HERNANDARIAS, EL ASUNCEÑO (1564 - 1634)

Debemos aceptar, sin ánimo de discriminar, que las razas blancas han demostrado a través del tiempo una superioridad para la organización  de la sociedad,  el trabajo y la cultura. Los dioses y los héroes de la Ilíada pertenecían a la raza blanca, lo mismo que los estadistas, los filósofos y los poetas de Grecia y Roma; blancos eran los llamados pueblos bárbaros que repoblaron el mundo romano, blancos los pueblos tanto cristianos como  heréticos del medioevo europeo, blancos los que promovieron el Renacimiento de las ciencias, las letras y las artes que iniciara  una nueva era en la historia de la humanidad y blancos fueros los descubridores y conquistadores del “Nuevo  Mundo” que se encontraron con razas indígenas menos civilizadas, que sin ser negras como los africanos tampoco eran blancos como ellos.


A mediados del siglo XVI, don Juan de Sanabria, firmaba con el  rey de España las capitulaciones que lo llevarían  a un destino de Adelantado  en el  Río de la Plata, más la muerte lo sorprendió antes de partir.


Su viuda, mujer fuerte  y de decisiones rápidas resolvió continuar con la  empresa de viajar al Nuevo Mundo embarcándose  con medio centenar de mujeres rumbo a Asunción del Paraguay. Todas ellas de tez blanca transparente.


Pese a las desventuras de la travesía: hambruna, mar embravecido, asalto de piratas franceses, el insólito contingente blanco  pisó suelo americano.


Ni bien hubo arribado una de las hijas del extinto se casó, y de esa unión nació  un niño de tez trigueña y rasgos indianos que bautizó   originalmente  Hernando Arias de Saavedra, niño con un destino de gloria pues un día sería el  primer criollo que gobernara  el Río de la Plata.


 Desde muy joven el hijo de esta tierra,  manifestó al igual que su madre,  espíritu de aventura en razón de que adentrándose en terrenos ignotos e impenetrables llegaría  victoriosamente  a participar en la fundación de Concepción  del Bermejo y de Corrientes.


Ya maduro, desempeñando  funciones de Teniente gobernador titular,  elegido por consentimiento  del pueblo asunceño, demostraría  aptitudes para gobernar tanto a blancos como mestizos y negros.


El virrey del Perú  en  base  a sus aptitudes innatas de funcionario y militar en 1592 lo  designó Gobernador y Capitán General del Paraguay y Río de la Plata, y seis años después haría  una entrada triunfal en Asunción, en medio de una ovación popular junto a su  medio hermano, el Obispo Fray Hernando de Trejo y Sanabria (fundador de la Universidad de Córdoba).  


Ambos, ante la multitud expectante y con la humildad de los grandes se inclinaron reverentemente ante su madre, doña María de Sanabria. Hecho familiar que significó el respeto    de Hispanoamérica ante la  Madre Patria.


Hernandarias  defendió a muerte   los derechos de los aborígenes tanto que en 1603 reglamentaría  con Ordenanzas las obligaciones de los encomenderos.


Parece mentira que en el siglo XVI y  XVII fuera hacedor de leyes relacionadas con la elevación del nivel de vida de los naturales, íntimamente ligadas a su criterio sobre  derechos humanos.


Entre  ellas impuso que no se obligase a trabajar  a indígenas  menores de 15 años y mayores de 60, obligándolos a vestirse y a organizarse en pueblos, confiando su educación  a los frailes misioneros.


Por otra parte auspició en 1607 la instalación de una serie de reducciones indígenas llamadas "misiones jesuíticas", donde se les ofrecía a los indios,  protección contra otros españoles y también contra los portugueses ( ávidos de  su mano de obra) como también  evangelización de  la fe cristiana y nuevas formas de trabajo como pintura, escultura y artes menores.


En aquellos tiempos como el ganado se había multiplicado enormemente  en las llanuras bonaerenses y santafesinas, los propietarios rurales organizaban  una suerte de caza de vacunos: " las vaquerías" donde emboscaban ganado cimarrón para aprovechar el cuero y el sebo, y en menor escala, su carne para abastecer la los poblados.


Hernandarias de espíritu muy práctico, fomentaría el trabajo agropecuario en razón de que dejaba un saldo redituable, permitiéndoles  comprar artículos de hierro,  e instrumentos de labranza.


No toleró el contrabando del puerto de Buenos Aires, donde a cambio de colocar productos agrícolas y cueros, los barcos españoles descargaban muebles, libros, vinos y hasta esclavos.


Durante los veinte años en el desempeñar sus funciones de gobernante se mostró como un gran civilizador, a tal punto que casi  350 años  después de su existencia, el Académico de Número, el Dr. Raúl Molina insertó en el Boletín N° XXVII de la Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires 1956, la siguiente expresión: "Hernandarias... Primer Gobernador criollo que pudieron ostentar estas provincias del Río de la Plata, elegido el 13 de julio de 1592, como fue por el Cabildo y pueblo de la Asunción, por entonces cabecera de las misiones, sus restos descansan en este suelo de Santa Fe".


Yerno de don Juan de Garay, ningún hombre de la conquista como él alcanzó mayor gloria por su valor indomable y sus valores espirituales".

 

Bibliografía:
Gianello Leoncio :"Historia de Santa Fe". Santa Fe. 1950.
Mantilla Manuel F: "Crónica histórica de la ciudad de Corrientes". Buenos Aires.1928.
P. Furlong Guillermo: "El P. José Cardiel y su Carta- Relación de 1747". Bs. As. 1953.

Hernandarias. Pasaje. Topografía:

Corre de N. a S. desde 3900 hasta 39999 a la altura de Presidente Quintana 1200.
Se le impuso ese nombre por D. 21.677 del año 1958.
Recuerda al gran civilizador  asunceño Hernando Arias de Saavedra (1564 - 1634.)