EL MANGRULLO

Durante el siglo  XIX, que es tiempo que más se tiene noticias de los indígenas que ocuparon la Patagonia, desde las llanuras cercanas a Buenos Aires –Rosario –San Luis hacia el sur, se sabe  que vivían del pillaje.


Desde luego, las invasiones y malones les resultaban bárbaras empujados  por la necesidad y la hambruna, aún en los momentos de tranquilidad, forzada o espontánea,cansados de  buscar y rebuscar lo poco o nada que pudieran ofrecerle unos campos pelados, en los que ellos jamás trazaron un surco.


Las expediciones de los blancos se  sucedieron  a menudo, pero resultaban ineficaces  al poco tiempo  de realizadas.


En cuanto a los indios apenas los azuzaba el hambre, asaltaban   poblaciones y fortines  arreando  el ganado vacuno y caballar,  y particularmente las yeguas; después  de matar a los hombres y hacer cautivas a las mujeres, e incendiando  muchas veces las viviendas.


El indio, que maltrataba al caballo  igual que al blanco, tampoco usaba las yeguas  para el trabajo o los viajes. Se las comían, asegurando que su carne era lo mejor que podía asegurarse, cruda o semicocida y se bebía su sangre, líquida en cuajada, en guisos y sopas negras, porque deducía que daba fuerzas.


Aparte otra motivación para atacar era  la necesidad de mujeres blancas  dándoles les fuertes empujones de absoluta temeridad, la derrota era la muerte, mientras  el triunfo era el hartazgo: alcohol, tabaco, caballos y mujeres.


Una noticia,  entre tantas que publicaban los diarios de la Capital informaba: “Vecinos de Tres  Arroyos pelearon allí a fuego limpio, pero la chusma disparó con las yeguadas”.
No obstante, se reanudó el combate un poco más lejos, “a facón, bola, lanza y sable”.


Los paisanos rescataron los animales.”Las fuerzas de línea dirían: lo único que se sabe es que los invasores  caminan más ligero a pie que en sus pobres mancarrones”. Diario, La Prensa, 30 de marzo de 1878.


Un fortín, tal como lo señala el diminutivo, era  un tipo de fuerte pequeño.


En nuestra tierra, fueron el principal punto estratégico de batalla en la Conquista del Desierto, para esto se construían líneas de fortines que avanzaban dentro del " desierto ",

ocasionalmente esas líneas retrocedían ante los contraataques de los pueblos aborígenes.


En tales fronteras bastante móviles los fortines solían estar entre sí unas pocas "leguas" (frecuentemente unos 10 kilómetros o – según la medición tradicional de la legua en Argentina – "un par de leguas"), las dos principales líneas de fortines se encontraban una al sur, en la región pampeana y el Cuyo, otra al norte, en la región chaqueña.


Hacia finales de los 1880 la función de los fortines en la "lucha contra el indio" (tal era la frase más suave que se usaba) se volvió obsoleta.

 

Aunque no parece haber existido nunca un modelo único para todos los fortines, estos solían estar construidos del siguiente modo: emplazados sobre el terreno más elevado, una rústica empalizada de troncos dispuestos verticalmente ("palo a pique") era con frecuencia el único "muro" perimetral, muro de planta rectangular que rodeaba a un recinto de unos 100 a 500 metros.


En el interior del recinto se ubicaban ranchos que hacían las veces de cuadras y barracas, tales ranchos generalmente eran la vivienda de la oficialidad o del comandante fortinero, la barraca de las tropas, un arsenal, una rudimentaria prisión o celda, un depósito de alimentos, un establo, más raramente existían una capilla, una enfermería e incluso una pulpería.


Dentro del recinto se ubicaba un corral para la caballada y el mangrullo  torre rústica de madera sólida, de no más de 10 metros de altura,  torre de vigía confeccionada casi siempre con leños y recubierta en ocasiones por un techado de "sacate" , un pequeño cañón era usado con la pretensión de infundir temor a los posibles atacantes aunque la más de las veces se utilizaban sus salvas a modo de "telégrafo" para dar señales a otros fortines, cuando se aproximaba el malón.


 El muro perimetral, si el suelo lo permitía, estaba por su parte circundado de un foso lo más ancho y profundo posible como para detener o dificultar la acometida de fuerzas a caballo.
Muchos fortines originaron luego ciudades, por ejemplo Tandil, Bahía Blanca, Villa Mercedes, San Rafael, Morteros, Chascomús (Fuerte San Juan Bautista de Chascomús), San Antonio de Areco (fortín de Areco), Salto, Rojas, Lobos, Navarro, Monte, Ranchos, Chos Malal, Río Cuarto, Banderaló, General Daniel Cerri, etc.

 

Bibliografía:

González Arrili  Bernardo:”La conquista del desierto” en Historia Argentina.Tomo VIII.Pág.2813 hasta 2855.

 

El Mangrullo.Pasaje. Topografía:

Corre de N. a S. desde Nuestra Señora del Rosario hasta el Arroyo Saladillo.

Se le impuso ese nombre por O. 86 del año 1940.

Recuerda a la torre rústica edificada dentro de los fortines para vigilar las proximidades de los malones indígenas.