FAMATINA. SIERRA UBICADA EN LA PROVNCIA DE LA RIOJA.

“Es sabido que desde que Juan Ramiro de Velazco, gobernador del Tucumán, descubriera en 1590 el cerro de Famatina (Siglo XVI) dando cuentas a la Corona de España, de sus promisorias consecuencias económicas, nunca pudo ser explotado por diversas causas, hasta que se estableció el gobierno independiente.

En un expediente existente en el Archivo del Gobierno de Córdoba se guarda la siguiente carta del gobernador al Virrey fechada en Córdoba el 25 de setiembre de 1670 (Siglo XVII) concebida en los siguientes términos: “El Capitán D. Isidro de Villafañe, vecino feudatario de La Roja, una delas jurisdicciones de este gobierno, llegó a ésta los días pasados a darme cuenta de un descubrimiento de minas que ha hecho en el cerro de Famatina, a 18 leguas de aquella ciudad hacia la parte de la cordillera de Chile.

Este cerro es de los mayores que se han visto en las Indias, pues con el lomaje de sus faldas tiene más de 50 leguas de box. Asegúranme es hermosísimo en la variedad de sus colores y que sus pánicos denotan riquezas, y que hubo en él algunas labores de tipo del linga (del Inca) y lavaderos de oro.” - asevera Pedro Grenón. Sacerdote Jesuita en la publicación HISTORIA N°14 del año 1958.

Como se ve, el sueño del oro existió desde la época de la conquista y no es una quimera producto de los 6.250 metros de altura de la sierra. La riqueza de las minas situadas sobre la vertiente oriental de sus nevados era conocida desde el tiempo de los incas. Después llegaron a la región los jesuitas estableciéndose en Nonogasta.

Su acertada explotación minera garantizó la prosperidad de la Orden hasta el momento de su expulsión por Carlos III, rey de España (1777). Antes de irse taparon las bocaminas, borraron los caminos, escondieron los derroteros y sellaron la puerta principal con enormes peñascos. (Siglo XVIII)

Las guerras de la Independencia y las fratricidas detuvieron el interés por ellas hasta que Quiroga y Rivadavia proyectaron su explotación, llegando a 1904 (más o menos setenta años después) un cablecarril de 35 kilómetros de longitud corría desde la Estación de Ferrocarril Belgrano hasta la entrañas del Famatina. (Siglo XIX). Serpentón de hierro, uno de los más largos del mundo que hoy se conserva, no prestando utilidad alguna.

El oro de Famatina se mantuvo en el misterio hasta principios del siglo XIX en que un mapa de los jesuitas cayó en manos del peruano Juan Arreluciaga y el mejicano Féix María Amarello que registraron una mina del cerro con el nombre de La Mejicana, pero se vieron imposibilitados de explotarla por el asedio encarnizado de los indígenas.

Cerca de la cumbre del Famatina, muchos viven pendientes de los destellos que trae el agua de los ríos. Entre los buscadores de pepitas, el más afortunado ha sido Víctor Amaury Liñán llegado de Buenos Aires en 1979. (Siglo XX) y en ocho años pasó del cedazo (un modesto cajón de nogal) a una minidraga de superficie que llevó desde los Estados Unidos al río Amarillo.

Incas, españoles, ingleses y criollos quisieron aprovechar las minas riojanas.Doscientas vetas auríferas siguen allí, explotadas artesanalmente en espera de un destino más glorioso.

Bibliografía:
La expuesta en el texto.

Famatina. Cortada. Topografía:
Corre de N. a S. desde 100 hasta 199Bis; a la altura de Humberto Primo 1200.
Se le impuso ese nombre por D. 24564 del año 1960.
Recuerda al cerro riojano cuyas entrañas encierran doscientas vetas auríferas.