FORTEZA JORGE R. (1900 - 1945)

Fue un pedagogo apasionado y luchador  que creía en la educación  como factor decisivo del progreso y la movilidad social.


Sabía compartir y conducir a sus alumnos que lo describían  como un personaje de baja estatura llevando consigo  un portafolio tan grande como él.
Otra de sus características eran su bajo perfil pero su gran humanidad.


Sus clases eran participativas, donde hacía trabajar a todos por igual y no le arredaba que en 1945 se combatiese a los profesores que no concordaban con la política peronista.


Dicen algunos historiadores, que Forteza también estudió algunos años medicina y derecho, frecuentando las ciencias políticas.


Como escritor se conocen en su haber, además de numerosos artículos en diarios y revistas, su libro “Rafael Barret: su obra, su prédica y su moral”. Publicado en 1927 y “La Segunda Enseñanza como problema social (la educación del adolescente) publicada en 1941.


En el prólogo del primer libro, escribió:
“Porque he sentido ese dolor de no tener ideales, porque sé la tragedia feroz de una juventud sin creencias, porque he vivido, la vergüenza ciclópea de reconocer nuestra incapacidad para elevarnos, por eso llego hoy hasta mis hermanos a decirles: Animo compañeros. La fe no ha muerto en nosotros. La fe en lo que es justo y verdadero”. Se refería a la fe en el progreso  de los humanos para el logro de un mundo mejor”.


 El diario y la radio le sirvieron de vehículo a sus ideas, convirtiéndose en un activo colaborador y amigo de “La Capital”.


En el año 1975, es decir a los 30 años de su muerte, ese diario  le rindió un justo homenaje expresando: “Había nacido el 25 de enero de 1900.
Era hijo de un rosarino, nacido en el Uruguay pero desde muy niño estuvo en Rosario. Y si bien nunca perdió su amor por la tierra natal, sentíase rosarino y amaba profundamente a estas calles nuestras, a su gente, al río, a todo lo que somos y él –en el terreno de la cultura– ayudó a construir.”


Su personalidad daba para mucho llegando a incursionar en el ámbito diplomático, ocupando el cargo de cónsul del Uruguay en Rosario.


Solía decir “que nuestro país y de singular manera la provincia de Santa Fe tiene un problema de alcance nacional, refiriéndose  a la incorporación a nuestra vida y carácter de vocablos extranjeros debido al flujo inmigratorio; por ello creía  necesario velar por la unidad y preservación del idioma”.


Toda verdadera universidad o colegio es el santuario del idioma que lo conserva, lo perfecciona desalojando los dialectos que imperfeccionan la lengua.
Salamanca ha preservado la unidad del idioma nacional de España, Bolonia en Italia, Sorbona en Francia y los claustros de Alemania han sido las fuentes de ese rico y profundo hablar de los germanos.
Así debe acontecer en nuestras aulas conservar la fuerza y la elevación de nuestra lengua”.


Este recuerdo no sería completo si no se hiciese un comentario acerca de la labor literaria del profesor Forteza y del concepto que él tenía de la sociedad de su tiempo cuya perfección quería; pero que lamentablemente ha ido desmejorando hasta caer en los límites actuales por todos conocidos.


Como escritor se conocen en su haber, además de numerosos artículos en diarios y revistas, su libro “Rafael Barret: su obra, su prédica y su moral”. Publicado en 1927 y “La Segunda Enseñanza como problema social (la educación del adolescente) publicada en 1941.  En el prólogo del primer libro, escribió:


“porque he sentido ese dolor de no tener ideales, porque sé la tragedia feroz de una juventud sin creencias, porque he vivido el dolor de confesarse la irremisión de la humanidad, la vergüenza ciclópea de reconocer nuestra incapacidad para elevarnos, por eso llego hoy hasta mis hermanos a decirles: Animo compañeros. La fe no ha muerto en nosotros. La fe en lo que es justo y verdadero”.


Sabias palabras para estos tiempos de principios del tercer milenio donde la juventud está abatida y sin aliciente para ubicarse en el contexto del trabajo.


Son tiempos que para aquellos que quieren estudiar, cuentan con institutos educativos con falencias, diríamos deficitarias, tiempos donde todo prevalece la oferta y la demanda, donde a diario se ofrece a los jóvenes, masivos medios de comunicación pobres en el contenido de los mensajes, y cuando a aquellos de mejor condición social, los mayores no les imponen códigos porque les resulta más fácil dar bienes materiales que espirituales. 

Menos mal que la fe no ha muerto! Con fe en Dios y esperanza en que todo no es malo, porque hay hombres buenos y juventud sana, se puede emerger de entre las cenizas de la corrupción, de la marginación, del facilismo, hacia mejores proyectos de vida, como pensaba el profesor Forteza.

 

Bibliografía:
“Profesor Jorge R. Forteza”. Conferencia pronunciada en el Salón de los laboratorios “Teingr”, patrocinada por la Sociedad de Historia, Medicina y Antropología Pedagógica de Rosario, el 13 de mayo de 1992.


Forteza. Cortada. Topografía:
Corre de N. a S. desde 3600 hasta 3.799. a la altura de Salvat 3300.
Se le impuso ese nombre por D. 4671 del año 1977.
Recuerda al genial profesor del Colegio Superior de Comercio, de nombre homónimo (1900 – 1945).

NOTA CURIOSA PARA NUESTRA CIUDAD:

La primer escuela de Rosario: la historia del Colegio Nacional N° 1


La creación de este Colegio nació de la necesidad de dotar a Rosario de un establecimiento educacional superior, hecho que no fue nada fácil. Inaugurado el 16 de julio de 1874, marcó el progreso de una ciudad en crecimiento.


Hasta entonces, la educación en Rosario era muy escasa. Tal, era mayormente proporcionada por la Iglesia y en la escuela Santa Rosa, donde se ensañaba a leer, escribir y algunos precarios conocimientos sobre geografía, aritmética e historia.


Aquí surgió la idea de proporcionar a Rosario un Colegio Nacional que viniera a corregir la deficiencia mencionada. Pero su concreción fue mucho más difícil de lo esperado. Por aquella época, el entonces presidente Domingo Faustino Sarmiento, fundaba colegios nacionales en todo el país. Pero inicialmente no incluyó a Rosario en la lista, ya que había ciertos rencores políticos.


Fue tan así, que en 1869 el Congreso Nacional aprobó los fondos para su construcción en Rosario, pero Sarmiento desvió el dinero a una escuela de agricultura que jamás se hizo.


Pese a tales contratiempos, una comisión local de personalidades rosarinas hizo presión hasta que lograron que se comience la construcción de la escuela, en la calle Necochea y 9 de Julio, que finalizaría en 1874.


El 16 de julio de ese año, iniciaría el primer ciclo lectivo de la historia de Rosario con 235 alumnos.
A esta Institución le dio impulso Jorge Forteza, quien fue el director de la misma por muchos años.

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