Federico Dunger y Fyera para Fotografías y Estampas del Rosario Antiguo –nos ilustran:
“Tomás Gayoso quizás no sea un nombre muy conocido dentro de la historia rosarina, pero sí tuvo una destacada influencia (sin quererlo)”.
Rosario, a diferencia de otras muchas ciudades no consta de documentos de fundación. Bucear sus orígenes fue siempre el rompecabezas de historiadores y eruditos.
Desde la antigüedad, el hombre necesitó buscar la suma, para poder realizarse. Y fue juntándose, uniéndose, formando familias o grupos que acabarían siendo una sociedad. Pues ese fue el origen de Rosario nació espontáneamente, merced a la suma o agregación de los primeros españoles trasplantados a estas tierras. Sólo se sabe con certeza que su primer poblador fue el capitán Romero de Pineda.
Debió ser bravo soldado, listo para lances y de singular coraje al enfrentar querandíes y charrúas, logrando hacerse acreedor como premio a sus servicios de una merced que el Gobernador General y Capitán de las Provincias del Río de la Plata, Don José de Herrera y Sotomayor le otorgara en nombre de su Majestad el 29 de agosto de 1689.
La merced (1689) fue redactada en esta forma: “Concédele la merced real para el ilustre capitán de caballos, sus hijos y descendientes por sus méritos y servicios y por ser hijo, nieto y bisnieto de los primeros conquistadores y pobladores de estas tierras”, (refiriéndose a la ciudad del puerto de Buenos Aires) y así mismo por ser noble y casado con mujer de igual calidad.
Comprendía tierras desde el paraje llamado de las Salinas (hoy Ludueña) hasta el que llaman de la Matanza (hoy Arroyo Seco) sobre el río Paraná de frente y por fondo todo lo que estuviese vacío, abarcando entradas y salidas, aguadas, montes, lagunas y tierras anexas para que en las mismas fundase estancias, considerando todo como cosa propia, adquirida por el título que se le diera.
Según asevera César Carrizo en “Imagen y jerarquía de Rosario”: “Era el predio una vasta extensión de cinco leguas sobre las barrancas del Paraná por seis leguas de fondo hacia tierra firme”. Al aceptar tal donación Romero de Pineda debía cumplir esta consigna “Recorrer la tierra y defender el camino en tránsito trazado por los conquistadores que unía Buenos Aires con el interior y pasando por las inmediaciones de lo que se llamaría Pago de los Arroyos, guardia permanente de estos caminos”. Distrito rural poblado por gran cantidad de ganado bagual y regadopor varios cursos de agua: arroyos Blanco, Ludueña, Saladillo, Frias, del Medio y Ramallo.
Romero de Pineda instaló su estancia en el sur, sobre el Saladillo a 12 kilómetros de la desembocadura del Ludueña, con la evidente intención de explotar la ganadería mientras mantendría su soberbia casa en Santa Fe.
Tomás Gayoso nació en Buenos Aires como todos sus hermanos cuando su padre Juan Gómez Gayoso arribó aquí en 1622. Muy joven acompaño a su padre a Santa Fe participando en el Cabildo y al fallecer este en 1656, se radicó en esta capital una vez trasladada de su antigua posición.
Aquí fue Alcalde en 1663, Procurador General en 1669 y Defensor de menores en 1670.
Casado con la chilena María de Cervantes y Villavicencio, tuvieron cinco hijos y fueron los primeros Gayoso nacidos en Santa Fe.
Mediando la década de 1670 Tomás heredó por parte de la segunda esposa de su abuelo, Isabel Arias Montiel, la estancia Los Arroyos en un sector comprendido, actualmente entre el Arroyo Ramallo y el Arroyo Pavón.
Ahora bien, trataremos de exponer cuál fue la relación que tuvo con nuestra ciudad de Rosario.
Cuando Tomás Gayoso comenzó a administrar esa estancia, procuró asociarse con su mejor amigo. Y su “más mejor-mejor” amigo no era otro que nuestro conocido capitán Luis Romero de Pineda, quien antes de recibir la merced del rey de España, en 1677 compró acciones y derechos sobre ganados dispersos.
La actividad ganadera de los amigos dio más que frutos ya que poseían miles de cabezas de ganado que deambulaban por la estancia a tal punto que tal circunstancia parecía molestar a Buenos Aires, y desde el Cabildo denunciaban que este establecimiento era ilegal y que debían presentar pruebas.
Por supuesto Pineda entregó todos los papeles que acreditaron ese emprendimiento y todo siguió su curso. Cabe acotar que esta estancia estaba en lo que hoy es parte de la provincia de Santa Fe y parte de la de Buenos Aires, lo que originó otro inconveniente a la hora de las gestiones políticas.
La división entre ambas provincias recién se dio en el año 1721 cuando tomaron el Arroyo del Medio como frontera.
Pero todo comenzó cuando Romero de Pineda dejó de existir en 1695 y la superficie comprendida entre los arroyos fue dividida entre sus dos hijas ,únicas herederas,; A Francisca, casada con Cristóbal González Recio le correspondió ( desde el arroyo Salinas (hoy Ludueña) hasta la Bajada de la Cruz(hoy calle España) y a Juana casada con Juan Gómez Recio, desde esa bajada hasta la desembocadura del arroyo Saladillo.
El asentamiento de pacíficos indios querandíes ayudó a un hijo de Juana y José Gómez Recio a construir una capilla sencilla que llamó de la Concepción y a la instalación de nuevas familias.
Pero como ocurre siempre con los herederos, ellos comenzaron a vender las tierras en lonjas, tocándole en suerte que nuestra actual ciudad de Rosario, con el tiempo se erigió sobre las tierras heredadas por Juana Romero de Pineda.
Ahora bien, los herederos de ambos amigos Romero de Pineda y de Tomás Gayoso se casaron formando familias, y sin proponérselo fortificaron aquella amistad nacida en el Pago de Los Arroyos.