El ambiente intelectual del Rosario de 1887 se manifestaba a través de los órganos de la prensa local: “La Capital” de Ovidio Lagos; “La Reforma” del doctor Mariano Candioti; “El Mensajero” de Felipe y Eduardo Moré y “La Convención” de los hermanos Federico y Servando Gallegos.
Asevera Mikielievich: “Plantear la figura de Servando Gallegos como la de un gran periodista de la época sería mezquino, porque a través de sus columnas fue un alto educador literario.
El diario que compartía con su hermano fue la tribuna de aquel Rosario que había dejado de ser crisálida para convertirse en una urbe en vías de un gran desarrollo y cosmopolita.”
Gallegos nacido en Rosario el 2 de junio de 1862 en el seno de una de las familias más destacadas por entonces, recibió al igual que su hermano una esmerada educación, cursando los estudios primarios primero y asistiendo después al Colegio Nacional, donde el rector Eudoro Díaz que era un maestro en el arte escrito y hablado, no tardó en percibir las dotes de escritor de su discípulo y organizó un ciclo de charlas y conferencias sobre bel poder de la escritura , lo que hizo que Gallegos como otros alumnos se interesaran en la creación de periódicos.
Abandonó su capacidad de redactor al trasladarse a Córdoba a estudiar Derecho. Se graduó tempranamente (1885) y al presentar su tesis “Matrimonio civil” motivó fuertes polémicas.
Mientras cursaba el último año de abogacía en aquella ciudad ilustró una publicación “El Periódico”, fundado por su hermano, con notables litografías (procedimiento que había aprendido desde los doce años a dibujar en piedra o metales).
De regreso a su ciudad natal en octubre de 1884 fundó “El Combate” defendiendo las libertades del hombre, y criticando al Poder Ejecutivo Nacional, desempeñado por Julio A. Roca. En diciembre de ese mismo año dio vida a “La Convención” que dirigiría hasta 1888.
El espíritu caballeresco de sus redactores abordando con mucha altura e independencia, la temática sobre los profundos cambios que vivía la Nación durante el roquismo en el poder, como la transformación del conglomerado social, el desarrollo económico, la reforma educativa y el desplazamiento parcial de la Iglesia Católica, asombraba a las rotativas porteñas.
Pero obviamente poco a poco, con un gobierno restrictivo se iría debilitando el poderío del periodismo de Buenos Aires y el diario de Servando Gallegos fue decayendo hasta su cierre.
Radicado en Buenos Aires, fue nombrado agente fiscal y en 1892, Juez de instrucción, y algunos de sus fallos influyeron en reformas legislativas.
Pero su vocación por la docencia, pudo más que la abogacía y el periodismo, porque ejerció como profesor durante casi cincuenta años, recreando los versos de Darío y de Leopoldo Lugones.
En sus aulas se amalgamaba la imagen del docente y el político, el poeta y el pensador, el abogado digno y el orador correcto, así es mezcló en esa tarea todos los matices que hacen a la dignidad del hombre.
En su madurez, tuvo la elegancia de desprenderse de todas las formas aparentes, recluyéndose en la soledad de sus recuerdos.
Su vida se apagó en Buenos Aires, el 4 de enero de 1944.