía Sarmiento, los animales hacen  su nido siempre casi igual, son los seres humanos los que innovan, los que van variando las formas de sus casas. Y la arquitectura es cosa humana,
 profundamente humana, espiritualmente humana.

Según Prigogine: No sólo por esa tradición de variar las formas estilísticas, fruto de su capacidad de bifurcar su pensamiento –- : “lo que hace que la arquitectura sea algo tan humano es que la impulsa un ideal, como la areté” ( la virtud de los antiguos griegos).

Nos informa Aníbal Fucaraccio sobre Hernández Larguía :”Su cuna le abrió el camino. Hijo de una familia acomodada en el país desde el siglo XVII, Hilarión fue un adelantado que creó, modeló y legó un universo cultural único para la ciudad de Rosario. Proyectista  y artista, incansable promotor, fue uno de los  actores más destacados e influyentes de la arquitectura moderna en toda la región. Un maestro que se preocupó por transmitir su pensamiento con compromiso y autoridad. Un hombre de acción que no conoció límites disciplinares.”

Reitero: “La medida de sus ideales no tuvo contención al punto de fundar junto a otros colegas la Asociación de Arquitectos de Rosario e interviniendo  en la ley que reglamentó el ejercicio profesional en la construcción.”

Nacido en Buenos Aires en 1892, creció en el campo y murió en Rosario en 1978.
En 1912 ingresó a la carrera de Arquitectura  de la Universidad Nacional de Buenos Aires, graduándose en 1916. Incursionó en el periodismo como colaborador en las revistas “Ideas” y “Clarín” entre 1914 y 1920.

En 1924 arribó a Rosario y fundó su estudio junto a  Juan Manuel Newton, siendo hasta 1930 el principal comitente del Banco Edificador Rosarino. Durante  esa década y la siguiente del 40, en su estudio se incrementaron los trabajos en construcción de viviendas y casas de campo.

La máxima expresión ciudadana  de su racionalismo fue la creación del edificio del Museo Castagnino.

Años más tarde ya separado de Newton como socio, construyó La Mercantil Rosarina, en la ochava de Mitre y San Lorenzo.Estuvo casado con Lucía Correa Morales, de cuya unión nacerían dos hijos famosos por su capacidad para el arte: Iván y Cristián.


Fucacaccio agrega: “Desde 1937 fue el primer director del Museo Castagnino, al que convirtió en un gran foco de irradiación cultural. Se comprometió con gran cantidad de entidades culturales y desde cada plataforma, apoyó la producción de expresiones creativas”.

Su labor y su ideología dejaron huellas tangibles.


Su principal receptor en la arquitectura fue el Estudio II (letra que lo homenajea) constituido entre 1967 y 1970 por Rufino de la Torre, Aníbal Moliné, Alberto Santanera , Daniel Vidal, Armando Torio y Raúl Utges. Pero también captaron su legado Gary Vila Ortiz, Jorge Riestra (literatura),Rubén de la Colina y Rubén Naranjo (artes plásticas), que no dudaron en reconocerlo como a un referente.

 

Nacido en Buenos Aires en 1892, creció en el campo y murió en Rosario en 1978.

 

 

Bibliografía:
Fucaraccio Aníbal en publicación diario LA CAPITAL 1867 – 2007. 15 de noviembre .140ºAniversario. Pág. 138.

Larguía corresponde a Hernández Larguía Hilarión. Pasaje. Topografía:
Corre de Norte a Sur a la altura de Bv. Seguí 400


Es una cortada que se extiende desde el 3401 al 3599.


Carece de designación oficial.
Recuerda al notable arquitecto rosarino cuya obra máxima fue el Museo Castagnino.