DORADO

De las leyendas originadas en la conquista de América, una de las más sugestivas fue la del Dorado, conocida también como ciudad de los Césares o Trapalandia: un imperio de oro y plata y de lujuria e inmortalidad que se escondía en algún lugar de Sudamérica.


En la frontera entre los hechos reales y la fantasía, brillaba  con singular fulgor la figura de un cacique tan rico que todos los días  e n una balsa cargada de ofrendas, revestía su cuerpo con oro, bañándose después en un lago para quitárselo...


En realidad esa fantasía se detenía su fundamento en  la ceremonia de entronización de los jefes entre los indios chibchas, cuando un  nuevo cacique arribaba al trono y  debía  consagrarse  al Sol, lo desnudaban, untaban su cuerpo con resina o barro y lo espolvoreaban con un fino polvillo de oro.


Así engalanado, subía a una balsa cargada de ofrendas preciosas que arrojaban a las aguas, en el centro del lago Guatavita, donde  después el cacique  entronizado se lavaba en las aguas, para entregar a los dioses el oro que lo cubría.


El sortilegio del oro y la presunción de que era fácil obtenerlo, encandilaban a quienes oían las noticias  que cruzaban del Nuevo al Viejo Mundo.


Aunque  algunos expedicionarios tuvieron la suerte la suerte de encontrar culturas, como serían dos más grandes imperios  de la América precolombina: el azteca y el inca d las cuales no dudaron de saquearlas.


El hispánico fundador de Quito, Guayaquil  (en Ecuador), Popayán y Cali (en Colombia) cambió su nombre Moyano, para adoptar el nombre de la villa de Extremadura donde había nacido. Pese a ser analfabeto  a los doce años vino a probar fortuna en tierras americanas, donde acumuló considerable prestigio.

Fascinado, después de haber escuchado la historia que corría acerca de los muiscas o chibchas, que habitaban las altas tierras de la cordillera oriental de Colombia, exclamó: “¡Vamos a buscar  a ese príncipe dorado!” Y marchó hasta la meseta de Cundinamrca, Colombia.


En 1539 se encontró, con otras dos expediciones: la de Gonzalo Jiménez de Quesada, fundador de Santa Fe de Bogotá, y la del alemán Nicolás de Federmann, expedicionarios que habían coincidido en llegar al mismo punto, sin saber nada los unos de los otros.


Se cree que el único que pudo cargar, con anterioridad  al choque de los tres, un poderoso botín sería Gonzalo de Quesada, aunque se atribuye que ese oro pudo ser una carga perdida del saqueo de Pizarro.


En nuestra geografía su búsqueda comenzó en 1529, cuando Francisco de César, un soldado de la expedición de Sebastián Gaboto, partió con 14 hombres sin llevar mapa ni guía y ni instrumento alguno para determinar su latitud. Fue de aldea en aldea preguntando por señas  a los indígenas, por un rey blanco que vivía en una ciudad de fabulosas riquezas.


Los naturales señalaban vagamente un punto cardinal cualquiera, que César seguía para cambiarlo al siguiente día,  cuando el próximo indio le señalara la dirección opuesta. Así en su afán por llegar a esa fabulosa ciudad pletórica de oro y plata realizaron vanos esfuerzos colosales.


Algunos buscadores de oro situaron la ambicionada ciudad en la meseta patagónica e incluso en el estrecho de Magallanes y desde el mismo a  Santiago del Estero  y  quienes la buscaban  eran españoles descubridores, algunos prófugos,  indios gigantones y piratas ingleses.


Otros  conquistadores, exploradores y aventureros  descubrieron recovecos insospechados de una geografía formidable y bebieron un sorbo de gloria. Otros no hallaron más que penurias, muerte y olvido.


Los césares más australes serían los presuntos sobrevivientes de la expedición de Sarmiento de Gamboa que intentó colonizar el estrecho.


La Antonio Brailosky, autor de la novela “Esta maldita lujuria” enuncia: “La ciudad que buscaban y el rey dorado, rebosados de oro y plata nunca existieron. 
Esa búsqueda duró casi tres siglos”, pero solo  fue una suma de la ambición y la fantasía de los españoles.

 


Bibliografía:


La expuesta en el texto.


Levene Ricardo: Historia de América. Volumen I y II.


Francisco De Aparicio: Historia de América. Volumen II. Pág. 221 y sig.

Luchilo  Lucas, Romano Silvia y Gustavo Paz en “Historia Argentina hasta 1810”. Editorial Santillana. Año 2000.


Serrera Ramón: La América de los Hasburgos (1517 – 1700). Universidad de Sevilla,2011.

 


Dorado. Pasaje. Topografía:


Corre de E. a O. a la altura  de Bv. Oroño 3000.


Carece de designación oficial.

Recuerda la ambición y la fantasía de los españoles que vinieron a América durante los siglos XIV y XV en busca de oro.