DELMIRA AGUSTINI MURTFELDT (1886-1914)

Delmira Agostini cuando siempre demostró una calma emocional por demás pacífica, pero su mundo interior era inesperado, incontenible, impensable, irracional, imparable, inigualable, instintivo y muchas veces, irreflexivo  para su entorno y la época en que le  tocó vivir, volcando  esas  emociones y sentimientos tan impetuosos  en los versos que componía.


Su desenfado
En ellos el alma de la poetisa podía expresarse sin trabas y  sus palabras alcanzaban una dimensión auténtica, aunque provocase  el desconcierto de sus contemporáneos.

5 poemas de Delmira Agustini - Zenda
Sus poemas excelsos fueron “Explosión íntima”, “Lo inefable”, “Visión”, “Otra estirpe” y “Plegaria”.


Con la publicación de “Los cálices vacíos”, en 1913, el escándalo fue mayor, puesto que no se entendía que la mujer fuera el sujeto de deseo y de placeres sexuales en la relación de pareja.


Delmira nació en Montevideo, Uruguay, ​ el 24 de octubre de 1886 en una familia burguesa, hija de Santiago Agustini, de origen corso, y de María Murtfeldt, descendiente de alemanes.


​ Recibió  una educación  esmerada en el propio hogar, donde recibió clases de francés, música y pintura, a cargo de maestros particulares, pero a pesar  de tal formación intelectual  fue una niña introvertida, debido a que su madre tenía una personalidad autoritaria y absorbente.


  La joven poeta ante  su familia tenía un carácter eminentemente dócil, pero paralelamente  guardaría  casi en secreto su verdadera vocación de poeta, componiendo versos de un erotismo encendido, triunfal y agónico,  tan prohibido para su tiempo de vida. 


Tenía dieciséis años cuando aparecieron publicados sus poemas y relatos en conocidas revistas de entonces: Rojo y Blanco y La Pètite Révue; también en Apolo (revista de arte y sociología, dirigida por Manuel Pérez y Curis).​


Por esos  años también escribió   en las columnas de La Alborada,  colaborando en una sección titulada “La legión etérea” firmando con el seudónimo de Joujou.


​Rápidamente se convirtió en un personaje de la vida cultural, siempre acompañada por su madre.


Publicó, en 1907, su primera obra: El libro blanco y, en 1910, Cantos de la mañana.


En 1912, Rubén Darío, el creador del Modernismo, llegó a Montevideo y fue a visitarla con el  propósito de manifestestarle su reconocimiento.


​Más tarde, prologó su libro Los cálices vacíos con la siguientes palabras: “De todas las mujeres que hoy escriben en verso ninguna ha impresionado mi ánimo como Delmira Agustini... es la primera vez que en lengua castellana aparece un alma femenina en el orgullo de su inocencia y de su amor, a no ser Santa Teresa en su exaltación... si esta niña bella continúa en la lírica revelación de su espíritu como hasta ahora, va a asombrar a nuestro mundo de habla española... pues por ser muy mujer dice cosas exquisitas que nunca se han dicho”.


Delmira se casó con Enrique Job Reyes, un joven comerciante, el 14 de agosto de 1913 y, cincuenta y tres días después, volvió a la casa de sus padres.


​ Por ese tiempo empezó a cartearse con el escritor argentino Manuel Ugarte, al que solía ver en Montevideo.


​ En pleno proceso de divorcio, visitó a su marido varias veces. Este achacaba la causa de la ruptura, a su madre, la influencia que María Murtfeldt ejercía sobre ella.


 El fallo de la disolución del matrimonio fue el 5 de junio de 1914. La tarde del 6 de julio, él la citó en una habitación alquilada,  y allí le disparó dos veces en la cabeza,  suicidándose después.


​Esta muerte violenta, enmarcada en lo que  hoy llamamos femicidio, fue de gran trascendencia mediática presentando la prensa a ambos como víctimas de un amor irracional.


​Según el testimonio de algunos amigos, el cuarto de  su marido estaba repleto de recuerdos y fotografías de la poetisa.​
 Su producción revistaba  una fuerte carga erótica, sus poemas siguen la línea modernista y están llenos de feminismo, simbolismo, sensualidad y sexo.


En sus primeros poemas su erotismo se desarrolla con imágenes de cisnes y lagos, flores de loto y jardines perfumados en los que brilla el mármol. Pero su poesía evolucionando cantó al amor de una manera más auténtica, transformando el discurso modernista con imágenes atrevidas y poco convencionales.


​ Dio una nueva visión del lenguaje erótico concebido por una mujer.


Aunque fue reconocido su talento, la fuerte carga erótica de su poesía hizo que la crítica pusiera más énfasis en su belleza y su aura etérea.


Así nació el “mito Delmira”, con un valor ambivalente: por un lado, estaba la «niña virginal» y, por el otro, la «pitonisa de Eros». Con ello se ponía énfasis en su escritura producto del instinto.

 

Bibliografía:
Alvar, Manuel, La poesía de Delmira Agustini, Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla, 1958.
Álvarez Rodríguez, Mario, Delmira Agustini, Montevideo, Arca, 1979.
Barreiro de Armstrong, María Elena de, Puente de luz: eros, eje de la estructura pendular en «Los cálices vacíos» de Delmira Agustini, Kassel, Reichenberger, 1998.


Delmira Agustini. Calle. Topografía:
Corre de N. a S. entre camino Sur a Funes y pasaje unión al 2600
Se le impuso este nombre por  O. 10.237 del año 2021
Recuerda Poetisa uruguaya. Entre sus bellas obras están: "El libro blanco", "El rosario de Eros", "Los cálices vacíos", "Correspondencia sexual" y otras.