GHIONE EMILIO (1844-1903)

¿Quiénes migran y por qué?

Expresa Rubén Manuel Román  en su fascículo “La inmigración” Tomo 1: “Siempre y en todas partes, los extranjeros han ocupado un lugar en la sociedad  y en la imaginación. El navegante, el proscripto, el mercader o el misionero: Ulises, Coló o  Marco Polo fueron migrantes extranjeros que realizaron sus sueños y alentaron los sueños ajenos.

Algunas veces el extranjero era sólo el bárbaro, el peligroso vecino que invadiendo las  fronteras no compartía la cultura del lugar.  Otras veces era el “meteco” – como se lo denominaba  en la antigua Atenas,  al benéfico visitante que gozaba de la protección de los dioses , hoy diríamos de las leyes.

En el siglo XIX y XX,  en algunas zonas del país, los dirigentes fueron abiertos a los migrantes con  planes que los beneficiaba, aparte eran verdadera mano de obra barata y pujante,  que  convertían en poco tiempo,  a los pueblos en áreas cosmopolitas, como ocurrió en nuestra provincia.

 

El gran crecimiento demográfico y las mejoras en el transporte marítimo favorecieron el desplazamiento masivo de la población europea hacia otros puntos del planeta, aunque el motivo principal sería la crisis económica.
Muchos contingentes migratorios buscaron su destino en Argentina atraídos por las múltiples oportunidades de trabajo y garantías legales que ofrecía nuestro país con la ley de inmigración  promulgada por Nicolás Avellaneda.
Desde 1871 a 1880 el saldo migratorio alcanzaría  a unas 85.000 personas,  que es ciencia cierta  que habrían traído de  Europa la fiebre amarilla y el cólera.
La primera se hizo presente en el país en la segunda mitad del siglo XIX, 1858, repitiendo sus ataques en 1870 y 1871. Epidemia ésta que sería la última conservada en la memoria colectiva de los porteños y que difusamente rememoran sus estragos. El servicio sanitario del puerto de Buenos Aires descubriría después, sólo casos aislados provenientes del exterior.
El cólera también nos vino de afuera, traído por los inmigrantes. A diferencia  de las enfermedades infecciosas comunes, era de carácter pasajera no endémica.
Su difusión estuvo asociada  a la incorporación argentina al mercado mundial, que incrementó el movimiento de personas y mercaderías.
Episodios de mayor gravedad se repitieron en 1857- 1869, en el 73 y 74, 86 y 87,  94 y 95 del siglo XIX.
La primera preocupación de los higienistas sería establecer el control sanitario de los buques, a los que imponían cuarentenas cuando se advertía el riesgo de que introdujeran algunas de las enfermedades calificadas como”pestilenciales”.
Este control  deficiente por las características de nuestros puertos  y la falta de recursos de los médicos  sobrecargados de trabajo, hizo que subrayaran que el cordón sanitario debía ir acompañado de la salubricación de las ciudades, como mejor garantía de su inmunidad.


El Ministerio del Interior, del que dependía el Departamento Nacional de Higiene convocaría  entre la masa inmigratoria proveniente del Viejo Mundo algún médico higienista.


Así fue que en medio de  ella, arribó   al Río de la Plata, un médico higienista  de origen italiano, Emilio Ghione con sólo veintiséis años, quien  primero trabajaría como control de sanidad en los barcos de la compañía Lavarello.


Al desatar Julio A. Roca, como ministro de Guerra, su furia contra los indígenas pampeanos en 1878, realizando veintitrés avanzadas desde marzo a diciembre de ese año, que culminarían con la Campaña al desierto, en 1879,  desde Azul hasta el Río Negro primero, y la confluencia del río Negro y el Limay después, las tribus de Namuncurá y Catriel serían  exterminadas y los pocos sobrevivientes, quedaron sumidos en la indigencia y las pestes. 


Ghione entonces  cuya única preocupación sería atender a enfermos sin distinción de raza o credo, allá partió al desierto a  combatir enfermedades graves como el cólera, la peste bubónica,  y otras aunque igualmente persistentes menos graves,  como disentería, influenza, difteria o fiebre tifoidea  atendiendo   a unos mil indígenas que luchaban por sobrevivir en el fortín Conciliación, mal alimentados con carne de guanacos raquíticos y perros cimarrones, y en pésimas condiciones de hacinamiento y desaseo.


Al tener noticias de su  infructuosa lucha contra esas patologías, nuestra ciudad lo convocó  para que se hiciese cargo del Consejo de Higiene, organismo que presidió   durante dos períodos hasta 1885.


Ese año a pedido del Gobierno Nacional se embarcó hacia España para interiorizarse sobre el método Ferrán en lucha contra el cólera, haciendo en Francia otro tanto, con el suero antirrábico de Pasteur.


Regresó con un laboratorio de última generación en  bacteriología, que regalaría  a la Facultad de Medicina de Buenos Aires.


Pero sin duda, gustaba de trabajar en Rosario porque sería director desde 1893 a 1894 del Hospital Italiano  de nuestra ciudad entusiasmando  a sus  parientes itálicos de Villafranca, cerca de Torino, provincia del  Piamonte, para que se radicaran en esta región.


Estos parientes Giuseppe y Doménica Ghione, darían origen  a más de 700 argentinos en seis generaciones,  muchos de ellos rosarinos.

 

 

Bibliografía:
Mikielievich Wladimir C: "Diccionario de Rosario." (Inédito).
Puntonet Roberto: "Para los Ghione, descendientes de inmigrantes, lo primero es la familia." Diario La Capital en su edición del 24 de septiembre de 2000.

Ghione Emilio. Diagonal. Topografía:
Corre de NO. a SE. desde 4000 hasta  4099, a la altura de Martín Fierro 1200.
Se le impuso ese nombre por D. 4671 del año 1977.
Recuerda a Emilio Ghione (1844 - 1903), médico higienista  cuya preocupación fue combatir la viruela, el cólera y la hidrofobia.