GERCHUNOFF ALBERTO (1883 - 1950)

Antonio Roqueni, escritor y periodista porteño en su artículo "El nombre de Los Inmortales" explicita: "En la entonces angosta calle Corrientes, porteña de principios de siglo entre 1920 y 1924 de la actual numeración, abría sus puertas el café "Los Inmortales". El local no muy grande era pintado de verde y en la fachada lucía una amplia vidriera.


Funcionaba durante el día y la noche y servía unos suculentos desayunos por 15 centavos que frecuentemente hacía las veces de almuerzo o cena a los inmortales: poetas, dramaturgos, críticos, novelistas, músicos, pintores, periodistas y cómicos, consagrados y neófitos, que tomaron posesión definitiva del salón por simple prescripción del asiento ocupado, pagaran o no su consumición, oblada a veces con música de palabras o dinero de la fantasía".


Se le atribuye tal nominación a Alberto Gerchunoff, un grande como periodista crítico, cronista, comentarista, polemista  y  como escritor, narrador y estilista.


“Algunas publicaciones que circulan, afirman que nació en Gualeguay, Entre Ríos, el 1 de enero de 1884. Sí en esa fecha, pero no en los ardores del sol estivo de nuestra Mesopotamia, sino muy lejos en Proskuroff, una aldea de Ucrania.  


Protegido por el barón Hirsh, un filántropo de aquella época, "un segundo Moisés para muchos judíos", su familia  se radicó integrando una colonia de agricultores, en  Rajil, departamento de Villaguay, Entre Ríos” – afirma Jack Benolier.


Creció el niño en medio de una reconciliación con las tradiciones judías: “En la faena agrícola, se trabaja y se reza.”


Su adolescencia se desenvolvió  entre adversidades y tragedias con  caracteres legendarios. En efecto,  un hecho fortuito: las mangas de  langosta malograron  los cultivos familiares, sumergiendo su entorno en el más profundo fracaso económico, obligando  al muchacho a trasladarse  a Buenos Aires,  en una época donde no podían cristalizarse mucho las propias vocaciones y oficios, de modo que el joven talentoso no fue a  estudiar a  colegio alguno, sino a desempeñar tareas  menos amables que las de las aulas: jornalero, aprendiz de tahona, de taller mecánico y de pasamanería, empleado después  de una cigarrería, hasta que finalmente lograría encontrar  su verdadera vocación: el periodismo y la literatura.


Inició el camino de las letras en Rosario entre 1900 y 1905, trasladándose a Moisés Ville primero y a Entre Ríos después, provincia donde compuso su consagrada obra.


Cuando ingresó en La Nación, el 15 de diciembre de 1907, no le faltaban antecedentes periodísticos.


Había sido subdirector de los diarios El Censor de Rosario, y El Argentino de Chascomús, más redactor de La Razón y El País de Buenos Aires.


Todo ello entre 1905 y 1907. Del primer período en el diario de Mitre, que concluyó en 1910, datan sus artículos sobre los colonos judíos de Entre Ríos que él bautizó "Los gauchos judíos", publicada en 1910 como homenaje al centenario de la Revolución de Mayo donde reseñó y elogió la capacidad de trabajo y su profunda avenencia con los suyos, quienes con los rostros y las manos gastadas por los soles, el frío, y jornadas interminables serían verdaderos pioneros de un país en crecimiento.


 Gerchunoff fue delegado del gobierno argentino en la exposición de Artes gráficas de Leipzig en 1914, y a raíz de ese cargo pudo viajar a Francia, donde conoció a Marcel Proust.


Ariel S. Levy transcribe un autoanálisis del escritor sobre su calidad como hombre de bien: "Jamás he sido imparcial en mi calidad de periodista o de escritor. Fui siempre un hombre militante, partidario de algo o adverso de algo, en estética, en política; mas esa parcialidad apasionada me alejó permanentemente, por la fuerza de su sinceridad, de la injusticia deliberada o la pequeñez deshonrosa."


Se reincorporó el 1° de julio de 1920  y desde entonces salvo los meses en que ocupó la dirección del flamante El Mundo en 1927, sería redactor de La Nación hasta su muerte, acaecida el 2 de marzo de 1950.  


A las cinco de la tarde, el cuerpo de un hombre robusto, de cabeza vigorosa, con gruesos anteojos, se desplomaba  fulminado por un síncope en la esquina de San Martín y Sarmiento de la Capital Federal. ¡ Era nada menos que Alberto Gerchunoff!


Ariel S. Levy transcribe un autoanálisis del escritor sobre su calidad como hombre de bien: "Jamás he sido imparcial en mi calidad de periodista o de escritor. Fui siempre un hombre militante, partidario de algo o adverso de algo, en estética, en política; mas esa parcialidad apasionada me alejó permanentemente, por la fuerza de su sinceridad, de la injusticia deliberada o la pequeñez deshonrosa."

 

Bibliografía:
"Falleció ayer Alberto Gerchunoff". Diario La Prensa en su edición del 3 de marzo de 1950.
Requeni Antonio: "Alberto Gerchunoff." Diario La Nación en su edición del 27 de febrero de 2000.

 

Gerchunoff. Pasaje. Topografía:
Corre de N. a S. desde 600 Bis al 799 Bis a la altura de Juan José Paso 2300.
Se le impuso ese nombre  por  D. 22012 del año1958. Barrio Empalme Graneros.
Con anterioridad se denominó "G".
Recuerda a Alberto Gerchunoff (1883-1950), periodista consagrado y escritor que dejó   un testimonio conmovedor sobre la vida en las colonias  judías  traídas  por el  Barón Hirsch.

     

Rosario y sus calles mínimas


Pensando inicialmente como un prolijo damero de manzanas de cien por cien, la ciudad de Rosario ha visto cambiar su trama inicial de urbanización por una compleja gama de itinerarios barriales admitiendo con el tiempo situaciones distintas de cuadratura.
En algunos intrincados retazos de la ciudad han ido aflorando pequeñas arterias,a los que no todos los rosarinos pueden  identificar con facilidad, ya sea por su ubicación, o a quien aluden con su nombre.
Resultan entonces:”Mucho nombre para poca calle, como el caso de Gerchunoff.”
Queda en el criterio de los habitantes apreciar si no hubieran merecido nominar calles más extensas o más importantes, con el nombre de   admirables humanistas.