EVA PERÓN (1919-1952)

Cada siglo de la  Humanidad tiene un estilo y estilo tiene el siglo XX, dicho sin convertir  a sus fechas en murallas: mucho del siglo ya está instalado entre nosotros, y es historia con el conjunto de acontecimientos filosóficos, políticos, bélicos, técnicos, artísticos, científicos y sociales que acontecieron  en particular después de la Primera Guerra Mundial.


Así acotado y estilísticamente visto, nuestro siglo XX pudo perfilarse por el pensamiento, la inventiva, la acción y la conducta de unas personalidades supremas, como el saber  de Mao Tse Tung y Mahatma Ghandi, de Gropius, de Chaplin, de Picasso, y de Borges, de Stravinsky y de Einstein, de Le Corbusier, y de muchos otros genios argentinos que merecen   nombrarlos  como Favaloro  y particularmente de la mujer que dijo:”Volveré y seré millones”.


No habrá espíritu del siglo XX que sueñe con ser veraz, que pueda omitir a Eva Duarte. Eva Perón. Evita... su nombre, lo dice todo, pues su historia es la leyenda y la realidad más llamativa y encarnada en la historia argentina y el mundo, tal vez por el tiempo en que le tocó vivir cuando la mujer no tenía derechos, ni defensas y tampoco el espacio en la sociedad que hoy tiene.

Vivió el tiempo de nuestro país del jabón Le Sancy, de la gomina Brancato, de los domingos de la “Gran pensión el Campeonato”, del jabón Federal, de los estudios cinematográficos Lumiton y Bayres.

“Era la Argentina de la yapa y del fiado y donde reinaba en el almacén la libreta negra de hule, el aceite suelto y el azúcar y la harina envueltos en aquel paquete con repulgue que sólo el gallego podía hacer antes de ponerse el lápiz en la oreja" -nos dice Abel Posse.

 

Mientras el gobierno conservador y su entorno vivía en el lujo y la opulencia, luciendo sus mujeres alta peletería y collares de diamantes y los hombres frac para las veladas de gala en el Colón, atendidos por choferes que siempre manejaban poderosos Packards, Buicks o De Sotos, uno de los pocos medios de distracción de la clase media y pobre serían, el Glostora Tango Club y los radioteatros, que empezaban a ser conocidos, a través de la radiofonía. El pueblo sólo era un mero espectador de las diferencias abismales de esa sociedad de entonces.

Y en ese contexto social, de ricos y pobres, apareció el 3 de enero de 1935, en Buenos Aires –cuando para  los del interior la Capital Federal era La Meca, la ciudad dorada  donde recalaban los esfuerzos las esperanzas y en la mayoría  de las veces las desilusiones – una  muchacha de escasos 15 años, - 15 años de entonces - delgada y de apariencia física débil, oriunda de Los Toldos, de la mano del desaprensivo cantor Agustín Magaldi.  


En el caso de Evita los sueños consistían en  llegar a ser una gran actriz, de la escena, el radioteatro  y la cinematografía.


Esa chica con ambiciones de llegar a ser alguien, se llamaba Eva Duarte, de origen marginal por no haber sido reconocida por su padre biológico, cuando su madre Juana Ibarguren dedicaba su vida en soledad, a atender una humilde casa de pensión, y a planchar y pedalear frenéticamente la máquina de coser como sustento de sus cuatro hijos.

La endeble joven, interiormente estaba dotada de una capacidad temible del poder de la mujer. Sus años de teatro y radioteatro personificando grandes heroínas de la historia, le enseñarían con el tiempo, a usar los hombres como la usaron más allá de su inocencia.

 

Sumergida en esa ciudad implacable, mítica y perversa batallaría con el resentimiento impotente de cualquier mujer desvalida en una sociedad machista.


 No obstante no tardó en saltar de las pensiones más sórdidas al hotel Savoy, hasta que el 22 de enero de 1944, -  fecha que marcó un hito en su vida – gracias a  conocer  al coronel Perón, quien de ahí en más, sería su maestro, su amante, su esposo y su "Sol", diría siempre ella misma.

“Homero Manzi - según se afirma - la ayudó a colarse al palco del Luna Park donde se realizaba “un festival para los damnificados del terremoto de San Juan.”Ella sin vacilar, usurpó el asiento al lado del coronel Perón”.

 

Desde allí comenzó a vivir momentos cruciales que marcarían a fuego su destino, eran su lucha con los militares y oligarcas que no aceptaban su relación con el Gral. Perón por su condición de actriz y mujer de la vida.

 

Sobre ella recayeron todos los malentendidos de la fama, como escribió Rainer María Rilke. “Eva fue sacralizada por las masas humildes del peronismo, demonizada por la burguesía, la clase media y por los militares que la consideraron indigna de casarse con su más alto oficial presidenciable.”


El General que amaba profundamente a su “Negrita” como solía llamarla en la privacidad de sus relaciones, como consecuencia del triunfo del 17 de octubre, el 22 de octubre de 1945 cumplió con sus amorosas promesas maritales, que desde Martín García se las había prometido a Evita,  en una  carta.


Ya Primera Dama, ubicada en el palacio Unzué vivió desde el triunfo electoral de Perón en 1946 hasta su muerte en 1952, en el lujo y la opulencia, luciendo estupendos atuendos de gala utilizados en ceremonias oficiales y en el mítico viaje a Europa.

Pasó a llamarse Eva Perón,  que menospreciaba  a las mujeres porteñas de la Sociedad de Beneficencia, aquéllas que les había gustado brillar en obras de beneficencia, enrostrándoles sus trajes de Cristian Dior, de Jamandreu, sus tailleurs de corte perfecto, y exclusivas joyas de Ricciardi, al igual que el vestido negro con la camelia rosada a la izquierda creado por Marcel Rochas con el que posó para ilustrar la portada del libro autobiográfico “La razón de mi vida”.


Pero ¿cuál fue su rol? Evita no eligió uno, sino todos: joven, mujer, líder política y líder social y obrera, oradora vehemente y profunda que defendía la obra de su marido y la propia; dispuesta a darlo todo por una sociedad justa e inclusiva.

 

 

"Esa Mujer", en sólo siete años de vida política, trastocó para siempre los valores de una sociedad pacata, conservadora y excluyente. El voto femenino, el partido peronista femenino, los "derechos sociales" y la Fundación Eva Perón, la abanderada de los sindicatos, la dura contrincante del imperialismo, más la profunda entrega por la niñez y la ancianidad.

Eva se sentía democrática, ungida por el demos, pero no respetaba las leyes pues era de un republicanismo que resultaba hipócrita para quienes acusaban a los Perón de corruptores de la democracia, para  aquéllos que desde 1930 habían gobernado con el poder militar y el fraude político - explicita Abel Posse en el mismo artículo del diario La Nación.

 

Más ella como un torbellino, con su brava naturaleza no fácil de vencer, dueña de sí misma y de la situación nacional, empezó una lucha sin desmayos contra los fuertes que pretendían dominar a los más débiles. Aquello que para el General era una teoría política, para Eva un hecho imperativo y operativo indeclinable.

 

Capaz de los discursos más fervorosos y polémicos en la historia argentina, en su diálogo también exigía y extorsionaba a los empresarios para lograr que los ricos fueran menos ricos y los pobres menos pobres.

 

Mientras Perón triunfaba y gobernaba, Eva conseguía el sueño de transformar el poder, en una realidad de acción solidaria.

 

Trabajaba con pasión de sol a sol, durante horas y horas en su Fundación marcando el comienzo de una identidad distinta: "Evita que daba soluciones reales y urgentes para los desvalidos, para los sin pan y sin trabajo, ancianos, niños y mujeres que vivían carencias, frustraciones y dolor”.

Más su cuerpo logró derrotarla, “su cuerpo que habíase reducido- ; según sus médicos – al simple revestimiento de sus laceradas vísceras y de sus huesos, cosa que no pudieron sus enemigos y a las 20 y 25 del 26 de julio de 1952, su vida se apagaría con sólo 33 años vencida por un  terrible cáncer”.


El doctor Ara (el científico español que preservó su cuerpo, parafinándolo al cuerpo, no embalsamándolo como creía el pueblo) en su libro “Eva Perón” expresa: - “Ante nosotros,  yacente, se hallaba la mujer más admirada y temida, más amada y más odiada de su tiempo. Había luchado fieramente contra los grandes y ahora estaba ahí vencida por lo infinitamente pequeño.


Pronto veremos que no debió temer a la muerte, más bien la esperó como a un huésped a quien se recibe sin sorpresa. ¿Se preparó a morir desde los días rosados de su apogeo? ¿A quién creyó encontrar en la otra orilla? Yo sólo sé que en la otra orilla está la Historia, a la que no cualquiera llega…”

”El cardenal Roncalli, quien sería después el Papa Juan XXIII, cuando ella viajó a Europa la recibió como arzobispo de Notre – Dame y quedó impresionado de su carisma natural, al punto de regalarle un rosario de plata y nácar y enviarle después una esquela, esquela que Eva conservaría como un relicario bajo su almohada en su lecho de muerte.

 

 

 

Bibliografía:

Borroni Otelo y Vacca Roberto. "La vida de Eva Perón. Tomo I- Testimonios para su historia". Editorial Galerna. Buenos Aires 1971.

Posse Abel: El mito. Art. Del diario La Nación en su edición del 14 de julio de 2002.

Palacio de Gómez Guadalupe: "Eva Perón: La mujer argentina que conquistó Argentina y el mundo". Rosario, julio de 1998. Modificado en julio de 2003 y agosto de 2012.

 

Eva Perón. Avenida .Topografía:

Corre de E. a O. desde Bv. Avellaneda hasta el arroyo Ludueña.

Se le impuso ese nombre por O. 5998 del año 1995.

Recuerda a la Eva Perón (1929 - 1952) que con sus obras se ganó el reconocimiento de la Nación y el mundo.

 

EVA DUARTE Y ROSARIO
Me parece oportuno señalar el hecho singular de que la primera foto pública de Eva Duarte fue editada justamente en el diario decano de la prensa argentina, el diario La Capital, cuando el 1° de junio de 1936 iniciara desde la estación Retiro una gira con la compañía de Pepita Muñoz- José Franco- Eloy Alvarez, recalando en las ciudades de Rosario, Córdoba y Mendoza. La Capital de Rosario, el día 12 de junio de 1936 publicó una fotografía suya como parte del elenco que el día anterior había estrenado en el teatro Odeón "El beso mortal", obra en cuatro actos de Louis de Gouraviec, auspiciada por la Liga Argentina de Profilaxis Social.


 A Eva se la veía en segundo plano, - por su condición de partiquina -  pero de todas maneras fue esa la primera vez que la prensa del país registrara una foto suya.


Catorce años después volvió a nuestra ciudad como una estrella brillante del país, con motivo del V Congreso Eucarístico Nacional que  fue una palpable exteriorización de fe cristiana.


El tiempo inestable no constituyó un impedimento para que miles de fieles se trasladaran al parque Independencia a participar en estas jornadas.


A las 10.30 horas llegaron al parque Independencia, por el boulevard Oroño, el primer magistrado, general Juan  Domingo Perón y su señora esposa, María Eva Duarte de Perón. Ambos fueron objeto de expresivas muestras de cariño popular. Las fuerzas armadas les rindieron honores y fueron saludados por una impresionante ovación.


Pudo advertirse que en varios sectores el público rompió los cordones policiales en su afán de testimoniar su adhesión al presidente y a su esposa con flores y obsequios.


Pasadas las 10.30 horas, el mandatario y su esposa se hicieron presentes en el altar mayor. Eran esperados por el jefe de la Policía Federal, general Arturo Bertollo; el vicepresidente de la Nación, Dr. Hortensio Quijano; el gobernador de la provincia, Ing. Juan Hugo Caesar; el intendente municipal, Dr. Celio Spirandelli; el cardenal Antonio Caggiano; el delegado pontificio, cardenal Ernesto Ruffini; altas autoridades militares, funcionarios y legisladores.

Acompañados por monseñor Caggiano, el presidente y su esposa ascendieron al altar mayor, donde aguardaba monseñor Ruffini.


En el instante en que el cardenal Ruffini cambiaba saludos con el general Perón y su esposa se realizó una emocionante suelta de palomas.


El Diario La Capital, de Rosario Decano de la prensa argentina, en su edición del día 30 de octubre de 1950: La misa pontifical conmovió a la muchedumbre.  Terminado el oficio religioso, la comitiva se retiró hasta el local del Obispado, donde el presidente y su señora esposa fueron saludados por numerosos prelados.


A las 15 horas el presidente Perón y su esposa llegaron a la Jefatura de Policía donde los aguardaban el gobernador y altas autoridades para agasajarlos con un almuerzo íntimo. A las 17.30 horas el mandatario y su esposa se trasladaron al parque Independencia para participar de la clausura del V Congreso Eucarístico.

El público agitaba sus pañuelos en señal de saludo ante la llegada del presidente de la Nación y la señora Eva Perón.  


A las 18 horas tuvo lugar la ceremonia de arriar la bandera. En esos momentos se anunciaba por los altavoces la llegada de la procesión, con la sagrada hostia. El acto religioso culminante se efectuó cuando el obispo de Rosario ascendió las últimas gradas del altar tomando la custodia con el santísimo, impartiendo al público la bendición.

 Las ceremonias fueron clausuradas con un discurso que pronunció el delegado pontificio, cardenal Ruffini. Dijo entre otras cosas lo siguiente: " Señor Todopoderoso y Padre de misericordia, derrama en esta hora la abundancia de tus gracias que aseguren la unidad y la libertad de la Nación Argentina, da prosperidad a todas las familias santificando a sus miembros, da salud a los enfermos y la paz de Cristo a todos ".
Finalmente la concurrencia coreó con fervor patriótico la canción patria, el Himno Nacional Argentino.

QUIERO HABLAR MI EXPERIENCIA PERSONAL, con respecto a Eva Perón.


"Cuando Eva Perón murió era yo una adolescente que había concurrido a un colegio de alta jerarquía socio-económica, muy discriminatorio para esa época. En ese ambiente, ser peronista era un deshonor social.


En 1952, trabajando como maestra de grado, me costó aceptar la imposición del luto obligatorio; particularmente porque mis mayores eran radicales a muerte, por convicción y no por acción. Hecho que ameritó que nunca a lo largo de esos años pudiese comprender la obra de Eva Perón en favor de los desposeídos.

“Hoy en el ocaso de mi vida, con una existencia sin zozobras económicas, y con una familia gracias a Dios, rica en valores morales y de convivencia, aunque no soy peronista, al ver la situación que viven los pobres de mi ciudad y de mi Patria, admiro a Eva Perón, que comprendía a las víctimas de una sociedad desaprensiva en la que deben  incluirse los poderes públicos –que deambulan cargados de soledad e impotencia irrumpiendo en el centro de las ciudades  en la forma más impensada, comiendo de la basura de los contenedores de la calle, pidiendo limosna a los transeúntes, o  desarrapados lavando los vidrios de los autos,   como también recogiendo cartones para llevar como producto de ese caminar, algo  para llenar el estómago de su entorno.


Otra circunstancia distinta pero similar, viven los  pobres  e indigentes del interior  del país, que se mueren por desnutrición, por carecer de asistencia médica o por no tener techo donde cobijarse de las inclemencias del tiempo, y muchísimos de ellos, mayores y niños  carecen de lo más simple para vivir que es el  agua pura.
Sumando estos factores de miseria y riesgo profundamente   reconozco que el mensaje de Eva Perón  sigue y seguirá siendo permanente, como la mujer que el dolor ajeno le dolía como propio.”