DEMIDDI ALBERTO (1944 – 2000)

Expresa Roberto Parodi en el artículo “Todo a pulmón”: “El verano rosarino es impiadoso  en aquellos años de principios de los 70. El vecino de barrio Alberdi maldice  el momento en que decide cortar el césped, por la calle José Hernández, la última  asfaltada más próxima hacia el río Paraná, aparece una urda de aspecto extraño.


Llama la atención su vestimenta  impropia para un día infernal. El buzo cerrado  hasta el cuello y la capucha  que le tapa la cabeza.
Se acerca al trote y de a poco, el vecino parece reconocer ese rostro sudoroso y cansado. Hasta que distingue  a Alberto Demiddi. Concentrado el mejor remero que surgió de estas tierras, sigue su paso, indiferente de lo que ocurre a su alrededor.


El calor es extenuante, pero no piensa en detener su marcha. Obsesivo y esforzado, sabe que debe sacrificarse al máximo  para llegar más lejos. Sus pies no se detienen, aunque el sol no perdona.


Al ocasional observador le cuesta entender cómo puede llegar un hombre a entregarse tanto. Se pregunta si vale la pena. No es capaz de comprender cuáles son las ambiciones que movilizan a Demiddi.
No entiende que el remo es su vida. Vive por él y para él. Lo respira, lo imagina. Lo piensa”.  


Fue el remero más ganador de la historia. Nació en Rosario en 1944 y representó al Club de Regatas de su ciudad natal.


Su especialidad era de remos cortos y a lo largo de su carrera deportiva fue campeón mundial y campeón europeo.


Obtuvo el primer en la mítica regata Haley. Participó en 3 finales olímpicas en 1964, 1968 y 1972, obteniendo medalla de bronce en México y de plata en Munich.
 Más después de tantos campeonatos triunfales, nuestro deportista, enfermó de depresión, manifiesta en su forma de ser.


Ningún resultado lo conformaba. Siempre existía otra meta  por alcanzar. Ni medallas ni podios le eran suficientes son suficientes. Tampoco  le bastaban los elogios.
Por eso se mostró siempre molesto y hosco con la presencia periodística, no por altivo sino por exigente.


Por problemas físicos y el bote en mal estado salió lo mismo a torear en pista olímpica, siendo derrotado en Rusia.


Demiddi perseguía un objetivo con tanta ambición que a veces incomprensible e intransigente.


Tampoco lo ayudaba mucho su forma de ser. Era huraño, pero sabía reconocer los errores.


En el Mundial de Saint Catherine quiso usar un bote que le regalaron y terminó cediendo a los consejos del entrenador Mario Robert de correr con la embarcación que utilizaba habitualmente.


Apenas conquistó el título mundial, en reconocimiento al acierto de su maestro le arrojó la medalla dorada y con humildad le dijo: “Es suya”.


En 1973 tomó la decisión de retirarse y la despedida fue en el Luna Park con bombos y platillos.


Su historia continuará, conquistará todo, pero interiormente los Juegos Olímpicos fueron su gran frustración que, propio de su personalidad, nunca terminó de asimilar.


Pero nadie discutirá jamás su inolvidable entereza, sinónimo de esfuerzo sin límites en pos de las metas, fue el mejor remero que haya dado a luz  la Argentina.

 


Bibliografia:

Parodi Rodolfo: Demiddi Alberto. Todo a pulmón. Revista Diario La Capital 1867 – 2007.

 

Demiddi. Calle. Topografía:

Corre de SO – NE a la altura de Nansen 00. Parque Alem.

Carece de designación oficial.

Recuerda al remero rosarino talentoso, tenaz de gran decencia e integridad deportiva.