FAMAILLÁ (Batalla librada el 19 de setiembre de 1841)

Tras el fracaso del ejército de Lavalle en ocupar Buenos Aires y su derrota en la batalla de Quebracho Herrado, su ejército de apenas 1.100 sobrevivientes y el que estaba al mando del general Gregorio Aráoz de Lamadrid debieron abandonar la provincia de Córdoba, dirigiéndose a las provincias del norte argentino, donde la alianza conocida como Coalición del Norte, de inspiración unitaria, había logrado reunir poderosas fuerzas para luchar contra Juan Manuel de Rosas y sus aliados, quienes habían reunido más de 17.000 hombres.

Mientras Lamadrid reunía un nuevo ejército en la provincia de Tucumán, Lavalle hizo una campaña de varios meses en la de La Rioja con 1.000 hombres,[12] para demorar a Oribe y darle tiempo a su aliado de terminar de prepararse. Para abrir nuevos frentes, envió también dos divisiones, una a Santiago del Estero, que fracasó sin luchar, y otra hacia Cuyo, que fue destrozada en la batalla de San Cala.

Frente a la abrumadora superioridad numérica de los federales de José Félix Aldao, quien contaba con 12.000 ó 13.000 hombres (2.500 hombres bajo su propio mando, 7.000 soldados dirigidos por Oribe y no menos de 1.000 montoneros catamarqueños en operaciones), Lavalle con sus mermadas fuerzas (600 sobrevivientes de San Cala a su mando, 809 riojanos del general Pedernera y sus 100 escoltas al mando del comandante Hornos) fue finalmente obligado a retroceder hacia Catamarca organizando una campaña de guerrillas
Allí se volvieron a dividir las provincias con Lamadrid éste iría a Cuyo a insurreccionarla contra el régimen de Juan Manuel de Rosas con 3.000 hombres, mientras Lavalle esperaría a Oribe en Tucumán, uniendo sus fuerzas a las del gobernador de esa provincia, Marco Avellaneda, que le aportó cerca de 1.000 montoneros.
Hacia allí marchó también Oribe con 3.000 hombres, deseando resolver de una vez esa guerra.

La batalla comenzó a media mañana: en el ejército unitario formaban Marco Avellaneda, Juan Esteban Pedernera, Manuel Hornos y otros notables. Entre los federales figuraban Juan Felipe Ibarra, Celedonio Gutiérrez, Hilario Lagos y Mariano Maza.

En un primer momento pareció que podía prolongarse sin definición por largo tiempo, pero muy pronto quedó claro que los veteranos del ejército federal superaban fácilmente a los hombres de Lavalle. La victoria quedó en manos de Oribe, y Lavalle y sus hombres se vieron obligados a huir.

Avellaneda huyó hacia el norte, pero, entregado por el jefe de su custodia, sería ejecutado en Metán por orden de Oribe y su cabeza clavada en una lanza fue expuesta en la plaza de Tucumán.

Lavalle logró escapar hasta San Salvador de Jujuy con 200 jinetes, donde fue muerto por casualidad por una partida federal. Sus restos fueron trasladados hasta Potosí por Pedernera.
Éste último tendría más suerte, ya que llegaría a ser vicepresidente de la Nación, aunque tuvo que presidir la disolución de su propio gobierno en 1861.

La batalla de Famaillá señaló el final de la Coalición del Norte. También fue la última batalla de Lavalle, y la penúltima de esa guerra civil; y el país volvía a ser controlado por el partido federal, casi sin oposición, por otros diez años.

Bibliografía:
Academia Nacional de la Historia. Partes de batalla de las guerras civiles, Bs. As., 1977.
Best, Félix. “Historia de las Guerras Argentinas“, Ed. Peuser,.
Buenos Aires, 1980.
Beverina, Juan. Las campañas de los ejércitos libertadores 1838-1852, Bs. As., 1923.

Famaillá. Cortada. Topografía:
Corre de N. a S. desde 3400 hasta 3499, a la altura de Saavedra3500.Carece de de3signación oficial.
Recuerda al combate de Famaillá donde Lavalle y Pedernera fueron derrotados por las fuerzas del general rosista de Oribe.