ESTACION ANTÁRTIDA ARGENTINA

La observación de las viejas estaciones de nuestra ciudad puede convertirse en una interesante actividad auxiliar en el estudio de la historia ferroviaria; aparte de considerárselas testigos irreverentes de un tiempo pasado.


Es increíble en algunas, su estado de pureza si se tiene en cuenta su antigüedad de más de cien años y su escaso mantenimiento.


Las más grandes como Rosario Norte; la Belgrano situada en 27 de Febrero y Juan Manuel de Rosas que tomó el nombre de la Compañía que administraba y la Rosario Oeste más modesta en un principio fue un apeadero donde se detenían los trenes locales del Ferrocarril Central Córdoba, está ubicada entre las calles Mendoza y Montevideo y que corre paralela a la calle Paraná.


La Rosario Norte perdió su funcionalidad al convertirse en una dependencia del Estado Municipal.


En la geografía de nuestra ciudad se destacan otras de menor envergadura, la de Nuevo Alberdi, la cual tenía como cabecera del parque Urquiza y que pertenecía al Ferrocarril Oeste Santafesino, cuyo creador y dueño fuera don Carlos Casado del Alisal , fundador también del actual Nuevo Banco Provincia de Santa Fe.


Otra suburbana es la de Fisherton levantada en 1890 por el Ferrocarril Central Argentino, el ferrocarril más amplio por entonces, de la ciudad.


Primitivamente se llamó “Estación Fisherton”, y en 1948 su nombre fue cambiada por “Antártica Argentina”, en el oeste de la ciudad, más precisamente en el Bv. Morrison 8197, casi calle Wilde.


La estación era una parada intermedia de la línea que comenzaba en la Estación Rosario Central.


El viaje entre la estación terminal hasta Fisherton demandaba 15 minutos (un viaje similar en ómnibus actualmente requiere 45 minutos).


Luego de abandonar  Fisherton, en la periferia del área urbana de Rosario, la línea seguía hacia el oeste con destino a la ciudad de Córdoba.
En el período 1935–1940, inmediatamente después de la “época dorada” de los ferrocarriles argentinos, por esta estación pasaban 100.000 pasajeros por año.


El ferrocarril y la estación, repito  originalmente llamada Estación Fisherton, fue construida por la compañía Ferrocarril Central Argentino con capitales británicos, en la década de 1890.

Historia
En 1888 el Ferrocarril Central Argentino adoptó dos medidas concomitantes e importantes para el futuro nacimiento y desarrollo del barrio Fisherton.


La primera es el tendido de una doble vía entre la estación terminal Rosario Central y la estación Tortugas, para poder encauzar más cómodamente el creciente tráfico de trenes. La segunda y fundamental medida es la construcción de una estación intermedia entre las de Ludueña y Funes, para que sirviera de retén de convoyes cuando el tráfico ferroviario hacia el puerto fuera (especialmente en época de cosecha) de gran intensidad.


En 1890 la estación Fisherton aparece ya en planillas de horarios y frecuencias de trenes de pasajeros. De a poco y en especial a partir de 1909 cuando se urbanice con método residencial la zona en torno a la estación, el poblamiento tendrá una impronta de empleados jerárquicos y funcionarios de origen anglosajón, del Ferrocarril Central Argentino que con sus familias allí se irán estableciendo, algunos en casas de fin de semana, otros en forma permanente.


En 1918 la estación sería  el lugar donde finalizaba la línea 14 Bis de tranvías (denominada en los años 30 como línea 17).
En 1948 el gobierno de Juan Domingo Perón nacionalizó la red de ferrocarriles, fusionando varias líneas. La estación cambió su nombre a Estación Antártida Argentina, y quedó bajo el control del Ferrocarril General Bartolomé Mitre.


En 1977 se eliminó la mayoría de los servicios de trenes de pasajeros del país, clausurándose esta estación.  Así, el edificio quedó abandonado.
 La misma se restauró en la década de 1990, con modificaciones que fueron criticadas, por ejemplo la remoción de una capa de ladrillos protectora, que podría reducir drásticamente la vida útil del edificio.


A pesar de que en 1998 fue totalmente reacondicionada para realizar actividades culturales y de promoción comunitaria, hoy conserva su estructura exterior de ladrillos expuesto con argamasa al ras, de una consistencia que no se repetirá.


El edificio exhibe techo de tejas deprimidas entre las paredes laterales, lo que acentúa su baja estatura.


La altura de las paredes laterales se sostiene con un aro con clave y una viga ubicada a media altura, las que distribuyen el peso en cuatro columnas que recorren la mitad inferior y concluyen en una base reforzada. Este conjunto implica nervaduras de apropiado efecto decorativo.


Toda esta descripción arquitectónica responde a antes de 1998, cuando fue totalmente reacondicionada para realizar actividades culturales y de promoción comunitaria.


Desde 2007, el edificio funciona como centro cultural vecinal.

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Bibliografía:
Reatti Atilio en artículo del diario La Capital, 16 de setiembre de 1995:”Situación de las principales estaciones ferroviarias de Rosario.”
Estación Antártida Argentina. Topografía:
Altura de Av. Morrison 8100.

 

NOTA CURIOSA PARA NUESTRA CIUDAD:


El barrio donde está emplazada la estación Antártida Argentina se denomina  Fishertown, argentinización de “pueblo de Fisher”. Pasaron los años y la gente sigue identificándolo con ese nombre.


¿Quién fue Fisher? Mister Henry Fisher como ingeniero y director financiero y jurídico de la Empresa Ferroviaria Central Argentino, dispuso la venta en remate de 64 manzanas aledañas a las vías.


El vecindario, que originalmente fue construido para alojar a los trabajadores de la compañía ferroviaria, creciendo alrededor de la estación.


Al respecto repetiré una información expuesta por historiadores consagrados:


Resulta que en pleno centro rosarino estaba  la laguna de Sánchez ubicada en los solares que ocupan hoy la Plaza Sarmiento., se encontraba el espejo de agua que se rellenó en 1891.


El primer documento gráfico conocido por su extensión, es el croquis de Rosario atribuido al arquitecto estadounidense Timoteo Guillón, confeccionado en 1853 y que presumiblemente sirviera de base al coronel Estanislao  Zeballos para establecer la primera nomenclatura de las calles de la ciudad.


La laguna de Sánchez ubicada entre las actuales calle Córdoba por el Norte, hasta 3 de Febrero por el Sur y desde calle Mitre por el Este, hasta las inmediaciones de la calle Paraguay por el Oeste.


La laguna como basural: Muchos años pasaron para sanear y eliminar la infectada laguna de Sánchez del centro rosarino.


 Prácticamente ocupaba siete manzanas y sobresalían chañares y plantas acuáticas que formaban pequeñas islas en su interior. En sus márgenes se formaban basurales debido a la actitud antisocial de ciertos vecinos, donde aparecían hasta caballos muertos.


Durante uno de los brotes de cólera que azotó la ciudad entre 1865 y 1870 surgió la idea de abrir un canal que llevara sus aguas más lejos, aproximadamente hacia calle Italia, en aquellos años campo abierto.


Hacia 1874 en la laguna todo era maloliente y pútrido. La amplia zona era aprovechada por desaprensivos carreros para descargar en ella verdaderas montañas de estiércol que provenía de los corrales y caballerizas, y con los calores del verano, los olores que de allí surgían eran verdaderamente insoportables.


Hasta que un día de 1890, el jefe de la Municipalidad le propuso a Mister Fisher romper el paredón del Ferrocarril en forma de semi círculo, por la actual calle Wheelrigt y Paraguay  donde terminaría  el canal  que condujera las aguas pestilentes de la laguna al río Paraná.


Se sacó la tierra de las calles, respetando las veredas y de esa forma se produjo el saneamiento de ese foco de infección.


Pero esa obra tuvo su precio, no en dinero sino que la Municipalidad cedió terrenos a Fisher, alejados del centro.
En torno a esa estación se fueron estableciendo los primeros pobladores.


A principios del siglo XIX nuevos planes de urbanización dieron al barrio su diseño definitivo.


Tres calles de amplias veredas parquizadas, contiguas y paralelas hacia el norte de la vía férrea tejieron con sus transversales, la trama donde en amplios solares se fueron edificando las mansiones del personal jerárquico de la empresa ferroviaria.


El nombre de esas calles: Mórrison, Boulevard Ferrocarril Central Argentino (actualmente acotado a Boulevard Argentino) y Brassey, remiten sin dudas a la empresa ferroviaria, al igual que el nombre por el que será conocido el barrio: Fisherton, evocando al Ingeniero Henry Fisher.

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