Muchas veces es necesario alejarse marcadamente del lugar donde habitamos para comprender mejor algo que nos concierna o interesa.
En este caso, nos situamos en Italia en 1880 en el seno de una familia de clase media, que decidió un viaje sin retorno trayendo a su hijo Guillermo, que desde adolescente había gala de su arte e inventiva antes de llegar a la Argentina demostrando su sed de hacer y perfeccionarse lo relacionado a la arquitectura y escultura.
Arribó a Rosario en 1913, enviando sin demora al Salón de Otoño de nuestra ciudad del año 1919-1920, una obra que fue reproducida en el Catálogo, un boceto para el monumento a Leandro Alem que más tarde realizaría.
Junto al escultor Gerónimo, intervino en el Monumento a Sarmiento de Rosario en las estatuas alegóricas de la Educación y la Historia.
En el frontispicio de la facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario realizó el Monumento a los Padres, idéntico al que realizara en el frontispicio de la Escuela Juan Enrique Pestalozzi, situada en calle Mendoza 3969, siendo un edificio imponente ,que aún existe y que fue llevado a cabo con el auspicio del gobernador don Camilo Aldao.
Otras obras de su autoría existen en el Cementerio “El Salvador” de nuestra ciudad rosarina, un volumen anatómico masculino, fundido en bronce, el modelo del mismo se había exhibido para el Salón de Otoño de 1918 organizado por la Asociación del Círculo.
Sus obras se manifiestan a menudo en el modelado grácil pero al mismo tiempo, la escultura de Gianninazzi nos muestra: su descuido por la anatomía humana, ya que representó la imagen de sus padres con forma de dos leones enfrentados, pero a la distancia en los extremos de la magnífica obra escultórica.
El maestro se había radicado en Buenos Aires por razones de salud, ya que hablaba con voz ronca debido a una traqueotomía que le dañó su garganta.
Además, decidió radicarse allí para poder soportar su exilio intelectual.
Pidió a los jóvenes artistas que lo visitaban que intercedieran para lograr una cátedra con el objetivo de trabajar en una facultad rosarina.
Para perdurar en el tiempo de regreso a Rosario eligió una vivienda de doble altura, donde podía apreciar el aire libre y el solárium que le hacía recordar sus creaciones que siempre fueron compuestas en espacios altos.
Arquitecto, en cierta forma urbanista y traductor de su arte en el mármol falleció en nuestra ciudad de Rosario, en 1948 a los 68 años.
