GOMENSORO TOMÁS JAVIER de (1776 – 1841)

El Virreinato del Río de la Plata se creó en 1776 por decisión real de Carlos III de España. Hasta entonces Buenos Aires era una gobernación y el Tucumán otra, y ambas dependían – al menos teóricamente - del Virreinato de Lima.


A partir de esa fecha, toda esa jurisdicción formaría parte del Virreinato de Buenos Aires, junto con el Paraguay y la región de Cuyo, que hasta entonces dependía de la Capitanía General de Chile, estableciéndose con ello el esbozo de una nación concebida sobre la base de un pensamiento grandioso que se reflejaba en la jurisdicción del primer virrey, don Pedro de Cevallos y en la capital portuaria que se le dio a orillas del Río de la Plata.


A partir de entonces la ciudad – puerto pudo tener vinculaciones directas y sin necesidad de permiso previo con puertos de España y de casi toda América española.


En ese ámbito nació Tomás de Gomensoro., el 30 de setiembre de la séptima década del siglo XVIII, dos años antes que San Martín y seis después que Belgrano. Tres grandes que cumplirían un papel preponderante – aunque de distinta magnitud - en la historia de la Patria.


Su padre don Domingo Gomensoro y Zavala, hispánico y religioso a ultranza, con la suma de su solvencia económica erigió una capellanía para que su hijo pudiera recibir las órdenes sacerdotales.


Pero no calculó que su hijo sería un rebelde criollo partidario de la soberanía popular en contra del poder político y el carácter conservador impuesto por la sociedad española.


Cuando la independencia comenzó a perfilarse como algo inevitable y había animadversión hacia todo lo español, Gomensoro hijo, obedeciendo a esos ideales, no tardó en involucrarse en la causa de Mayo.


El obispo Lué y Riega lo designó cura interino en Soriano, Banda Oriental, pero ante sus declaraciones desde el púlpito, aprobando los hechos de Buenos Aires, en octubre de 1810 se vio precisado a abandonar su parroquia, perseguido por los realistas.
Antes de su retiro dejó asentado en el libro de defunciones la siguiente nota:
“ El día 25 del mes de Mayo expiró en esta Provincia del Río de la Plata, la tiránica dominación déspota de la Península Española y el escandaloso Influjo de todos los españoles. Se sancionó en la capital de Buenos Aires por el voto unánime de todas las corporaciones reunidas en Cabildo Abierto una Junta Superior Independiente de la Península y de toda dominación extranjera bajo el solo nombre de don Fernando VII . De este modo se sacudió el insoportable yugo de la más injusta y arbitraria denominación y se echaron los cimientos de una gloriosa independencia que colocará a las brillantes Provincias de la América del Sud en el rango de naciones libres y le dará una representación nacional a la par de los más grandes y gloriosos imperios del globo.”


En 1811 regresó a su parroquia, más no duraría mucho porque la cuestión hispánica se repitió.
Desde el 14 de marzo al 4 de diciembre de 1814 fue designado cura y vicario excusador en Rosario, población donde cumplió una ponderable acción.
A pesar de que desempeñaba el cargo interinamente y como sustituto del célebre canónigo Dr. Julián Navarro , con su celo de pastor y alma de patriota, no sólo se dedicó a cuidar con esmero los intereses espirituales sino las necesidades materiales de sus feligreses.


Los adelantos y progresos del poblado fueron evidentes durante su ministerio llegando hasta proyectar instituciones benéficas. Entre las que merecen mencionarse la “Sociedad Amigos del país”, sociedad agrícola – ganadera que fundó el 6 de mayo de 1814, considerada la primera sociedad rural del país.
Nos dice Juan Alvarez: “Sin proponérselo nacía la abuela de la actual Sociedad Rural de Rosario”.


El 15 de setiembre de ese año, el director Supremo Posadas, después de oír informes favorables de Antonio Gónzalez Balcarce, intendente porteño, sobre la política agraria propuesta por Gomensoro, aprobó el plan con algunas modificaciones. Lástima que lo llevarían a la práctica cuando Gomensoro fuera ascendido a cura rector de Canelones (Uruguay), aunque regresaría en 1825 para el Congreso Constituyente de 1825 y como cura en 1826 de la Catedral de Buenos Aires.


Finalmente como capellán de San Isidro lo sorprendió la muerte el 1ª de abril de 1841

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Bibliografía:
Gandía Enrique de y Zabala Rómulo: “Historia de la ciudad de Buenos Aires”. Buenos Aires.1936.
Caldas Villar Jorge. Nueva Historia Argentina. 4 Tomos . Buenos Aires. 1966.

Gomensoro. Cortada. Topografía:
Corre de E. a O. desde 1500 hasta 1699, entre las calles Rueda y Amenábar. Se le impuso ese nombre por d. 24.209 del año 1959 y por iniciativa de Wladimir C. Mikielievich.
Recuerda al patriota sacerdote Tomás Javier Gomensoro (1776 – 1841).
Antes se denominó Quintana.