FONTANA LUCIO (1899-1968)

Lucio nació en nuestra ciudad el 19 de febrero de 1899. Hijo de padre italiano y madre argentina.


Sus ancestros fueron magníficos artistas, Gerónimo Fontana, padre de Luis y abuelo de Lucio y su socio Scarabelli, hacían decoraciones y pintura de paredes con gran perfección imprimiendo sensibilidad a las figuras y sutiles claroscuros.


Tempranamente  fue enviado por su padre a Milán, con el propósito de incentivar las fibras del arte que pugnaba en su espíritu.


De regreso en 1921, concretó varias realizaciones de carácter académico.


Pasó los primeros años de su vida en Italia, donde  se enroló en el Ejército Italiano, combatiendo en la Primera  Guerra Mundial.


En el frente fue herido y le otorgaron  una medalla de plata al mérito.


En 1921 regresó a Argentina, donde permaneció hasta 1928, trabajando como escultor junto a su padre hasta el momento en que abrió su propio estudio.
En 1928 regresó a Italia, donde en 1930 presentó su primera exposición, organizada por la galería Il Milione, en Milán.


En la siguiente década viajó varias veces entre Italia y Francia, trabajando con artistas de arte abstracto y también con expresionistas.


En 1940 retornó nuevamente a Buenos Aires, lugar donde en 1946 fundó, junto con algunos de sus alumnos la academia Altamira y dio a conocer el Manifiesto Blanco, en el cual sostuvo: “La materia, el color y el sonido en movimiento son los fenómenos cuyo desarrollo simultáneo integra el nuevo arte”.


Al comenzar la Segunda Guerra Mundial, con cuarenta años, trabajó intensamente en un importante conjunto de cerámicas esmaltadas, esculturas de bronce y de yeso policromado.


Posteriormente mantuvo una estrecha amistad con Julio Vanzo, y juntos ofrecieron una exposición en Galería Renom en 1940, que provocó tanta resonancia como indignación.


En el XXXII Salón Nacional de Bellas Artes, celebrado en 1942 con su bronce "Muchacho del Paraná" alcanzó el máximo reconocimiento y en eI Salón de Artistas Rosarinos organizado por la Sociedad de Artistas plásticos con el patrocinio de Gobierno de Santa Fe, hizo suyo el primer premio Municipalidad de Rosario, con su yeso “Intermezzo”.


Nos dice Isidoro Slullitel en su "Cronología del arte en Rosario: “Su obra daba forma a muñecos coloreados terribles y más o menos antropomórficos que suscitaron resistencias y censuras de parte de los académicos, los clásicos y los formalistas."


Esa forma de crear no era nueva, porque ya en Italia había participado del movimiento: Abstracción - Creación que rompía con los viejos moldes ocasionando el anatema de sus maestros.


Nuevamente en Milán, en 1947 apoyó junto a otros escritores y filósofos el primer manifiesto del espacialismo, retomando al mismo tiempo sus trabajos de cerámica en Albisola.


A partir de 1958 inició la denominada serie de los tajos, consistente en agujeros o tajos sobre la tela de sus pinturas, los cuales dibujan el signo de lo que él mismo denomina “un arte para la Era Espacial”. Por esos años, en 1959, Fontana realizó presentaciones con telas recortadas con múltiples elementos combinables, denominando a estos conjuntos “Quanta”.


Fontana participó en la Bienal de San Pablo y en numerosas exposiciones en Europa y en Oriente, así como también en Londres, París y Nueva York.
En ese tiempo recuerda Pettoruti en su autobiografía: “Su compañero de Altamira comenzó a hablar de un arte espacial inexistente y de obras proyectadas en el firmamento. Ideas de Fontana que constituyeron un gran aporte a la vanguardia de la posguerra: el espacialismo”.


Los tajos y agujeros realizados con violencia y sensualidad sobre las telas constituyen lo más significativo de la obra madura del maestro, quien se debatió a lo largo de su vida en la búsqueda de nuevas formas artísticas, anticipándose a producciones difundidas posteriormente.


Es en esta última ciudad donde, poco antes de su muerte, estuvo presente en la manifestación Destruction Art, Destroy to Create (Arte de Destrucción, Destruir para crear) en el Finch College Museum of Art.


Poco tiempo después abandonando Milán se trasladó a Comabbio, poblado del cual era originaria su familia, pero en abril de 1947 Fontana viajó nuevamente a Italia con el propósito de permanecer algunos meses en Milán, pero nunca más  retornó a su patria.


Además, enseñó en las escuelas nacionales de Bellas Artes y en el Taller Altamira, que compartió con los consagrados Emilio Pettoruti, Jorge Romero Brest y otros pintores y grabadores.


Sus obras se encuentran en las colecciones permanentes de más de cien museos de todo el mundo. Es suyo el busto del periodista y fundador del periódico “La Capital”, obra en mármol de Carrara.


Volvió a Europa, para dejar en ella las postreras producciones de su rica alma de selección.


En 1966, el Instituto Di Tella dedicó a Fontana una gran exposición individual, más el homenajeado no pudo estar presente por problemas de salud.


Cuando falleció en septiembre de 1968 en su residencia de Comabbio, próxima a Varese, Lombardía, contaba casi setenta años conservando aún como todos los artistas de verdad, sus ideales intactos.

 

 

 

Bibliografía:
López Anaya Jorge: “Centenario de Lucio Fontana”. Diario La Nación en su edición del 14 de febrero de1999.
“Lucio Fontana”. Diario La Capital de Rosario en su edición del 7 de septiembre de 1968.

Fontana. Cortada. Topografía:
Corre de N. a S. entre Schiaffino (ex 20) y Baigorria al 2300. Barrio Parque Field.
Se le impuso ese nombre por D. 4672 del año 1977.
Recuerda a Lucio Fontana (1899-1968), el rosarino artista plástico más controvertido del siglo XX.

 

NOTA CURIOSA PARA ROSARIO


La placa “El Sembrador” ubicada en Avenida Belgrano de nuestra ciudad fue ejecutada por este maestro.

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Su historia
Cierra la boca de un túnel, por donde se hizo el primer embarque de trigo argentino a puertos europeos en 1878.
Estaba comunicado el citado túnel con la Estación del Ferrocarril Oeste Santafesino que aún se erige sencillamente por calle Chacabuco y su intersección con 9 de Julio.


La pendiente por donde hasta 1899 se subió desde el puerto el carbón mineral importado de Inglaterra para el Ferrocarril Oeste Santafesino, que tenía su estación e instalaciones en las proximidades.


Dicha pendiente terminaba en una muralla que sostenía el alto talud de tierra y conformaba un corto túnel por encima del cual pasaba una angosta calle.
Se usaba un solo vagón por vez debido a lo empinado de la barranca, sin locomotoras, solo con tracción a cable que pasaba por el centro de la vía, movido por un cabrestante a vapor situado en lo alto junto a los talleres del FC Oeste Santafesino.


El puente de arco se construyo alrededor de 1895 por problemas de erosión en el desmonte y se aprovecho para que sobre la bóveda pasase una vía que conectaba los embarcaderos al filo de la barranca.  Inforrmación de Ruben Nasio‎


En 1941 Lucio Fontana y su colega y joven amigo Osvaldo Raúl Palacios ganaron un concurso patrocinado por la Asociación de Comerciantes de Rosario con el proyecto de un relieve escultórico que denominó El Sembrador.


La obra formaba parte del llamado “Plan Repetto” -en referencia al Intendente Municipal Dr. Agustín Repetto - de embellecimiento de la Avenida Belgrano entre las bajadas de la calle San Juan y la avenida Carlos Pellegrini.


Los trabajos incluían un ordenamiento de la barranca, la construcción de la escalinata que conecta lo que actualmente es el Parque Urquiza con la esquina de las avenidas Belgrano y Pellegrini y la clausura de la pendiente por donde hasta 1899 se subió desde el puerto el carbón mineral importado de Inglaterra para el Ferrocarril Oeste Santafesino, que tenía su estación e instalaciones en las proximidades.


Dicha pendiente terminaba en una muralla que sostenía el alto talud de tierra y conformaba un corto túnel por encima del cual pasaba una angosta calle.
A los artistas les correspondió intervenir en esa estructura arquitectónica realizada en 1883.


Disponían de ese gran arco abierto en el amplio muro, articulado por una doble cornisa de más de 30 metros de largo a 12 metros de altura. La abertura estaba flanqueada por dos pendientes pronunciadas que se convertirían en taludes cubiertos de césped.


En consecuencia, embutido en ella ubicaron el espacio plástico de 8,10 metros de ancho por 8,80 metros de alto, fuertemente moldurado, por lo cual el relieve quedó aun más retirado.


El mismo está integrado por treinta placas constituidas por una mezcla de cemento con arena gruesa, vidrio molido y óxido de hierro, que le da la coloración rojiza.


Las placas fueron moldeadas por el formador Manuel Nuche. Este material, de composición tan original, seguramente respondía a la permanente inquietud de Fontana por experimentar e innovar al respecto.


La figura del sembrador es una alegoría a los albores de la pampa gringa.


Aparece solitaria con una movilidad vigorosa y amplia en la acción de esparcir el trigo que lleva en la bolsa. En relación con el plano expuesto, está tratada con un relieve esbozado que adquiere mayor fuerza en razón de la profundidad en la que está empotrado.


Los volúmenes se disuelven en la atmósfera, sobre todo los que complementan la composición, como son los barcos que se insinúan en el horizonte, los silos elevadores y las aves que siguen al campesino.


Fue inaugurado oficialmente el 20 de julio de 1943.