ESTOMBA JUAN RAMÓN (1792 – 1829)

Casi 30 años de constantes servicios, de sacrificios incruentos y batallas, es el compendio de la vida militar de Juan Ramón Estomba. En pleno uso de su razón no escatimó su sangre generosa,  marcando  cada uno de los campos de batalla  donde flameó la bandera argentina. Fue héroe en Salta, Tucumán y Suipacha.


Había nacido en la Banda Oriental  en el año 1792. Primo de Bartolomé Mitre, comenzó la carrera militar en las fuerzas que marcharon al Alto Perú – explicita Daniel Balmaceda en su obra: ”Espadas y corazones”.


El 14 de noviembre de 1813, en la derrota de  Ayohuma cuando el fuego era terrible y la muerte recorría las filas y las columnas, fue gravemente herido de un balazo que le fracturó el muslo  y  le destrozó una rodilla.


Se salvó gracias  a que los soldados Gauna y Alderete lo montaron a caballo, mientras su sangre brotaba marcando una verdadera huella aprovechada por veinte realistas. 


 A causa del dolor que le producía su herida les pidió  quedarse en el pueblito de Actara, donde fue tomado prisionero, después que los dos subordinados para cubrirlo,  pelearan  hasta morir.


Impotente Estomba, presenció el fin de sus salvadores, pero jamás pudo olvidar la escena.


Se lo llevaron prisionero a las casasmatas de El Callao, Perú. Soportó un duro cautiverio de siete años, hasta que pudo regresar gracias a un intercambio de prisioneros propuesto por el Gral. San Martín, quien lo condecoró con la Orden del Sol.


En 1824 volvió a ser apresado junto con otros 182 soldados argentinos. Pero no pudiendo soportar otro cautiverio, se jugó a todo o nada. Cuando eran transportados a una isla de reclusos en el lago Titicaca, logró escaparse junto al capitán Pedro Luna, sumergiéndose en una acequia.


Como en toda fuga, siempre hay cómplices; en este caso colaboraron un tucumano y un porteño, ex  camaradas del presidio de El Callao. Ambos serían protagonistas del bárbaro sorteo de la Matucana.


Triste episodio que aconteció cuando los españoles descubrieron que Estoma y Luna se habían evadido. Organizaron un sorteo  con papeletas, de modo que aquellos que sacaran el color negro serían los elegidos para el ajusticiamiento.


Entre el miedo y el desconcierto de los oficiales patriotas, el tucumano Domingo Millán y el porteño Manuel Prudán pidieron que se los ejecutara a ellos.


Escena narrada después a Estomba, que marcaría en su espíritu un sentimiento de culpa, jamás  perdonado.


Reincorporado al ejército en esa misma tierra peruana, la suerte siempre le sería adversa porque  fue desterrado, acusado de tramar una conspiración.


Ya en suelo argentino, pues llegó a Buenos Aires el 7 de enero de 1827 fue nombrado jefe  del Regimiento 7° de caballería, con el objetivo de  vigilar la frontera Sur de la geografía bonaerense  y el 11 de abril de 1818 levantó una fortaleza que  sofocaría  el avance de las huestes indígenas que asolaban la región.


Con el tiempo ese fortín se transformaría  en la actual ciudad de Bahía Blanca.


En plena guerra civil,  el 22 de febrero de 1829, Lavalle lo nombró Comandante general  y actuó contra los partidarios de Rosas, que ya luchaban desde diversos frentes políticos para que la imagen de los unitarios lucieran cada vez más desprestigiados.


Estomba, como consecuencia de tantos encierros y batallas, iba cayendo en la demencia en forma progresiva y contundente.


Sus soldados fueron los primeros en  notar que el valiente jefe  de otros tiempos daba órdenes contradictorias. Los hacía avanzar y retroceder, desorganizando las posiciones y las filas y  utilizando argumentos irracionales, hasta que los mismos subalternos con la anuencia de sus superiores,  lo trasladaron al Hospital General de Buenos Aires.


Murió casi enseguida, el 1° de junio de 1829.


Los restos de este bravo y meritorio servidor de la Patria descansan en el Cementerio de la Recoleta.

 

Bibliografía:
Cutolo, Vicente Osvaldo: Nuevo diccionario biográfico argentino. Tomo I al VII. Buenos Aires. Elche. 1985.
Balmaceda Daniel. Espadas y corazones. Edit. Marea. Buenos Aires 2004. Pág.148 y sig.

Estomba. Calle. Topografía:
Corre  de E. a O. desde 3800 hasta 4200, a la altura de Martín Fierro 100.
Se le impuso ese nombre por D. 24341 del año 1960.
Recuerda al valiente jefe del Ejército argentino, Juan Ramón Estomba (1792 – 1829)