GROUSSAC PAUL (1848-1929)

Corría el año 1929... Había avances en materia de comunicaciones. Ya funcionaban tres radios en Buenos Aires y una radio llamada  Capitol en  la ciudad de Córdoba.
 Año que se inauguró una balsa para autos para unir Santa Fe y Paraná.


Año en el que se estableció el correo aéreo entre Estados Unidos y Buenos Aires y la empresa Aeroposta unía la Capital Federal con Comodoro Rivadavia.
Frente a la crisis mundial que ya provocaba sus primeros efectos, el presidente Irigoyen decretaba la clausura de la Caja de Conversión.


Ese año Gardel grabó 143 temas para el sello Odeón mientras en teatro primera vez se estrenaba el sainete de Alberto Vacarezza “El conventillo de la paloma”, un clásico del género nacional.


Salían a la luz nuevos libros entre ellos “Humaitá”,  segundo libro de Manuel Gálvez sobre la Guerra de la Triple Alianza y “Los siete locos” de Roberto Arlt.


1929... moría ciego y enfermo el escritor de origen francés Paul Groussac que hasta entonces estaba al frente como Director de la Biblioteca Nacional.

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Francois Paul Groussac, nacido en la ciudad francesa de Toulose en 1848, era hijo de Pierre Groussac y de Catherine Piquemal, el segundo de cuatro hijos de una familia provinciana, católica, que vivía sin lujos pero con un buen pasar.


Luego de morir su madre en 1858; fue enviado a la casa de su abuela en Sorèze por unos meses, allí estudiando en el colegio de los dominicos, conoció al padre Lacordaire,  un escritor romántico que ejerció influencia sobre él, haciéndole conocer Víctor Hugo que  en esa época su máximo inspirador.


En 1865 se matriculó en la École Navale de Brest, pero optó por no ejercer la carrera militar.


Se anotó en la Escuela Superior de las Bellas Artes de Toulouse, pero disgustado con el rigor de la carrera, decidió abandonarla antes de comenzar a cursar.


Ese mismo año, obtuvo  de su padre permiso para realizar un largo viaje, pero una vez llegado a París, notando que tiene muy poco dinero para continuar  en esa ciudad ,y, no queriendo regresar en esas condiciones, decidió  gastar el dinero que le restaba en un viaje de segunda mano en el primer buque que zarpara.


Es así como se sube al velero "Anita", con destino a Buenos Aires (influyó en su decisión de emigrar el disgusto que le ocasionaron las nuevas nupcias que había contraído su padre).


Traía una carta de recomendación del filósofo y antiguo alcalde de Toulouse Adolphe Gatien-Arnoult, para su ex-colega universitario Amadeo Jacques (que había emigrado a la Argentina y estaba casado con la patricia Benjamina Augier Echagüe).


Llegó al Río de la Plata procedente de Burdeos en 1866, sin profesión, contaba con sólo 18 años, sin dominar el idioma, pero dotado de la pasta singular de los trotamundos que son rápidos para captar la psiquis de la gente y no se detuvo  frente a los obstáculos que pudieron interceptar su camino.


Le resultó fácil penetrar en el carácter mismo de los hombres ocupados en un quehacer particularmente americano.


El país y los pueblos del Plata estaban en crisis. La guerra del Paraguay sometía a nuestra Nación a una dura prueba.


Pasó a San Antonio de Areco desempeñándose como “ovejero” en plena pampa entre “vascos y paisanos”.


Obviamente la dilatada llanura tuvo sobre él una profunda influencia pues nunca abandonó sus ideas enraizadas con el espíritu criollo.


De ahí en más, Paul Groussac sería partícipe de acontecimientos memorables., no sólo en los medios intelectuales sino en los planos de la sociabilidad porteña.


En 1870, nombrado profesor de matemáticas en el Colegio Nacional, donde conoció a Juan Manuel Estrada y Pedro Goyena, cuya “Revista Argentina” le aceptó y publicó su primer trabajo : “Un estudio sobre Espronceda”.


Nicolás Avellaneda, como ministro de Instrucción Pública del presidente Sarmiento, joven de pocos años más que el novel escritor, lo llamó a su despacho para brindarle la ocasión de un viaje a Tucumán – provincia natal del ministro – y a Santiago del Estero, con funciones docentes que le permitirían adentrarse en nuevas dimensiones del ser nacional.


Desde esa capital enviaba escritos que eran publicados en el diario “La Tribuna”.


De su viaje al norte, provendría “Fruto vedado”, obra  publicada en 1884, de sugerente fondo autobiográfico y no pocos méritos de destreza narrativa.


Pero mucho no duraría, pues en 1872 de regreso a Buenos Aires  donde intervino en un Congreso pedagógico publicando por esos días su “Ensayo histórico sobre Tucumán”. Libro que elogiara el mismo Sarmiento.


El 19 de enero de 1885 se le confió la dirección de la Biblioteca Nacional que para él significó una especie de gruta de Fahner, un refugio seguro en el que había enclaustrado su espíritu, conmovido por los principios esquivos de su vida.


Allí, entre los libros y los códices que él mismo había frecuentado anteriormente para concederse solaz, pudo repasar las vicisitudes de su larga y tenaz lucha, iniciada en la Escuela Naval de Brest, prosiguiendo en París y luego en la Argentina.


Cargo que desempeñó hasta su muerte, acaecida en las postrimerías del mes de junio, cuando ya su obra había adquirido solidez definitiva.

 

 

Bibliografía:
Ibarguren Carlos: “P. G., su personalidad”. Buenos Aires, 1949.
Enciclopedia Estudiantil. Editorial Codex. Buenos Aires. 1961.

Groussac Paul. Pasaje. Topografía:
Corre de N. a S. desde Agustín Álvarez hasta Guayaquil.
Se le impuso ese nombre por D. 24.564 del año 1960.
Recuerda al escritor de origen francés, de nombre homónimo, que escribió grandes obras y saberes en su patria adoptiva.