FEIJOÓ AARÓN SALMUN

E. Wiskemann en “La Europa de los dictadores” notifica: “Gradualmente desde 1938, la despiadada inhumanidad del régimen nacionalsocialista iba quedando al desnudo. En noviembre de1938, en la llamada noche de cristal, (se conoce como noche de los cristales rotos” el 9 de noviembre de 1939 cuando los nazis destruyeron templos de la comunidad judía y miles de adeptos fueron encerrados en campos de concentración).


Los nazis organizaron un programa de atrocidades en Alemania durante el cual los judíos que aún quedaban en las ciudades fueron apaleados, algunos heridos, otros,  asesinados y gran parte de sus propiedades destrozadas y robadas (...)


 Expresa Armando Fernández Sexta en A,B.C. de España e 5 de marzo de 1914 “Atribuir todo aquello que pasó a la locura, a la paranoia de un hombre, a su megalomanía, es quizá la forma más rápida y cómoda de aventar de nuestra conciencia la responsabilidad colectiva por un horror que no nos atrevemos a asumir ni aun hoy, cuando despedimos en los cementerios a los últimos miembros de aquella generación.

Hitler, es cierto, fue la encarnación del fenómeno nazi, pero no fue el único nazi. Ni los nazis fueron los únicos alemanes que jalearon su delirio. Ni los alemanes los únicos europeos que se plegaron a su política, a sus métodos y a sus excesos.


El terror como arma política y como arma de guerra fue utilizado por los nazis con precisión y meticulosidad germánicas, sobre todo en el execrable genocidio de la indefensa comunidad judía o en las poblaciones del Este…

Terror que contribuyeron a extender todos los demás: desde las inauditas masacres japonesas en China o Filipinas, a las deportaciones, asesinatos en masa y violaciones sistemáticas perpetrados por los soviéticos, los indiscriminados bombardeos sobre las ciudades alemanas, con sus arrasadoras tormentas de fuego, preconizados y dirigidos por los altos mandos de la aviación británica… hasta el empleo de la energía nuclear como arma de destrucción masiva por los norteamericanos. Nunca la Humanidad había llegado a deshumanizarse tanto.


Sin Hitler no se explica nada de lo ocurrido.
 
Los checos de Bohemia y Moravia fueron privados de sus universidades y escuelas, igual que los polacos, igual que los polacos  que vivían en el terror de ser expulsados a cualquier tierra desolada.


El sistema de campos de concentración, que Hitler había proyectado durante años y que inauguró cuando se convirtió en canciller de Alemania, fue aplicado metódicamente por Himmler.


Desde 1934, o antes, era un coto reservado a la S.S.. En esos campos cualquier alemán que no obedeciera a los nazis era torturado por diversos modos, con frecuencia hasta la muerte. (...) Dentro de los que se organizaron en Polonia occidental, a partir de 1941, se instalaron cámaras de gas, en las que se fue exterminando un gran numero de judíos.


Esos hechos aberrantes ocurrían en Europa más Feijoó, un joven argentino  pese a que por entonces  aún no había madurado, no podía aceptar el dolor de los suyos y por eso se prometió a sí mismo ser fuego para la lucha y corazón para todos los hombres.


Aarón, era hijo de una familia argentina de religión judía muy respetuosa de sus costumbres ancestrales, estudiante de la Facultad de  ingeniería de Buenos Aires y partidario incondicional de la Unión Cívica Radical.


Lleno de vida quería defender la democracia en su país en momentos muy difíciles donde distintas facciones pujaban por tomar el poder de la Nación.


 A partir de la denominada “Revolución Libertadora” que en 1955 puso fin al gobierno de Perón, se hizo notoria en el país una profunda crisis política. Una característica de esa época sería la alternativa de breves períodos democráticos y golpes de Estado.


El poder militar dominaría la mayor parte de ese período, en un proceso que se remontaba a décadas atrás y que puede ubicarse a partir de la preparación  del movimiento sedicioso que en 1930 pondría fin al gobierno de Hipólito Irigoyen.


Feijoó fue  seguidor a muerte del ideario irigoyenista que decía “los hombres son sagrados para los hombres y los pueblos son sagrados para los pueblos, pilares de la convivencia humana, del respeto a las leyes y costumbres, del respeto a las creencias de las distintas religiones e ideas políticas de cada hombre”.


Por eso en  los claustros de la universidad defendía la democracia a pesar de sus imperfecciones, con sus errores, con sus deformaciones, como   el único sistema político que nosotros debemos admitir y por el que Aarón Feijoó daría su vida.


No era subersivo, ni amante de la muerte en la clandestinidad, sólo defendía sus ideales con altura y pasiva cultura.
El padre siempre  estaba atento a sus acciones porque conocía la pasta del muchacho, pero la madre temerosa de la situación del país recordando los días aciagos con el dolor en la piel de sus parientes europeos durante la segunda guerra,  le prevenía de los peligros de la política.


Sus peores presentimientos se habrían de convertir en una avasalladora realidad cuando al regresar de la facultad con sus libros a cuestas, en una oscura calle porteña un grupo de inadaptados, lo asesinaron dejándolo tirado en medio de un charco de sangre y al lado de su cuerpo, un brazal negro con  el signo de la swástica.


Sin querer regó con su sangre inocente la tierra que lo vio nacer y luchar  defendiendo la dignidad de los hombres.

 

Bibliografía:

Diario de sesiones del  Concejo Deliberante. 7 de noviembre de 1961.

 

Feijoó . Pasaje. Topografía:

Delimitado por las calles Navarro, Liniers, Tucumán y Teniente Agneta.

Se le impuso ese nombre por O. 1.575 del 17 de octubre de 1961.

Recuerda al estudiante judío Feijoó que fue asesinado por defender sus ideales.