FRAY LUIS BELTRÁN  

Natural de Mendoza, fue llevado a Chile para cursar estudios eclesiásticos en un convento de franciscanos. Una vez ordenado, quedó allí ejerciendo su ministerio, dedicándose en las horas libres a las matemáticas y a experimentos físico - químicos.

En su convento surgió un taller en que Fray Luis Beltrán ejercía de carpintero, cerrajero, relojero, pirotécnico, arquitecto, herrero, dibujante con visible adelantos en la mecánica.

Cabe suponer que con el fin de arreglar algunas armas, entabló relación con el ejército que comandaba José Miguel Carreras confiándole la maestranza de dichas fuerzas al religioso, hasta que las disidencias entre Carreras y O'Higgins produjeron el fracaso de la primera revolución chilena. Entre los derrotados que llegaban a Mendoza figuraba Fray Luis Beltrán portando un saco de herramientas al hombro, que contenía los instrumentos que había inventado o construido por sus propias manos

La falta de armamento fue siempre un serio problema para los ejércitos emancipadores, pues las armas eran muy pocas y a veces los soldados debieron usar machete cuando no les alcanzaban las espadas, fusiles, sables, pistolas o carabinas.

Cuando San Martín organizó los Granaderos a caballo tuvo que conformarse con los sables que había en el Cabildo de Buenos Aires hasta que consiguió armarlos, como sables largos que usaban los coraceros de Napoleón y que él mismo enseñó a manejar.

San Martín sabía muy bien que uno de los aspectos más definitorios de toda organización militar lo constituye el abastecimiento de la tropa. Pues bien hasta donde llegue el abastecimiento llegará el poder combativo; así lo entendieron Alejandro, Ciro, Federico el Grande, y Napoleón.

San Martín, anoticiado por varios jefes chilenos incorporó a Fray Luis Beltrán, al Ejército de los Andes como capellán y para dirigir el parque y la maestranza.

Como un soplo encendió las fraguas donde se fundieron como cera, los metales que modeló en artefactos de guerra.

Como un Vulcano vestido de hábitos talares, él fundió cañones, balas y granadas, empleando el metal de las campanas que descolgaban de las torres por medio de aparatos ingeniosos inventados por él.

Construyó cureñas, cartuchos, mixtos de guerra, mochilas, caramañolas, monturas y zapatos; forjó herraduras para las bestias y bayonetas para los soldados, recompuso fusiles y con las manos ennegrecidas por la pólvora dibujaba sobre la pared del taller, con el carbón de la fragua, las máquinas de su invención con que el ejército de los Andes debía transmontar la Cordillera y llevar la libertad a América.

Cuéntase que una ocasión, después de una larga conferencia con San Martín, poco antes de cruzar los Andes exclamó: "¿Quiere alas para los cañones? ¡pues bien! las tendrán." Cierta o no la anécdota, la verdad es que lo hizo como dicen que lo dijo.

Fue el Arquímedes del Ejército de los Andes. En 1816 vistió el uniforme de teniente de artillería con el sueldo mensual de 25 pesos.

En 1822 le entregaron los despachos de teniente coronel graduado y en 1825 ayudaría a proveer de armas a la escuadra del almirante Brown participando en la batalla de Ituzaingó bajo las órdenes de Alvear.

Cuando enfermó, regresó a Buenos Aires, renunciando alas armas para vestir nuevamente la indumentaria del Señor.

Falleció el 8 de diciembre de 1827, siendo sepultado en el Cementerio de la Recoleta.

 

 

Bibliografía:

Fued Nellar, Gabriel: "Abnegación y sacrificio de Fray Luis Beltrán." Volumen 580 de la Bilbioteca del Círculo Militar. Buenos Aires, 1967.

Mosquera Enrique: "San Martín organizador militar." Fundación Rizzuto. Buenos Aires. 1973.

 

 

Fray Luis Beltrán. Diagonal. Topografía:

Corre de N. A S. del 700 al 999, a la altura de Bv. Rondeau al 200.

Se le impuso ese nombre por Ord. N°763 del año 1951.

Con anterioridad se denominó calle 12.

Recuerda a Fray Luis Beltrán (1784 - 1827), patriota de la independencia y colaborador del general San Martín en la preparación del Ejército de los Andes.