GARAY JUAN de (1528 – 1583)

“Garay que va triunfando” es precisamente el título de un sencillo ensayo que José Luis Lanuza dedicó en 1961 al fundador. Un aura de ganador, en efecto, parecía rodear al gran vizcaíno, un hijodalgo en épocas en que la hidalguía mucho significaba, más allá aún de los títulos nobiliarios.


Ortiz de Zárate, capitán y encomendero se embarcó en 1568 en Cartagena (Colombia) rumbo a España para concertar con Felipe II una nueva capitulación y encomendó a su sobrino Juan de Garay que se dirigiese desde Concepción de la Sierra (Paraguay) hasta la Asunción con el cargo de Alguacil Mayor de las Provincias del Plata, con el objeto “de abrir puertas de la tierra”. Éste había fundado esa ciudad en 1556 junto Nufrio de Chaves, estaba afincado y casado con una bella española, natural de Medellín (Extremadura) y donde habían nacido sus hijos.


Mientras aquél en España tardaría tres años en formar una escuadra compuesta por 500 hombres para cumplir con la capitulación concertada, en Asunción se produjo un altercado que derivaría en escándalo entre la autoridad máxima y el Obispo, saliendo airoso este último, optando reemplazarlo por Alvarez de Toledo, quien convino junto con el Cabildo, los oficiales Reales de Hacienda, mas la autoridad eclesiástica que Garay navegara por el río y en el camino o la vuelta, fundara una ciudad en un punto del litoral del Paraná.


El 14 de abril de 1573, Garay levantó el estandarte de la convocatoria, eligió 9 españoles y 65 mancebos de la tierra que navegarían en un bergantín, 6 canoas a manera de barcas o en balsas con municiones, arcabuces y 55 caballos.

 

Entraron entre los meses de julio y agosto, en el río Quiloazas, actual San Javier, y avanzaron por tierra hasta la fortaleza de Gaboto, dondeas flechas envenenadas, el hambre, los pumas y la constante sorpresa de alimañas y víboras los acosaban pero serían milagrosamente salvados por hombres de don Jerónimo Luis de Cabrera quien había fundado el 6 de julio, Córdoba. Ese encuentro presagiaba un conflicto de jurisdicción, como efectivamente fue.

 

Después de subir el Colastiné el 15 de noviembre fundó la ciudad de Santa Fe, donde se instalaría con su familia porque la consideraba suya, trazada con el rumbo que él determinara en sitio elegido por el mismo.


Groussac afirma: “ Buenos Aires fue siempre para Garay, la secundona de Santa Fe, cuya vecindad él prefirió siempre”.


Díaz Molano en la obra “Paraná” confirma tal aseveración: “El asiento primitivo de Cayastá levantóse sobre la alta explanada junto a las barrancas del río San Javier. Allí fue tomando forma de poblado. Los diez primeros años – Garay falleció en 1583 – fueron la infancia de la ciudad, una infancia llena de preocupaciones. Al reparo que le prestaban las islas y bajo la protección de su fundador, Santa Fe fue perfilando sus características de villa misérrima, cuyas horas irían deslizándose muy despacio, entre angustias, necesidades y peligros sin fin”.


Las dificultades de la vida eran grandes, las querellas continuas, la paz difícil; las ambiciones muchas y desmedidas. A sofocar unas y amenguar otras; a equilibrar intereses; a dar estímulos para continuar una existencia de sacrificios, a persuadir a la gente para no dejar el asiento en momentos en que el abandono hubiera sido fatal; en todo lo importante estuvo siempre el fundador.”


La fundación de Santa Fe, sus expediciones en las selvas paraguayas, sus aventuras en España y América, no le habían bastado a Garay para sentar plaza en el libro de la historia. Prefirió así - y con un criterio que sólo la posteridad tiene el buen tino de reconocerle - identificar su nombre con el levantamiento y la refundación de Buenos Aires que cuarenta años antes había ensayado otro colonizador.

Cuarenta años mediaron entre la primera y segunda fundación de la ciudad puerto, Garay con poco más de 60 hombres, triunfaría en una empresa en la cual había fracasado Mendoza con 1200.


Fundar para Garay no era sólo tirar cuchilladas, cortar yuyos, plantar el rollo y decir las frases del ritual, significaba luchar contra la naturaleza, contra las tribus de salvajes nativos y por supuesto contra las propias ambiciones y codicias del prójimo. Su objetivo era añadir un espacio imperecedero para la corona española. Realidad que llevaría a cabo tanto en Santa Fe como Buenos Aires, sin descuidar la ciudad madre: la Asunción.


En 1583, regresando hacia Santa Fe, cerca de donde estuvo emplazado el Fuerte de Sancti Spíritu, el vizcaíno bajó a tierra para dormir cómodamente con sus acompañantes, pero la falta de centinela que no había designado por la confianza que le inspiraban los aborígenes, en un ataque inesperado y fatal de unos indios querandíes, al amanecer perdería la vida junto a 40 personas y un fraile franciscano.


A un conquistador de la talla de Garay se lo valora por hacer caminos al andar, por caminos jalonados de esfuerzos y esperanzas. Pensar que no sólo sería fundador sino descubridor al avistar en aquellos remotos tiempos, las costas de Mar del Plata.


“Garay que va triunfando”, para recordar una vez más el verso de Centenera y que recreara Lanuza – ha triunfado a la vuelta de los siglos con una acabada perfección que él nunca podía imaginar.

 

Bibliografía:
Molina Raúl A: “Historia de la gobernación del Río de la Plata”(1573 – 1776) en Historia de Levillier. Tomo I.
Cervera Manuel M: “Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe” Tomo I. 1979.
Díaz Molano Elías: “Don Juan de Garay”. Obra “Paraná”. Rosario .1941

Garay. Calle. Topografía:
Corre de E. a O. desde 200 Bis hasta 6600 a la altura de Av. San Martín 3100; Av. Francia 3100; Provincias unidas 3100.
Carece de designación oficial.
Recuerda a don Juan de Garay (1528 – 1583), fundador de las ciudades de Santa Fe y Buenos Aires.