EINSTEIN ALBERTO (1879-1955)

El 6 de noviembre de 1899, dos meses antes de que comenzara el siglo de los inventos y descubrimientos, como el átomo, los genes, los viajes aéreos, las misiones espaciales, la televisión, el automóvil, el plástico, los trasplantes y los antibióticos; pero también de Hiroshima, la contaminación ambiental y el SIDA, que estaba por empezar, Sigmund Freud y Albert Einstein publicaban sus dos grandes descubrimientos.


El primero publicaba la Piedra Basal de lo que sería el Psicoanálisis: “La interpretación de los sueños”, mientras un año más tarde, el joven veinteañero y de pelo largo, Alberto Einstein, recién graduado en el Instituto Politécnico de Zúrich, enviaba su primer ensayo al mensuario ultra académico de Física: “Annalen der Physik”.


Dichas obras  iluminaban las vastedades del cosmos y la otra al mismo tiempo de Sigmund Freud, que escudriñaría los más íntimos escondrijos de la mente.


Einstein en el primer trabajo, explicaba el movimiento desordenado de partículas suspendidas en un fluido (movimiento browniano), en el segundo, trataba el efecto fotoeléctrico, cómo se irradiaba la luz. Y en el tercero describía la teoría de la relatividad especial.


La idea central de la teoría de la relatividad era absolutamente revolucionaria para la época, pues  afirmaba que las leyes de la ciencia debían ser las mismas para todos los observadores, independientemente de su marco de referencia.


En ella se establecía que el tiempo no está enteramente separado del espacio, sino que se combina con él para formar un objeto llamado espacio-tiempo.


Las consecuencias que se desprendían de aquellos postulados aparentemente tan sencillos son fantásticos.


Por ejemplo, a partir de las ecuaciones relativistas se llegó a la conclusión de que, cuando más se aproxima la velocidad de un objeto al de la luz, su volumen disminuye, su masa aumenta y el tiempo es más lento. A la velocidad de la luz, un objeto un objeto tendría un peso cero, una masa infinita y el tiempo no existiría.


Por lo tanto en el universo, tal como lo conocemos, ningún objeto puede igualar o sobrepasar la velocidad de la luz.


Desde ese momento, Einstein se convirtió, después de Newton, en el más importante y conocido científico de la historia.


En 1921 se le concedió el Premio Nobel de Física, tras lo cual continuó sus investigaciones en el campo de la gravitación y la electrodinámica, para llegar a formular una teoría unitaria de la materia.


En 1933, con la llegada de Hitler al poder, fue excluido de la presidencia del Instituto Alemán de Física y Química, y al año siguiente se lo privó de la nacionalidad alemana.


En 1936 obtuvo la ciudadanía de los Estados unidos y se instaló en ese país donde permaneció hasta su muerte.


Allí desarrolló sus posteriores investigaciones, al tiempo que ejercía como docente en la Universidad de Princeton.


 Los horrores de la Segunda Guerra Mundial, así como su contribución indirecta a la fabricación de la bomba atómica, le hicieron tomar posturas decididamente pacifistas y humanitarias, que intentó propagar a través de los distintos países.


Einstein murió en Princetown el 18 de abril de 1955, ya convertido en una figura mítica.


Finalmente, habría logrado contestar las preguntas que todos lo acosaban y que él respondía: “El eterno misterio del mundo radica en su inteligibilidad… El hecho que sea comprensible es un milagro”.


Cabe destacar su cerebro fue donado a la ciencia, de esta manera, siguió siendo partícipe de las investigaciones de la misma, aun después de su fallecimiento.

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Bibliografía:
Agramonte Cortijo, Francisco: "Diccionario cronológico biográfico universal". Madrid, 1952.
Universitas: "Enciclopedia Cultural." Salvat Editores. Barcelona, 1959.

Einstein. Calle. Topografía:
Corre de E. a O. desde 3400 al 3799; desde 6800 al 7399, a la altura de Perú 300 Bis, Colombia 300 Bis, paralela a Provincias Unidas al 300.
Se el impuso ese nombre por Decr. N°4669 del año 1977.
Recuerda a A. Enstein (1879 - 1955), autor de la teoría de la relatividad.

 

NOTA CURIOSA PARA NUESTRA CIUDAD:

Por la Estación de Trenes Rosario Norte pasaron (y sigue pasando) infinidad de personas y personajes. La mayoría de ellos anónimos; pero en muchas ocasiones sus andenes recibieron a personalidades de la política, el espectáculo, el deporte, las artes y las ciencias. Y precisamente en el área de las ciencias es donde se destacó Albert Einstein, quien en 1925 hizo su fugaz paso por Barrio Pichincha.


Concretamente, el 14 de abril de 1925, un convoy ferroviario proveniente de Córdoba, se detiene en la Estación de Trenes Rosario Norte. Se trata de una formación “privada” o “exclusiva”, puesto a su disposición por el Ministerio de Obras y Servicios Públicos del por entonces presidente Marcelo Alvear y acompañado por una comitiva compuesta por varios profesores de la Universidad de Buenos Aires.


El físico alemán Albert Einstein desciende del vagón. En el andén una comitiva de damas y caballeros encabezada por el entonces “presidente del Centro Sionista, señor Manuel Wachs (recordemos que Einstein era judío) le da la bienvenida”. Entre ellos se encuentra Teodoro Fracassi, célebre médico psiquiatra de la ciudad quien en años posteriores fuera Decano de la Facultad de Medicina de la UNR y fundador de la cátedra de Neurocirugía y quien hablaba el idioma alemán fluidamente.

Cuenta el Diario La Capital 2 que la parada se da en medio de ciclo de conferencias que Einstein venía dando por todo el país. “El ilustre viajero se mostró gratamente sorprendido por los agasajos, departiendo amable y cordialmente con sus connacionales. En nombre de las damas israelitas hizo entrega la señorita Teodora Wachs, de un hermoso ramo de flores naturales al profesor Einstein, quien se mostró vivamente conmovido por las atenciones de que se hacía objeto, pidiendo a la vez que transmitiera su más efusivo saludo a la colonia israelita residente en Rosario”, cuenta la crónica.


La Capital del 07 de abril de 20122 replica la noticia. Comenta que en esa época, el diario destinaba la primera plana a avisos clasificados; y de no ser por ese hecho, la noticia hubiese sido digna de portada. Al marcharse la formación, el autor de la Teoría de la Relatividad, se vio obligado a asomarse varias veces por la ventanilla para saluda a la multitud que se amontonó en la Estación ante tamaña visita.


La visita fue rápida. Se concuerda con que no duró más que un par de horas y todo aconteció en la propia estación de Trenes. No obstante, algunos comentarios boca a boca afirman que incluso tuvo oportunidad de pasar por el bar El Riel de Pueyrredon y Aristóbulo del Valle.

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